domingo, 14 de junio de 2026

Comentario lectura evangelio 15/06/26

No hagáis frente al que os agravia

El Evangelio según san Mateo (5, 38-42) presenta el cambio de conducta que para la humanidad pide la ley de la gracia. En realidad, esclarece la demanda que es inherente a la condición de cada hombre, pero existe siempre el peligro de obcecarse y colocarse de espalda a las exigencias más nobles trazadas por Dios en cada ser humano.

Todos nacemos con la herida del pecado original, pero existe la medicina del bautismo, que entraña obediencia a Dios hasta compartir la muerte de Cristo, y confianza plena en su poder hasta entrar en el misterio de la resurrección.

Cuanto debe seguir al bautismo es como una peregrinación por la senda de Cristo, que no buscó su propio interés, sino el nuestro y el de todos los humanos. La gracia bautismal impulsa también a buscar el bien de los demás, que no se logra con revancha de ninguna clase, sino con la grandeza del perdón y la magnanimidad sin regateos.

Al que quiera pleitear para arrebatarte la túnica dale también el manto. Como predicaba a estudiantes de las universidades romanas un domingo de Pentecostés san Pablo VI: «El cristianismo no es fácil, pero es feliz», «Il cristianesimo nos è facile, ma felice», le oímos decir aquel día.

Fuente: Fray Vito T. Gómez García O.P., Convento de Ntro. Padre Sto. Domingo (Torrente, Valencia)

sábado, 13 de junio de 2026

Comentario lectura evangelio 14/06/26

La mies es abundante

Todos los trabajos de los agricultores se dirigen, en último término, a la cosecha. ¿Cómo, entonces, llama Cristo cosecha a una obra que todavía estaba en sus inicios? La idolatría reinaba en toda la tierra... Por todas partes fornicación, adulterio, desenfreno, concupiscencia, robos, guerras... La tierra estaba llena de todos estos males. Ninguna simiente había sido sembrada. Los espinos, los cardos y la cizaña cubrían al tierra y no habían sido arrancados todavía. Ningún arado había surcado el terreno.

¿Cómo, pues, puede decir Jesús que la cosecha es abundante? ... Seguramente, los apóstoles quedaron desconcertados y desorientados: “¿Cómo podemos abrir la boca, nosotros, ante tanta gente? Nosotros, los once, como enseñar a todas las gentes de la tierra? ¿Sabremos, nosotros, ignorantes, abordar a los sabios, presentarnos, despojados, ante hombres armados; nosotros, subordinados, encararnos con las autoridades? No sabemos más que una lengua ¿sabremos discutir con pueblos bárbaros que hablan lenguas extranjeras? ¿Quién nos soportará sin entender nuestra lengua?

Jesús no quiere semejantes razonamientos que infunden perplejidad en sus apóstoles. Por esto llama el evangelio una cosecha. Como si dijera: “Todo está preparado, todas las disposiciones están tomadas. Os envío a cosechar el grano maduro; podréis sembrar y recoger el mismo día.” Cuando el agricultor sale de su casa para ir a la mies, desborda de alegría y resplandece de felicidad. No hace caso ni de los trabajos ni de las dificultades que podrá encontrar... “Prestadme vuestra lengua, dice Cristo, y veréis el grano maduro entrar en los graneros del rey.” Y los envía en seguida diciéndoles: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” (Mt 28,20)

Fuente: San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

Celebración de las Confirmaciones de Adultos en Nuestra Parroquia 2026

En la tarde de ayer, 12 de junio, nuestra parroquia vivió una jornada muy especial con la celebración del sacramento de la Confirmación de alrededor de cuarenta adultos, entre feligreses de la comunidad parroquial y miembros de nuestra hermandad.

La ceremonia estuvo presidida por Don Antero Pascual, Vicario Episcopal de Sevilla Zona I, quien acompañó a los confirmandos en este importante paso dentro de su vida cristiana. Junto a él concelebraron nuestro párroco, Don Mario, así como Don Manuel Moreno, vicario parroquial, y Don Manuel Cruz, sacerdote adscrito a nuestra parroquia.

La celebración estuvo marcada por un ambiente de profunda espiritualidad, cercanía y emoción. Los confirmandos, acompañados por familiares, padrinos y miembros de la comunidad, recibieron el don del Espíritu Santo en una ceremonia que destacó por su intensidad y significado. Las palabras dirigidas a los presentes animaron a todos a vivir su fe con compromiso, esperanza y entrega al servicio de la Iglesia.

Durante el acto se respiró un gran sentimiento de unión entre todos los asistentes, reforzando los lazos que hacen de nuestra parroquia una auténtica familia cristiana. Fue una tarde de encuentro, oración y alegría compartida, en la que los nuevos confirmados renovaron públicamente su compromiso con Cristo y con la comunidad eclesial.

Desde nuestra parroquia felicitamos a todos los que recibieron este sacramento y agradecemos la presencia de los sacerdotes que hicieron posible una celebración tan especial y memorable para todos los presentes.




viernes, 12 de junio de 2026

Comentario lectura evangelio 13/06/26

Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

En el Nuevo Testamento vemos que la fe de María, por decirlo así, "atrajo" el don del Espíritu Santo. Ante todo en la concepción del Hijo de Dios, misterio que el mismo arcángel Gabriel explicó así: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra" (Lc 1, 35). (…) El corazón de María, en perfecta sintonía con su Hijo divino, es templo del Espíritu de verdad (Jn 14,17), donde cada palabra y cada acontecimiento son conservados en la fe, en la esperanza y en la caridad.

Así podemos tener la certeza de que el corazón santísimo de Jesús en todo el arco de su vida oculta en Nazaret encontró en el corazón inmaculado de su Madre un "hogar" siempre encendido de oración y de atención constante a la voz del Espíritu. Un testimonio de esta singular sintonía entre la Madre y el Hijo, buscando la voluntad de Dios, es lo que aconteció en las bodas de Caná (Jn 2,1s). En una situación llena de símbolos de la alianza, como es el banquete nupcial, la Virgen Madre intercede y provoca, por decirlo así, un signo de gracia sobreabundante: el "vino bueno" que hace referencia al misterio de la Sangre de Cristo. Esto nos remite directamente al Calvario, donde María está al pie de la cruz junto con las demás mujeres y con el apóstol san Juan. La Madre y el discípulo recogen espiritualmente el testamento de Jesús: sus últimas palabras y su último aliento, en el que comienza a derramar el Espíritu; y recogen el grito silencioso de su Sangre, derramada totalmente por nosotros (cf. Jn 19,25-34). María sabía de dónde venía esa sangre (cf Jn 2,9), pues se había formado en ella por obra del Espíritu Santo, y sabía que ese mismo "poder" creador resucitaría a Jesús, como él mismo había prometido.

Así, la fe de María sostuvo la de los discípulos hasta el encuentro con el Señor resucitado, y siguió acompañándolos incluso después de su Ascensión al cielo, a la espera del "bautismo en el Espíritu Santo" (cf. Hch 1,5). (…) Precisamente por eso María es para todas las generaciones imagen y modelo de la Iglesia, que juntamente con el Espíritu camina en el tiempo invocando la vuelta gloriosa de Cristo: "¡Ven, Señor Jesús!" (cf. Ap 22, 17.20).

Fuente: Benedicto XVI, papa 2005-2013

jueves, 11 de junio de 2026

Comentario lectura evangelio 12/06/26

Hoy, el Señor no nos ofrece una idea, sino su Corazón abierto. Sus palabras: venid, tomad, aprended (cf. Mt 11,28-29); son como tres pasos de una misma experiencia. Primero nos llama, porque sabe que el hombre, cuando se busca a sí mismo lejos de Dios, termina cansado de su propia grandeza imaginada. Luego nos entrega su yugo: no una carga que aplasta, sino un vínculo de amor que ordena la vida. Finalmente nos invita a aprender de Él, manso y humilde, porque sólo la humildad abre la puerta de una vida con sentido y de una verdadera capacidad de amar y servir.

San Agustín lo comprendió admirablemente: si el Altísimo se ha abajado, ¿por qué se hincha el hombre? Quien pretende elevarse sin Cristo acaba rompiéndose por dentro; quien se reduce a la medida del Humilde entra en la verdad. Y la verdad no humilla al hombre destruyéndolo, sino devolviéndole su forma más bella: la de hijo amado (cf. Serm. 70).

El Evangelio nos dice, precisamente, que el Padre revela sus misterios a los pequeños (cf. Mt 11,25). No se entra en el Reino por la autosuficiencia, sino por la pequeñez recuperada del corazón creyente.

