“Bienaventurado el vientre que te
llevó”
¡Qué arrebato, qué alegría
muestra el grito de la mujer al escuchar las palabras de Jesús! Le sale del
alma, de lo más profundo al sentirse liberada, que, de repente, puede volar
porque Alguien le ha abierto las alas y le ha mostrado que es amada por un
Padre que no hace acepción de personas y que está por encima de las leyes de
una religión misógina -muchas veces como la cristiana- clasista y opresora.
Sin poder seguir la reflexión,
enseguida me surge una pregunta ¿provoca en nosotros este entusiasmo escuchar
al Cristo que nos ama, que nos libera, que nos ofrece un camino eternamente
nuevo, eternamente ilusionante y que da sentido a la existencia? Ahí queda.
Nombrar a la madre de Jesús, a la
íntima de Jesús, a la ternura de Jesús, seguro que provocó en Él una vuelta a
los abrazos, palabras y sonrisas de su madre, pero también una mirada a la vida
de los que le rodeaban: no, no consiste ene elogiar al Profete, consiste en
saber escuchar y hacer realidad en la vida lo escuchado, en contemplar el mundo
y la realidad y, lo contemplado, convertirlo en vida en oración («Contemplari
et contemplata aliis tradere»)
Ya desde los documentos de Puebla
hasta los de Aparecida, se nos urge a no separar la fe de la vida, no convertir
en una ideología, por hermosa que sea, todo
lo que Jesús nos transmitió, porque ahí reside una de las razones más
importantes de la deserción de tantos y tantas de la comunidad de los
seguidores de Jesús, la “hipocresía religiosa” de proclamar una cosa y luego
hacer otra, apoyar esa extrema derecha que desprecia la vida de los niños y
niñas porque son de otro sitio o apoya un genocidio porque no merecen vivir…
¡Qué escándalo oír a supuestos
cristianos apoyar esa xenofobia asesina que justifica el desprecio a otros
seres humanos! La fe no es una serie de ritos, ni de dogmas, es una vida que
surge del seguimiento consciente, de una opción radical lejos del
sentimentalismo y fortalecida por el Espíritu que robustece en nosotros el
Evangelio de la Alegría.
Revestidos de Cristo, no podemos
olvidar que ese encuentro con el Cristo vivo, nos envía a cambiar nuestro mundo
y trabajar para que sea lo más parecido posible al que Dios soñó para nosotros.
Separar fe y vida, “El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser
considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (Gs,43)
Qué hermosas las palabras de la
mujer, pero que esclarecedoras las Palabras de Jesús: con ellas nos permite
entender el proyecto de la Bienaventuranzas, de la parábola del Juicio Final…
nos permite trabajar con los que creen en un mundo de hermanos, de justicia, de
paz…. Un mundo alejado completamente de la ideología que está dominando cada
vez más en una sociedad inhumana, en una sociedad que está olvidando que el
Logos se hizo carne y que, sin encarnación, no hay salvación.
Fuente: Fray Antoni Miró Gallego
O.P., Convento de Santo Domingo Ra`ykuéra (Asunción. Paraguay)