"Venid y seguidme. Os haré
pescadores de hombres"
Eran pescadores cuando se acercaron a Él y se volvieron pescadores de hombres, conforme a la Escritura: "He aquí que yo envío muchos pescadores y los pescarán y después enviaré muchos cazadores y los cazarán por todo monte y por toda colina" (Jr 16,16). Si hubiera mandado unos sabios, hubieran podido decir que habían persuadido al pueblo para ganarse su confianza o que lo habían engañado para tenerlo sometido. Si hubiera mandado unos ricos, hubieran podido decir que habían atraído al pueblo dándole de comer o que lo habían corrompido con dinero para así dominarlo. Y si hubiera mandado unos potentes, hubieran podido decir que los habían seducido o forzado con violencia.
Pero muy diferentes eran los apóstolos. El Señor lo deja ver con el caso de Simón Pedro. A él le faltaba ánimo y le asustaron las palabras de una sirvienta; era pobre ya que ni siquiera tenía dinero para pagar su parte del impuesto (Mt 17,24 s). "No tengo oro, dijo, ni tengo dinero" (He 3,6). Por fin no era culto, pues cuando renegó del Señor, no se le ocurrió nada para salirse del apuro.
Se fueron, pues, aquellos pescadores y triunfaron sobre los potentes, los ricos y los sabios. Fue un milagro, A pesar de ser débiles, convencieron sin violencia a los potentes; a pesar de ser pobres enseñaron a los ricos; a pesar de ser ignorantes, hicieron que los sabios y los prudentes se convirtieran en discípulos. La sabiduría del mundo cedió el sitio a aquella sabiduría que es, de por sí, la sabiduría de las sabidurías.
Fuente: San Efrén (c. 306-373), Diácono en Siria, doctor de la Iglesia
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