Así, el descanso que ofrece Jesús no es evasión ni frialdad ante el dolor del mundo. Es la paz de quien ya no necesita defender su orgullo ni sostenerlo con falsas razones. Es una paz que permite amar, servir, cargar y esperar. El Corazón de Cristo nos introduce en la historia con una libertad nueva, firmes en su amistad y portadores de su paz “desarmada y desarmante”.

Por eso, ir a Cristo, a su Corazón, es camino de libertad y de verdad. Tomar su yugo es caminar unidos a Él. Aprender de su Corazón es aceptar que la grandeza cristiana no consiste en dominar, sino en servir a la comunión y a la paz. Lo resumía bellamente el Santo Padre León XIV: «Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente».

Fuente: Fray Justo DÍAZ Villarreal, (Città del Vaticano, Vaticano)

miércoles, 10 de junio de 2026

Comentario lectura evangelio 11/06/26

Hoy, Jesús nos invita a ir más allá de lo que puede vivir cualquier mero cumplidor de la ley. Aún, sin caer en la concreción de malas acciones, muchas veces la costumbre endurece el deseo de la búsqueda de la santidad, amoldándonos acomodaticiamente a la rutina del comportarse bien, y nada más. San Juan Bosco solía repetir: «Lo bueno, es enemigo de lo óptimo». Allí es donde nos llega la Palabra del Maestro, que nos invita a hacer cosas “mayores” (cf. Mt 5,20), que parten de una actitud distinta. Cosas mayores que, paradójicamente, pasan por las menores, por las más pequeñas. Encolerizarse, menospreciar y renegar del hermano no son adecuadas para el discípulo del Reino, que ha sido llamado a ser —nada más y nada menos— que sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 5,13-16), desde la vigencia de las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12).

Jesús, con autoridad, cambia la interpretación del precepto negativo “No matar” (cf. Ex 20,13) por la interpretación positiva de la profunda y radical exigencia de la reconciliación, puesta —para mayor énfasis— en relación con el culto. Así, no hay ofrenda que sirva cuando «te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti» (Mt 5,23). Por eso, importa arreglar cualquier pleito, porque de lo contrario la invalidez de la ofrenda se volverá contra ti (cf. Mt 5,26).

Todo esto, sólo lo puede movilizar un gran amor. Nos dirá san Pablo: «En efecto, lo de: No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y todos los demás preceptos, se resumen en esta fórmula: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud» (Rom 13,9-10). Pidamos ser renovados en el don de la caridad —hasta el mínimo detalle— para con el prójimo, y nuestra vida será la mejor y más auténtica ofrenda a Dios.

Fuente: P. Julio César RAMOS González SDB, (Mendoza, Argentina)

martes, 9 de junio de 2026

Comentario lectura evangelio 10/06/26

Cristo es el cumplimiento de las Escrituras

«No he venido a abolir, sino a dar plenitud». La fuerza y el poder de estas palabras del Hijo de Dios encierran un profundo misterio.

En efecto, la Ley prescribía unas obras, pero ésta orientaba todas estas obras hacia la fe en las realidades que Cristo manifestaría, porque la enseñanza y la Pasión del Salvador nos revelan el designio grande y misterioso de la voluntad del Padre. La Ley, bajo el velo de las palabras inspiradas, anunció el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, su encarnación, su Pasión, su resurrección; tanto los profetas como los apóstoles nos han enseñado repetidas veces que, desde toda la eternidad, estaba dispuesto que todo el misterio de Cristo sería revelado en nuestro tiempo...

Cristo no quiso que pensáramos que sus mismas obras contenían otra cosa que no fueran las prescripciones de la Ley. Por eso él mismo afirmó: «No he venido a abolir, sino a dar plenitud». El cielo y la tierra... deben desaparecer, pero no desaparecerá ni el más mínimo mandamiento de la Ley porque en Cristo toda la Ley y los profetas encuentran su fin y plenitud. Él mismo en el momento de la Pasión declaró: «Todo se ha cumplido» (Jn 19,30). En aquel momento se confirmaron todas las palabras de los profetas.

Por eso Cristo afirma que ni tan sólo el más pequeño de los mandamientos de Dios puede ser abolido sin ofender a Dios... Nada puede ser más humilde que la cosa más pequeña. Y la más humilde de todas ha sido la Pasión del Señor y su muerte en cruz.

Fuente: San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia