"¡Poneos en camino!”
Inauguramos el mes de las misiones, el mes de octubre, con la celebración de santa Teresita de Lisieux, patrona de las Misiones. Su testimonio de vida es un recordatorio y un aliciente a vivir el Evangelio, con todas sus invitaciones, en el estado de vida y en la vocación concreta en la que Dios nos llama. No existen pasajes evangélicos específicos y exclusivos para los casados, otros para los religiosos, o para los misioneros, como este de hoy. El Evangelio es Cristo, uno y completo en cada Palabra que la liturgia nos ofrece; uno, completo y concreto para cada uno de nosotros hoy.
Esto lo entendió santa Teresita. Vivió de la Palabra y acogió el envío. Todo lo hizo Dios en ella. De su parte solo estuvo el incluirse en el grupo de los 72, como hoy estamos llamados a incluirnos cada uno de nosotros. Y salir de nuestro territorio existencial. No para colonizar mentalidades ni imponer formas de pensar. Salir de nuestro mundo conocido −del que nos hemos adueñado porque ya dominamos−, con una seguridad: que nos encontraremos con Cristo que va por delante. Esa es la primera misión: convertirnos personalmente. Y dejar a Dios ser Dios. Dejar que nos sorprenda. Predicar que el Reino de Dios está cerca, sí. Pero antes, incluso, descubrir que el Reino de Dios está cerca, incluso cuando no nos acogen, nos rechazan, nos desprecian.
Y a esto estamos invitados todos: casados, religiosos, clérigos, enfermos, monjas de clausura, niños y adolescentes, pecadores todos. Esta es nuestra misión: convertirnos para descubrir en cada acontecimiento, cada persona y en nosotros mismos cómo está Dios presente y predicar esta buena noticia: que no estamos solos. No hay condición que nos excluya, ni requisitos previos que nos puedan excusar.
Fuente: Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P., Monasterio de Santo Domingo (Caleruega)