martes, 17 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 18/02/26

En el secreto del corazón.

La Cuaresma es un tiempo que nos invita a entrar dentro de nosotros mismos. Es un tiempo de intimidad particular con Dios en el secreto del corazón y de la conciencia. En esta intimidad interior con Dios es donde se realiza la obra esencial de la Cuaresma: la conversión.

En el secreto interior, en esta intimidad con Dios, en la total verdad del corazón y de la conciencia resuenan las palabras del salmo de la liturgia de hoy, una de la confesiones más profundas que el hombre jamás ha presentado ante Dios. “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, / por tu inmensa compasión borra mi culpa, / lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces” (cf Sal 50,1-6).

Son palabras que purifican, palabras que transforman. Transforman al hombre interior. ¡Recitémoslas a menudo durante esta Cuaresma! Y sobre todo, intentemos renovar el espíritu que las anima, el soplo interior que ha dado a estas palabras una fuerza de conversión. Porque la Cuaresma es esencialmente una invitación a la conversión. Las obras de piedad de las que habla el evangelio de hoy abren el camino a esta conversión. ¡Ejercitémonos en ellas en lo posible! Pero, en primer lugar, busquemos encontrarnos con Dios interiormente en toda nuestra vida, en todo lo que la configura, para llegar a esta conversión profunda de la que habla el salmo penitencia de la liturgia de hoy.

Fuente: San Juan Pablo II (1920-2005), papa

lunes, 16 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 17/02/26

Hoy —una vez más— vemos la sagacidad del Señor Jesús. Su actuar es sorprendente, ya que se sale del común de la gente, es original. Él viene de realizar unos milagros y se está trasladando a otro sector en donde la Gracia de Dios también debe llegar. En ese contexto de milagros, ante un nuevo grupo de personas que lo espera, es cuando les advierte: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes» (Mc 8,15), pues ellos —los fariseos y los de Herodes— no quieren que la Gracia de Dios sea conocida, y más bien se la pasan cundiendo al mundo de mala levadura, sembrando cizaña.

La fe no depende de las obras, pues «una fe que nosotros mismos podemos determinar, no es en absoluto una fe» (Benedicto XVI). Al contrario, son las obras las que dependen de la fe. Tener una verdadera y autentica fe implica una fe activa, dinámica; no una fe condicionada y que sólo se queda en lo externo, en las apariencias, que se va por las ramas… La nuestra debe ser una fe real. Hay que ver con los ojos de Dios y no con los del hombre pecador: «¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Es que tenéis la mente embotada?» (Mc 8,17).

El reino de Dios se expande en el mundo como cuando se coloca una medida de levadura en la masa; ella crece sin que se sepa cómo. Así debe ser la autentica fe, que crece en el amor de Dios. Por tanto, que nada ni nadie nos distraiga del verdadero encuentro con el Señor y su mensaje salvador. El Señor no pierde ocasión para enseñar y eso lo sigue haciendo hoy día: «Nos hemos de liberar de la falsa idea de que la fe ya no tiene nada que decir a los hombres de hoy» (Benedicto XVI).

Fuente: Rev. P. Juan Carlos CLAVIJO Cifuentes, (Bogotá, Colombia)

domingo, 15 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 16/02/26

¿Por qué esta generación reclama un signo?

Padre Santo, Dios todopoderoso..., cuando yo elevo la débil luz de mis ojos, ¿puedo dudar de que eso es tu cielo? Cuando contemplo el curso de las estrellas, su retorno en el ciclo anual, cuando veo las Pléyades, la Osa menor y la Estrella de la mañana y considero que cada una brilla en el lugar que tú le has asignado, comprendo, oh Dios, que tú estás allí, en estos astros que yo no comprendo. Cuando veo «las soberbias olas del mar» (sl 92,4), no comprendo el origen de esta agua, ni tampoco comprendo quien es que pone en movimiento su flujo y reflujo regular y, sin embargo, creo que hay una causa –ciertamente para mí impenetrable- en estas realidades que yo ignoro, y también allí percibo tu presencia.
Si vuelvo mi espíritu hacia la tierra que, por el dinamismo de unas fuerzas escondidas, descompone todas las semillas que antes ha acogido en su seno, las hace germinar lentamente y las multiplica, después las hace crecer, no encuentro allí nada que pueda comprender con mi inteligencia; pero esta misma ignorancia me ayuda a discernirte, a ti, puesto que, si soy incapaz de comprender la naturaleza que ha sido puesta a mi servicio, sin embargo te encuentro a través de este mismo hecho de que ella está allí, para mi uso.

Si me vuelvo hacia ti, la experiencia me dice que yo no me conozco a mi mismo, y te admiro tanto más por el hecho de ser yo un desconocido para mí mismo. En efecto, aunque yo no los puedo comprender, sí tengo experiencia de los movimientos de mi espíritu que juzga sus operaciones, su vida, y esta experiencia te la debo sólo a ti, a ti que me has hecho participar de esta naturaleza sensible que me da un gran gozo, aunque su origen se encuentra más allá de lo que alcanza mi inteligencia. No me conozco a mi mismo, pero te encuentro en mí y, encontrándote, te adoro.

Fuente: San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia

sábado, 14 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 15/02/26

Hoy, Jesús nos dice «No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). ¿Qué es la Ley? ¿Qué son los Profetas? Por Ley y Profetas, se entienden dos conjuntos diferentes de libros del Antiguo Testamento. La Ley se refiere a los escritos atribuidos a Moisés; los Profetas, como el propio nombre lo indica, son los escritos de los profetas y los libros sapienciales.

En el Evangelio de hoy, Jesús hace referencia a aquello que consideramos el resumen del código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios. Según el pensamiento de Jesús, la Ley no consiste en principios meramente externos. No. La Ley no es una imposición venida de fuera. Todo lo contrario. En verdad, la Ley de Dios corresponde al ideal de perfección que está radicado en el corazón de cada hombre. Esta es la razón por la cual el cumplidor de los mandamientos no solamente se siente realizado en sus aspiraciones humanas, sino también alcanza la perfección del cristianismo, o, en las palabras de Jesús, alcanza la perfección del reino de Dios: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19).

«Pues yo os digo» (Mt 5,22). El cumplimiento de la ley no se resume en la letra, visto que “la letra mata, pero el espíritu vivifica” (2Cor 3,6). Es en este sentido que Jesús empeña su autoridad para interpretar la Ley según su espíritu más auténtico. En la interpretación de Jesús, la Ley es ampliada hasta las últimas consecuencias: el respeto por la vida está unido a la erradicación del odio, de la venganza y de la ofensa; la castidad del cuerpo pasa por la fidelidad y por la indisolubilidad, la verdad de la palabra dada pasa por el respeto a los pactos. Al cumplir la Ley, Jesús «manifiesta con plenitud el hombre al propio hombre, y a la vez le muestra con claridad su altísima vocación» (Concilio Vaticano II).

El ejemplo de Jesús nos invita a aquella perfección de la vida cristiana que realiza en acciones lo que se predica con palabras.

Fuente: Pe. Givanildo dos SANTOS Ferreira, (Brasilia, Brasil)

viernes, 13 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 14/02/26

«Ut unum sint – que sean uno» (Jn 17,21)

Es un caso admirable y único ver como los dos santos Cirilo y Metodio, teniendo que actuar en situaciones tan complejas y precarias, nunca trataron de imponer a los pueblos eslavos a los que habían de predicar, ni la indiscutible superioridad de la lengua griega ni de la cultura bizantina, ni tampoco los usos y costumbres de la sociedad más adelantada en las que ellos habían sido formados y a los cuales, evidentemente, se sentían unidos y estaban acostumbrados. Impulsados por el gran deseo de reunir en Cristo a los nuevos creyentes, adaptaron a la lengua eslava los ricos y refinados textos de la liturgia bizantina, y armonizaron las sutiles y complejas elaboraciones del derecho greco-romano con la mentalidad y las costumbres de los nuevos pueblos...

Estando como estaban sujetos al Imperio de Oriente y siendo fieles dependientes del Patriarcado de Constantinopla, creyeron que su deber era también dar cuentas al romano Pontífice de su trabajo misionero y someter a su juicio la doctrina que profesaban y enseñaban, los libros litúrgicos compuestos en lengua eslava y los métodos que había adoptado para la evangelización de estos pueblos, para obtener de él la aprobación. Habiendo emprendido su misión bajo el mandato de Constantinopla, más tarde buscaron, en un cierto sentido, la confirmación de su trabajo, volviéndose hacia la Sede apostólica de Roma, centro visible de la unidad  de la Iglesia.

Se puede decir que lo invocación de Jesús en su plegaria sacerdotal «ut unum sint – que sean uno» (Jn 17,21) representa su divisa misionera, con el mismo espíritu que las palabras del salmista: «¡Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos!» (Sl 116,1). Para nosotros, los hombres y mujeres de hoy, su apostolado expresa también una llamada ecuménica: nos invita a reconstruir, en la paz de la reconciliación, la unidad que ha sido gravemente comprometida después de la época de los santos Cirilo y Metodio y, en primer lugar, la unidad entre Oriente y Occidente.

Fuente: San Juan Pablo II (1920-2005), papa

Cena Solidaria del Hambre 2026

El pasado día 11 celebramos la Cena Solidaria del Hambre dentro de la Campaña de Manos Unidas 2026, bajo el lema “Declara la Guerra al Hambre”. Fue un encuentro marcado por la cercanía, la reflexión y el compromiso compartido ante una realidad que sigue afectando a millones de personas en el mundo.

La velada comenzó con la proyección del estupendo vídeo promocional de la campaña, que nos ayudó a tomar conciencia de la urgencia de actuar. A continuación, se dio lectura al Manifiesto, un texto que nos invitó a no permanecer indiferentes y a implicarnos activamente en la construcción de un mundo más justo y solidario.

Uno de los momentos más enriquecedores fue el testimonio de dos enviados de Manos Unidas, Paloma y Miguel. Con sencillez y claridad, nos explicaron cómo se organizan y desarrollan los proyectos que la organización impulsa en distintos países. Compartieron ejemplos recientes en Marruecos, especialmente iniciativas destinadas a mejorar las condiciones de vida de mujeres en situación de vulnerabilidad, promoviendo su formación y autonomía económica. Sus palabras hicieron visible el impacto real y transformador de cada aportación.

Además, se destacó que nuestra Vicaría participa este año en un proyecto de autoabastecimiento alimentario en Guatemala, una iniciativa que busca fortalecer la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de comunidades locales.

Fue, sin duda, una noche para renovar nuestro compromiso y declarar juntos la guerra al hambre.



jueves, 12 de febrero de 2026

Comentario lectura evangelio 13/02/26

«Todo lo que hace es admirable: hace oír a los sordos y hablar a los mudos»

Es preciso que examinemos de cerca qué es lo que hace que el hombre sea sordo. Por haber escuchado las insinuaciones del Enemigo y sus palabras, la primera pareja de nuestros antepasados han sido los primeros sordos. Y nosotros también, detrás de ellos, de tal manera que somos incapaces de escuchar y comprender las amables inspiraciones del Verbo eterno. Sin embargo, sabemos bien que el Verbo eterno reside en el fondo de nuestro ser, tan inefablemente cerca de nosotros y en nosotros que nuestro mismo ser, nuestra misma naturaleza, nuestros pensamientos, todo lo que podemos nombrar, decir o comprender, está tan cerca de nosotros y nos es tan íntimamente presente como lo es y está el Verbo eterno. Y el Verbo habla sin cesar al hombre. Pero el hombre no puede escuchar ni entender todo lo que se le dice, a causa de la sordera de la que está afectado... Del mismo modo ha sido de tal manera golpeado en todas sus demás facultades que es también mudo, y no se conoce a sí mismo. Si quisiera hablar de su interior, no lo podría hacer por no saber dónde está y no conociendo su propia manera de ser...

¿En qué consiste, pues, este cuchicheo dañino del Enemigo? Es todo este desorden que él te hace ver y te seduce y te persuade que aceptes, sirviéndose, para ello, del amor, o de la búsqueda de las cosas creadas de este mundo y de todo lo que va ligado a él: bienes, honores, incluso amigos y parientes, es decir, tu propia naturaleza, y todo lo que te trae el gusto de los bienes de este mundo caído. En todo esto consiste su cuchicheo...

Pero viene Nuestro Señor: mete su dedo sagrado en la oreja el hombre, y la saliva en su lengua, y el hombre encuentra de nuevo la palabra.

Fuente: Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo