¿Qué es amar?
El evangelio de San Juan continúa
acompañándonos a lo largo de esta semana. Hoy nos ofrece parte del discurso de
Jesús después de la Cena. Son palabras cargadas de intimidad, porque son
palabras de despedida.
El pasaje se centra hoy en la
autorrevelación de Jesús, quien ante la pregunta de Judas Tadeo, “¿cuál es la
razón de manifestarte solo a nosotros y no al mundo?”, vuelve a indicar el tema
de la presencia de Dios en la vida de los creyentes. Esa presencia será real
cuando el creyente cumpla su Palabra y esto solo se puede llevar a cabo desde
el amor. La fidelidad a sus palabras será la manifestación del amor. No basta
haber conocido a Jesús. Es necesario cumplir los mandamientos, expresión de que
el amor ha entrado en sus creyentes.
"Haremos morada en él"
La vida de Jesús ha transcurrido
no en gradezas o sensacionalismos, sino en la sencillez y la humildad al
servicio de los hombres. Por eso, en medio del ambiente de tristeza que se ha
expandido tras las palabras de despedida
de Jesús, ahora los reconforta desde la seguridad de su presencia
permanente en aquellos que cumplen la Palabra y aman. “El que me ama guardará
mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. La
obediencia de la fe es la prueba de que en esa persona hay amor. El amor
siempre imprescindible para poder vivir la comunión entre Dios y el hombre.
Jesús presente en los que le
siguen y cumplen
La presencia de Jesús se hará más
plena porque no se reducirá a algo meramente físico. Jesús resucitado seguirá
en aquellos que cumplen su palabra. Por eso recalca “el que me ama se mantendrá
fiel a mis palabras. Mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a él y
haremos morada en él”. “Hacer morada” se traduce en una realidad que se
prolonga en el tiempo. Junto a todo ello promete el Espíritu, el Paráclito, que
enseñará todo y les irá recordando todo lo que Él les ha enseñado. Hay un tema
sugerente en este pasaje. Cristo ha sido enviado por el Padre para llevar
adelante su obra. El Espíritu Santo será enviado en nombre de Cristo para
completar su revelación a la Iglesia.
Las palabras de Jesús son
palabras alentadoras para todos cuantos creemos en Él. Su ausencia física se
convierte en una presencia –morada- espiritual en todos los que, cumpliendo sus
Palabras a través del amor, vivimos la seguridad de su ayuda en el camino. Y es
que, cuando se ama de verdad, uno es capaz de dejar de lado el punto de vista
personal para buscar cumplir la voluntad del que se ama.
Un día más merece la pena
reflexionar a la luz de la Palabra: ¿Cuáles son los ídolos que hay en mí y que
me impiden vivir de verdad el evangelio? Amar es cumplir los mandamientos.
¿Hasta qué punto es esto verdad en mi vida?
Fuente: Fray Salustiano Mateos
Gómara O.P., Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)