miércoles, 25 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 26/02/26

Quien pide, recibe

En este pasaje del evangelio, Jesús nos enseña la necesidad de la oración, concretamente la oración de petición, que es la que más utilizamos pues estamos muy necesitados de Dios.

Nos revela cómo es el corazón de Dios –un Padre bueno que da cosas buenas a quien se lo pide-. Y concluye con una enseñanza magistral:Tratad a los demás como queréis que ellos os traten, porque en esto consiste la ley y los profetas.

Esta enseñanza recuerda un dicho rabínico: “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo. En esto está toda la ley, el resto es sólo una explicación”. Jesús aplica esta ley en forma positiva, pues no vino a abolir sino a dar plenitud. No se trata de “no hacer”, sino de estar siempre atentos por el bien de los demás. Esto es lo que nos lleva a una verdadera conversión, descentrándonos de nosotros mismos para que nuestro centro sea Dios y en Él, todos los demás.

Hace poco nos visitó una señora muy buena y que ha sufrido mucho en la vida. En medio de la conversación nos dijo que ella creía en Dios pero no tenía necesidad de ir a misa. A continuación nos dijo que lo único que deseaba era que sus hijos la visitasen, aunque sólo fuese una vez al mes, y sentarlos a su mesa y compartir una comida en la que les contasen todas sus cosas. Yo le dije: - Pues eso mismo quiere Dios, tu Padre, de ti: que vengas a su encuentro, cada domingo, te sientes a su mesa y Él te alimente con el Pan de su Palabra y el Pan de su Eucaristía; que le cuentes tus cosas, aunque Él ya las sabe pero quiere escucharte…

Y es que, en ese “tratad a los demás”, también entra Dios.

Oración

Señor Dios mío, Tú que nos dijiste: “Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá”, te pido que me envíes tu Santo Espíritu. Que Él venga en ayuda de mi debilidad y me inunde de sus Dones para que mi vida de sus frutos: amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, dulzura, dominio de sí. Que en todo busque hacer y vivir según tu voluntad y no la mía. Que llame a la puerta de tu Corazón para que, acogida y abrazada por tu misericordia, aprenda a ser misericordiosa como Tú. AMÉN      

Fuente: Sor Mª Montserrat Román Sánchez O.P., Monasterio Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)

martes, 24 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 25/02/26

Hoy, Jesús nos dice que la señal que dará a la “generación malvada” será Él mismo, como la “señal de Jonás” (cf. Lc 11,30). De la misma manera que Jonás dejó que lo arrojaran por la borda para calmar la tempestad que amenazaba con hundirlos —y, así, salvar la vida de la tripulación—, de igual modo permitió Jesús que le arrojasen por la borda para calmar las tempestades del pecado que hacen peligrar nuestras vidas. Y, de igual forma que Jonás pasó tres días en el vientre de la ballena antes de que ésta lo vomitara sano y salvo a tierra, así Jesús pasaría tres días en el seno de la tierra antes de abandonar la tumba (cf. Mt 12,40).

La señal que Jesús dará a los “malvados” de cada generación es su muerte y resurrección. Su muerte, aceptada libremente, es la señal del increíble amor de Dios por nosotros: Jesús dio su vida para salvar la nuestra. Y su resurrección de entre los muertos es la señal de su divino poder. Se trata de la señal más poderosa y conmovedora jamás dada.

Pero, además, Jesús es también la señal de Jonás en otro sentido. Jonás fue un icono y un medio de conversión. Cuando en su predicación «dentro de cuarenta días Nínive será destruida» (Jon 3,4) advierte a los ninivitas paganos, éstos se convierten, pues todos ellos —desde el rey hasta niños y animales— se cubren con arpillera y cenizas. Durante estos cuarenta días de Cuaresma, tenemos a alguien “mucho más grande que Jonás” (cf. Lc 11,32) predicando la conversión a todos nosotros: el propio Jesús. Por tanto, nuestra conversión debiera ser igualmente exhaustiva.

«Pues Jonás era un sirviente», escribe san Juan Crisóstomo en la persona de Jesucristo, «pero yo soy el Maestro; y él fue arrojado por la ballena, pero yo resucité de entre los muertos; y él proclamaba la destrucción, pero yo he venido a predicar la Buena Nueva y el Reino».

La semana pasada, el Miércoles de Ceniza, nos cubrimos con ceniza, y cada uno escuchó las palabras de la primera homilía de Jesucristo, «Arrepiéntete y cree en el Evangelio» (cf. Mc 1,15). La pregunta que debemos hacernos es: —¿Hemos respondido ya con una profunda conversión como la de los ninivitas y abrazado aquel Evangelio?

Fuente: Fr. Roger J. LANDRY, (Hyannis, Massachusetts, Estados Unidos)

lunes, 23 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 24/02/26

Dios sabe lo que necesitamos

En el Evangelio de hoy nos encontramos con otro regalo que nos ofrece este tiempo de Cuaresma, el Padre Nuestro. La oración en la que Jesús nos enseña a dirigirnos al Padre con sencillez, con verdad y desde la confianza. Y aunque podríamos hacer un comentario de cada frase de este Evangelio, nos vamos a quedar con el principio, pues va en sintonía con la lectura de Isaías y con el tiempo litúrgico.
Comienza Jesús diciendo que Dios ya sabe lo que necesitamos, y nos anima a no ser “palabreros”. Una vez más, se nos está enfocando al silencio y a la contemplación. No se trata de pedir, cual si Dios fuera un mago que cumple deseos, se trata de “estar” con Dios, de “escuchar”, de colocarse ante Él con verdad, despojados, disponibles, abiertos y abiertas a su Palabra, no a las nuestras.

Cierto es que muchas veces nuestras palabras, nuestros deseos y nuestras debilidades se interponen en los momentos de contemplación, pero Dios ya nos conoce. Somos sus hijos e hijas. Dios sabe lo que necesitamos. Y esto transforma radicalmente la oración. No podemos orar desde el miedo ni desde la carencia absoluta, sino desde la confianza en el Padre, descansando en su voluntad, en su mirada, en lo que sueña para nosotros, que somos sus hijos e hijas.

La oración, vivida desde el Padrenuestro, va modelando la vida según la voluntad de Dios y nos transforma a Él. Claramente la Cuaresma nos llama a la sobriedad también en la oración: menos palabras, más contemplación.

¿Llenamos la oración de palabras para no escuchar? ¿Usamos la oración para tranquilizarnos más que para abrirnos a Dios? ¿Contemplamos?

Fuente: Fraternidad de Laicos Dominicos de Valencia

domingo, 22 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 23/02/26

El amor a examen

La  cuaresma es una llamada a no olvidar la esencial del cristianismo: el amor, la compasión, la misericordia. Ese es el camino que nos lleva a lo fundamental. La expresión de ese amor tiene hechos concretos: dar de comer y de beber, hospedar, vestir, visitar…Algo al alcance de todos. Es lo que nos identifica como discípulos de Jesús. Lo hemos oído muchas veces y puede que resbale o que lo dejemos de lado poniendo la atención en otros elementos secundarios de la vivencia de nuestra fe. Solo el amor es la respuesta. Sin ese amor nada tiene valor. Jesús está presente en nuestros hermanos. San Juan lo deja muy claro: “quien no ama su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve”. Pues eso, no cabe engañarnos con otras historias.

El día de hoy es una oportunidad que se nos ofrece para hacer realidad la Palabra de Dios. No dejemos que el tiempo se nos vaya en aquello que no merece la pena.

Pregúntate: ¿Qué interés tienen en mi vida las palabras de Jesús en el evangelio de este día? ¿Cuál puede ser mi programa a seguir en esta cuaresma según lo que la Palabra de Dios me ha propuesto?

Fuente: Fray Salustiano Mateos Gómara O.P., Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Comentario lectura evangelio 22/02/26

El tentador se aproxima (Mt 4,3)

El pecado es una cosa terrible y la transgresión una muy cruel enfermedad del alma, ya que corta los nervios del alma y así trabaja para el fuego eterno. (…)

No hay un único instigador de la mala acción. Uno de ellos, que sopla la perversidad, es el diablo. Sopla el mal a todos, pero no triunfa sobre los que rechazan de escucharlo. Por eso la palabra del Eclesiastés ”Si el que gobierna se irrita contra ti, no te salgas de quicio” (Ecl 10,4). Cierra tu puerta, ten al diablo lejos de ti y no te dañará. Si recibes a la ligera la sugestión de un deseo, con tus consideraciones, ella pondrá en ti sus raíces, encadenará tu inteligencia y te atraerá al pozo de la miseria.

Quizás dirás “Soy fiel y el deseo no me domina, mismo si me detengo a reflexionar”. ¿Ignoras que una raíz, a fuerza de adherirse, termina por romper hasta una piedra? No recibas la semilla, ella destruirá tu fe. Antes que crezca, arranca el mal desde las raíces, no sea que tu dejadez primera te valga hachas y fuego. Comienza por sanar tus ojos enfermos en tiempo oportuno, para no tener que buscar un médico cuando ya estés ciego.

Fuente: San Cirilo de Jerusalén (313-350), obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

viernes, 20 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 21/02/26

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

Si algo es claro en esta texto de Lucas es que Jesús no hace distinción de personas (Lc. 20, 21-22). No vive de prejuicios ni de juicios, sino que nos muestra un estilo de vida que se sitúa delante de los demás mirando en la profundo de su ser y no solo en su comportamiento.

Aún más, y todavía más exigente: invita a su mesa a aquellos que nadie sentaría y, menos aún, dentro de lo que simboliza el compartir los alimentos. El simposium (el comer juntos) que define de manera radical a la Eucaristía, Jesús lo abre a todos, todos, todos (Francisco) no exluye sino que se hace inclusivo como símbolo de ese Reino que ya hemos de ir preparando entre todos aquí en este mundo.

No es un hecho aislado en la vida de Jesús. Él se acerca, come, toca, habla… con los que en su tiempo la religión oficial y la leyes y costumbres, no deberían estar nunca cerca de una persona “pura”. Es una marca de origen, es nuestro estilo de cristianos que tomamos de lo más hondo de nuestra fe en Jesús: todos, todas, todes, somos seres llenos de dignidad que no pueden ser descartados ni tenidos en menos por su sexo, género, raza, ideología, religión…

Qué bien nos viene esta lectura, todo el evangelio, para situarnos en estos momentos de odio al extranjero, de lucha contra el emigrante, de desprecio a tanta gente que no es como nosotros pensamos que debería de ser.

Acercarnos al banquete (Eucaristía) es la manera de acercarnos a los demás, de abrazar a los que está abandonados por los grandes de la tierra y decir no con todas las fuerzas a lo que hace daño a mi hermano/a. No a la muerte, al genocidio, al racismo, a la mentira y la guerra… el Evangelio sigue siendo, ahora como siempre, luz ante el sufrimiento en nuestra humanidad.

Fuente: Fray Antoni Miró Gallego O.P., Convento de Santo Domingo Ra`ykuéra (Asunción. Paraguay)

jueves, 19 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 20/02/26

Entonces ayunarán

¿Por qué el ayuno de Cristo no es corriente entre todos los cristianos? ¿Por qué los miembros no seguirán a su Cabeza? (Col 1,18). Si de esta Cabeza hemos recibido los bienes ¿por qué no vamos a soportar los males? ¿Queremos rechazar su tristeza y comulgar con sus gozos? Si es así nos mostramos indignos de formar parte de esta Cabeza. Porque todo lo que él ha sufrido ha sido por nosotros. Si nos repugna colaborar a la obra de nuestra salvación ¿en qué vamos a demostrar que queremos ayudarle? Ayunar con Cristo es realmente poco para quien debe sentarse con él a la mesa del Padre. Dichoso el miembro que se habrá adherido en todo a esta Cabeza y le habrá seguido dondequiera que vaya (Ap 14,4). Ya que si llegara a ser cortado y separado de él, forzosamente se vería inmediatamente privado del aliento de vida...

Para mí, oh Cabeza gloriosa y bendita por los siglos, sobre la cual se inclinan los ángeles con avidez (1P 1,12), es un bien adherirme completamente a ti. Te seguiré donde quiera que vayas. Si pasas por el fuego, no me separaré de ti ni temeré ningún mal, porque tu estás conmigo (sl 22,4). Tú cargas con mis dolencias y sufres por mi. Tú, el primero, has pasado por el pasaje estrecho del sufrimiento para ofrecer una ancha entrada a los miembros que te siguen. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? (Rm 8,35)... Es este el perfume que baja de la Cabeza hasta la barba, que baja también hasta la franja del vestido para que quede ungido hasta el más pequeño hilo (sl 132,2). En la Cabeza reside la plenitud de las gracias, y de ella las recibimos todos. En la Cabeza reside la plenitud de la misericordia, en la Cabeza la profusión de los perfumes espirituales, tal como está escrito: “Dios te ha ungido con aceite de júbilo” (sl 44,8)...

Y a nosotros, ¿qué es lo que el evangelio nos pide en este comienzo de Cuaresma? “Tú, dice, cuando ayunes, perfúmate la cabeza” (Mt 6,6). ¡Admirable condescendencia! El Espíritu del Señor está sobre él, ha sido ungido por él (Lc 4,18), y, sin embargo, para evangelizar a los pobres, les ha dicho: “Perfúmate la cabeza.

Fuente: San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia