martes, 12 de mayo de 2026

Comentario lectura evangelio 13/05/26

Os guiará hasta la verdad plena

Jesús instruye en la última cena a sus discípulos. En esa instrucción, la referencia a la promesa de la donación del Espíritu es clave. La comprensión de todo lo que él ha revelado se irá realizando bajo la guía del Espíritu, que todo lo conoce y sondea la intimidad. No revelará nada nuevo, porque todo ya ha sido dado a conocer en el Hijo. Si el Hijo ha comunicado todo lo que ha oído al Padre, eso mismo refiere al Espíritu: “Hablará de lo que oye y comunicará lo que está por venir”.

Somos introducidos en la intimidad de Dios por medio de Jesucristo llevados por el Espíritu. En nuestro proceso de fe, vamos avanzando en el conocimiento de la Verdad. Por eso la formación permanente del bautizado juega un papel importante en su vida y misión. De ella se ocupa el Espíritu que nos va llevando a entender y aplicar lo que Jesús nos ha revelado.

Por eso siempre estamos en camino y en el Camino somos instruidos. No podemos ni debemos dejar de lado el deseo de crecer en el conocimiento del misterio de Cristo y en el adecuado anuncio del mismo en el mundo contemporáneo.

¿Deseo avanzar en ese conocimiento?

¿Se trata de un conocimiento experiencial relacionado con la vida diaria y la misión en la sociedad de la que formamos parte?

Fuente: Fr. Antonio Bueno Espinar O.P., Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

lunes, 11 de mayo de 2026

Comentario lectura evangelio 12/05/26

Cristo nos ha dado el Espíritu Santo

Ánimo, mis Hermanos, no nos dejemos abatir por el pecado cometido, ni por ninguna ilusión, ni por las tentaciones del demonio. La ruta puede ser ruda y fangosa, pero Cristo, nuestro médico, nos ha dado un remedio para todas nuestras enfermedades: un bautismo de sangre y de fuego, en el que el alma purificada y lavada de todos sus pecados, consume y destruye las tentaciones e ilusiones del demonio. (…)

El hombre, en tanto vive en la prisión corruptible de su cuerpo, prueba una ley perversa, que lo invita y solicita siempre para el pecado, pero la humilde bondad de Dios le da un remedio continuo que fortifica su razón y su libertad. El remedio continuo es el fuego del Espíritu Santo, que no se apaga jamás y expande siempre su gracia y sus beneficios. Cada día podemos tener ese bondadoso bautismo que nos es dado por gracia y no por méritos.

Cuando el alma mira y ve en ella ese tesoro y ese fuego del Espíritu Santo, ella se llena tanto de amor a su Creador que renuncia a sí enteramente. (…) Ve y considera únicamente su nada y la bondad de Dios hacia ella. Ve que esa bondad infinita sólo quiere su bien y, entonces, su amor a Dios deviene perfecto. No tiene otro pensamiento, otro afecto, y no puede retener el impulso de su deseo. Corre sin pesos y sin ligaduras, ya que ha sido liberada de los obstáculos que podían detenerla.

Fuente: Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

Comentario lectura evangelio 11/05/26

Hoy, en el evangelio Jesús anuncia y promete la venida del Espíritu Santo: «Cuando venga el Paráclito (…) que procede del Padre, Él dará testimonio de mí» (Jn 15,26). “Paráclito” literalmente significa “aquél que es llamado junto a uno”, y habitualmente es traducido como “Consolador”. De este modo, Jesús nos recuerda la bondad de Dios, pues siendo el Espíritu Santo el amor de Dios, Él infunde en nuestros corazones la paz, la serenidad en las adversidades y la alegría por las cosas de Dios. Él nos hace mirar hacia las cosas de arriba y unirnos a Dios.

Además Jesús dice a los Apóstoles: «También vosotros daréis testimonio» (Jn 15,27). Para dar testimonio es necesario:

1º Tener comunión e intimidad con Jesús. Ésta nace del trato cotidiano con Él: leer el Evangelio, escuchar sus palabras, conocer sus enseñanzas, frecuentar sus sacramentos, estar en comunión con su Iglesia, imitar su ejemplo, cumplir los mandamientos, verlo en los santos, reconocerlo en nuestros hermanos, tener su espíritu y amarlo. Se trata de tener una experiencia personal y viva de Jesús.

2º Nuestro testimonio es creíble si aparece en nuestras obras. Un testigo no es sólo una persona que sabe que algo es verdad, sino que también está dispuesta a decirlo y vivirlo. Lo que experimentamos y vivimos en nuestra alma debemos transmitirlo al exterior. Somos testigos de Jesús no sólo si conocemos sus enseñanzas, sino —y principalmente— cuando queremos y hacemos que otros lo conozcan y lo amen. Como dice el dicho: «Las palabras mueven, los ejemplos arrastran».

El Papa Francisco nos decía: «Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más». Y añadía: «Quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente». Eso es siempre una luz que atrae.

Fuente: Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE, (Cobourg, Ontario, Canadá)

sábado, 9 de mayo de 2026

Comentario lectura evangelio 10/05/26

Hoy, Jesús —como lo hizo entonces con sus discípulos— se despide, pues vuelve al Padre para ser glorificado. Parece ser que esto entristece a los discípulos, que aún le miran con la sola mirada física, humana, que cree, acepta y se aferra a lo que únicamente ve y toca. Esta sensación de los seguidores, que también se da hoy en muchos cristianos, le hace asegurar al Señor que «no os dejaré huérfanos» (Jn 14,18), pues Él pedirá al Padre que nos envíe «otro Paráclito» (Auxiliador, Intercesor: Jn 14,16), «el Espíritu de la verdad» (Jn 14,17); además, aunque el mundo no le vaya a “ver”, «vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis» (Jn 14,19). Así, la confianza y la comprensión en estas palabras de Jesús suscitarán en el verdadero discípulo el amor, que se mostrará claramente en el “tener sus mandamientos” y “guardarlos” (cf. v. 21). Y más todavía: quien eso vive, será amado de igual forma por el Padre, y Él —el Hijo— a su discípulo fiel le amará y se le manifestará (cf. v. 21).

¡Cuántas palabras de aliento, confianza y promesa llegan a nosotros este Domingo! En medio de las preocupaciones cotidianas —donde nuestro corazón es abrumado por las sombras de la duda, de la desesperación y del cansancio por las cosas que parecen no tener solución o haber entrado en un camino sin salida— Jesús nos invita a sentirle siempre presente, a saber descubrir que está vivo y nos ama, y a la vez, al que da el paso firme de vivir sus mandamientos, le garantiza manifestársele en la plenitud de la vida nueva y resucitada.

Hoy, se nos manifiesta vivo y presente, en las enseñanzas de las Escrituras que escuchamos, y en la Eucaristía que recibiremos. —Que tu respuesta sea la de una vida nueva que se entrega en la vivencia de sus mandamientos, en particular el del amor.

Fuente: P. Julio César RAMOS González SDB, (Mendoza, Argentina)


viernes, 8 de mayo de 2026

Comentario lectura evangelio 09/05/26

"Con vosotros conocerán al que me envió"

Tenemos entre el acervo de refranes uno muy conocido: “Se cosecha lo que se siembra” (Gál. 6,7) y parece que la vida es así. Pero, para sorpresa nuestra, sorpresa muy común en el Evangelio, hoy el Señor nos habla de lo contrario: “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros”. Porque Jesús “pasó haciendo el bien” y recibió odio y muerte; Él amó en cada momento de su vida y se dio completamente y sin condiciones a los demás y, sin embargo, el mundo lo llegó a odiar manipulando sus palabras y tergiversando su propia vida.

Uno se pregunta cómo es posible eso, por qué el amor puede generar odio, persecución y muerte. Y es una pregunta válida hoy, como lo fue ayer y, como seguramente, lo será en el futuro: parece que la humanidad no tiene remedio y la situación actual en el mundo nos lo repite una y otra vez; guerras, xenofobia, odio, mentira, racismo… y, ahí radica la dificultad, persecución a quienes quieren contrarrestar todo eso con actitudes de paz, reconciliación, fraternidad, inclusión, dignidad…

No es necesario llegar a ser dogmático o querer construir un mundo dicotómico, sin matices, pero es una realidad que se va notando cada vez más, debido a la polarización de las actitudes de nuestro mundo inclinándose hacia una ideología destructiva y alejada del amor, y hundiéndose en un mundo que no es del que Jesús nos habla.

Y precisamente ahí es donde podemos comprender la realidad a la que Jesús se refiere: no es el mundo en el que Jesús nos quiere, sino del que nos saca, no huyendo de él sino defendiéndonos de él (Jn 17,15).

Amar en nuestro mundo, amar al estilo de Jesús, es ponerse del lado de las víctimas y, por tanto, en contra de los que causan el sufrimiento y la muerte. Amar al estilo de Jesús es ponerse del lado de los descartados y, por tanto, en contra de los “magnates de la tierra” que acumulan riqueza y poder, decidiendo quien puede vivir y quién no. Amar al estilo de Jesús, es ponerse al lado de los que se niega su humanidad y, por tanto, es ponerse en contra de los racistas, xenofóbicos, homofóbicos. Amar al estilo de Jesús, es amar la justicia y la paz y correr detrás de ellas y, por tanto, es ponerse en contra de los violentos, los corruptos que no tienen interés por el bien común, sino únicamente por su propio bien.
Y hemos de ser claros, el que tiene unos principios cristianos auténticos, el que se pone a amar desde lo más profundo, tendrá enemigos, como los tuvo Jesús; mucha gente que les odie y persiga.

¿Así, sin más? ¿Tan triste es la realidad? Escuchando la Palabra de Jesús, hablando de su propia experiencia y de la experiencia de tantos que han vivido y muerto por ese otro mundo en el que Jesús cree, sí es así, pero con un pequeño, y grande a la vez, matiz: “si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”, es decir, también habrá otros, y cada vez más, que comprenderán lo que significa el Amor y llegará a conocer a quien nos envía.

El final no será siempre la muerte porque conocer al hermano, reconocer al que está a nuestro lado como prójimo, nos hace conocer a Dios y seguir haciendo realidad ese “otro mundo que es posible”.

Fuente: Fray Antoni Miró Gallego O.P., Convento de Santo Domingo Ra`ykuéra (Asunción. Paraguay)

jueves, 7 de mayo de 2026

Comentario lectura evangelio 08/05/26

A vosotros os llamo amigos

Una afirmación tan firme y decidida puede sorprender nuestro corazón lleno de “peros” en el campo de la amistad. Sabernos elegidos y amigos de Jesús… saber de la libertad y confianza que implica el ser amigos: lealtad y posibilidad de dialogar en todas las circunstancias, es una certeza que nos concede alegría y seguridad. Se trata de una amistad que llega a lo más profundo de nuestro ser y que nos hermana y une, que crea comunión en medio de diferencias. Sí, a nosotros, Jesús nos llama amigos y así nos quiere. Ya dice el refrán: “los amigos de mis amigos son mis amigos

La amistad de Jesús no nos cierra en un círculo de bienestar que se retroalimenta en una relación ideal. Jesús afirma: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca”. Por eso su amistad nos lanza a dar la vida por los demás a través de muchas acciones concretas: escuchar, servir, aconsejar, perdonar, cuidar, etc., “especialmente a los hermanos en la fe”, pero también “a todos” (Gálatas 6,10).

Dejemos, pues resonar en nosotros la invitación a la amistad que es capaz de dar la vida y el cuidado de la comunión en la comunidad cristiana.

Fuente: Hna. Ana Belén Verísimo García, Dominica de la Anunciata

miércoles, 6 de mayo de 2026

Comentario lectura evangelio 07/05/26

Permaneced en mi amor

El evangelista San Juan, habla siempre del amor.

Este texto, tiene una fuerza especial, ya que es parte del discurso que pronunció Jesús en la última cena.  Nos dice que permanezcamos en su Amor. ¡Qué importante es descansar en el amor de Dios por nosotros!

También nos dice cómo: cumpliendo sus mandamientos. Cuando oímos la palabra mandamiento, nos causa como rechazo, porque la clasificamos en el sometimiento de unas normas. Parece, que no tiene cabida en Dios esta palabra, ya que, nos ama de una manera incondicional. El amor de Dios hacia los pecadores está fuera de toda duda, no entra en nuestros parámetros humanos.

Recordemos que Él acaba de afirmar: "Yo os he amado", como un hecho consumado. Tenemos que pensar que estos mandamientos son de Él y que realmente nos conducen al Amor verdadero, no a un amor meramente humano, sentimental, pasajero, sino al Amor de Dios, para que podamos aprender a amar a los hermanos desde Él. Estos mandamientos, fortalecerán y arraigarán este amor y además, nos harán partícipes de la alegría del Señor.  ¿Realmente creemos en la Palabra de Dios, que nos hace partícipes de su alegría y amor si vivimos sus mandamientos?

Dios es mi Padre. Amar y dejarse amar por Él, exige ser fieles a ese Amor, ser fieles a lo que nos indica, en sus mandamientos. Es imposible vivir cristianamente si no estamos unidos a Él. Sin esa unión, seremos miembros inservibles, para este proyecto de amor de Dios para con la humanidad.  El Amor cristiano tiene un manantial que lo alimenta: el Amor de Dios Padre, manifestado en su Hijo por medio del Espíritu Santo.

Fuente: Monasterio de Santo Domingo – Dominicas, Monasterio de Santo Domingo (San Sebastián, Guipuzcua)