lunes, 7 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 08/09/26

«Genealogía de Jesucristo»

De nada sirve decir que nuestro Señor, hijo de la Virgen María, es verdaderamente hombre, si no se cree que lo es tal como lo proclama el Evangelio.

Cuando Mateo nos habla de la «genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham», dibuja, a partir del origen de la humanidad, la línea de las generaciones hasta José con quien María estaba desposada. Lucas, al contrario, remonta, desde Jesús, los peldaños sucesivos hasta llegar al comienzo del género humano, con ello demuestra que el primero y el último Adán son de la misma naturaleza (3,23s).

Ciertamente que era posible, a la omnipotencia del Hijo de Dios, para dar la instrucción y la justificación necesarias a los hombres, manifestarse de la misma manera que se apareció a los patriarcas y a los profetas, bajo forma carnal; por ejemplo, cuando luchó con Jacob (Gn 32,25) o cuando se puso a conversar con Abraham y aceptó el servicio de su hospitalidad hasta el punto de comer lo que éste le ofreció (Gn 18). Pero estas apariciones no eran sino signos, imágenes del hombre cuya realidad anunciaban, sacada de las raíces de sus antepasados.

El misterio de nuestra redención, dispuesta ya desde antes de los siglos, desde la eternidad, no podía llevarla a cabo ninguna imagen. El Espíritu no había aún descendido sobre la Virgen María, ni el poder del Altísimo la había cubierto con su sombra (Lc 1,35). La sabiduría no se había construido todavía una morada para que el Verbo se encarnara en ella y de esta manera, la naturaleza de Dios y la del esclavo se unieran en una sola persona, el Creador del tiempo naciera en el tiempo, y aquel por quien todo fue hecho fuera engendrado entre todas las criaturas. Si el hombre nuevo no hubiera asimilado la carne de pecado y cargado con nuestra vejez, si él, consubstancial al Padre, no se hubiera dignado tomar de la sustancia de su madre y asumir nuestra naturaleza –excepto el pecado-, la humanidad hubiera seguido siendo prisionera y a merced del demonio, y nosotros no podríamos gozar de la victoria triunfal de Cristo, porque su existencia hubiera tenido lugar fuera de nuestra naturaleza. Es, pues, de la admirable participación de Cristo de nuestra naturaleza que nace para nosotros la luz del sacramento de la regeneración. está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren!» (Sal 67,4; 33,1)

Fuente: San León Magno, papa

domingo, 6 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 07/09/26

Hoy, Jesús nos da ejemplo de libertad. Tantísimo hablamos de ella en nuestros días. Pero, a diferencia de lo que hoy se pregona y hasta se vive como “libertad”, la de Jesús, es una libertad totalmente asociada y adherida a la acción del Padre. Él mismo dirá: «Os aseguro que el Hijo del hombre no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace el Hijo» (Jn 5,19). Y el Padre sólo obra, sólo actúa por amor.

El amor no se impone, pero hace actuar, moviliza devolviendo con amplitud la vida. Aquel mandato de Jesús: «Levántate y ponte ahí en medio» (Lc 6,8) tiene la fuerza recreadora del que ama, y por la palabra obra. Más aún, el otro: «Extiende tu mano» (Lc 6,10), que termina logrando el milagro, restablece definitivamente la fuerza y la vida a lo que estaba débil y muerto. “Salvar” es arrancar de la muerte, y es la misma palabra que se traduce por “sanar”. Jesús sanando salva lo que de muerto había en ese pobre hombre enfermo, y eso es un claro signo del amor de Dios Padre para con sus criaturas. Así, en la nueva creación en donde el Hijo no hace otra cosa más que lo que ve hacer al Padre, la nueva ley que imperará será la del amor que se pone por obra, y no la de un descanso que “inactiva”, incluso, para hacer el bien al hermano necesitado.

Entonces, libertad y amor conjugados son la clave para hoy. Libertad y amor conjugados a la manera de Jesús. Aquello de «ama y haz lo que quieras» de san Agustín tiene hoy vigencia plena, para aprender a configurarse totalmente con Cristo Salvador.

Fuente: P. Julio César RAMOS González SDB, (Mendoza, Argentina)

Comentario lectura evangelio 06/09/26

Hoy, el Evangelio propone que consideremos algunas recomendaciones de Jesús a sus discípulos de entonces y de siempre. También en la comunidad de los primeros cristianos había faltas y comportamientos contrarios a la voluntad de Dios.

El versículo final nos ofrece el marco para resolver los problemas que se presenten dentro de la Iglesia durante la historia: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20). Jesús está presente en todos los períodos de la vida de su Iglesia, su “Cuerpo místico” animado por la acción incesante del Espíritu Santo. Somos siempre hermanos, tanto si la comunidad es grande como si es pequeña.

«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt 18,15). ¡Qué bonita y leal es la relación de fraternidad que Jesús nos enseña! Ante una falta contra mí o hacia otro, he de pedir al Señor su gracia para perdonar, para comprender y, finalmente, para tratar de corregir a mi hermano.

Hoy no es tan fácil como cuando la Iglesia era menos numerosa. Pero, si pensamos las cosas en diálogo con nuestro Padre Dios, Él nos iluminará para encontrar el tiempo, el lugar y las palabras oportunas para cumplir con nuestro deber de ayudar. Es importante purificar nuestro corazón. San Pablo nos anima a corregir al prójimo con intención recta: «Cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Gal 6,1).

El afecto profundo y la humildad nos harán buscar la suavidad. «Obrad con mano maternal, con la delicadeza infinita de nuestras madres, mientras nos curaban las heridas grandes o pequeñas de nuestros juegos y tropiezos infantiles» (San Josemaría). Así nos corrige la Madre de Jesús y Madre nuestra, con inspiraciones para amar más a Dios y a los hermanos.

Fuente: Prof. Dr. Mons. Lluís CLAVELL, (Roma, Italia)

sábado, 5 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 05/09/26

Hoy, ante la acusación de los fariseos, Jesús explica el sentido correcto del descanso sabático, invocando un ejemplo del Antiguo Testamento (cf. Dt 23,26): «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, (...), y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?» (Lc 6,3-4).

La conducta de David anticipó la doctrina que Cristo enseña en este pasaje. Ya en el Antiguo Testamento, Dios había establecido un orden en los preceptos de la Ley, de modo que los de menor rango ceden ante los principales.

A la luz de esto, se explica que un precepto ceremonial (como el que comentamos) cediese ante un precepto de ley natural. Igualmente, el precepto del sábado no está por encima de las necesidades elementales de subsistencia.

En este pasaje, Cristo enseña cuál era el sentido de la institución divina del sábado: Dios lo había instituido en bien del hombre, para que pudiera descansar y dedicarse con paz y alegría al culto divino. La interpretación de los fariseos había convertido este día en ocasión de angustia y preocupación a causa de la multitud de prescripciones y prohibiciones.

El sábado había sido hecho no sólo para que el hombre descansara, sino también para que diera gloria a Dios: éste es el auténtico sentido de la expresión «el sábado fue hecho para el hombre» (Mc 2,27).

Además, al declararse “señor del sábado” (cf. Lc 6,5), manifiesta abiertamente que Él es el mismo Dios que dio el precepto al pueblo de Israel, afirmando así su divinidad y su poder universal. Por esta razón, puede establecer otras leyes, igual que Yahvé en el Antiguo Testamento. Jesús bien puede llamarse “señor del sábado”, porque es Dios.

Pidámosle ayuda a la Virgen para creer y entender que el sábado pertenece a Dios y es un modo —adaptado a la naturaleza humana— de rendir gloria y honor al Todopoderoso. Como ha escrito San Juan Pablo II, «el descanso es una cosa “sagrada”» y ocasión para «tomar conciencia de que todo es obra de Dios».

Fuente: Fr. Austin Chukwuemeka IHEKWEME, (Ikenanzizi, Nigeria)

jueves, 3 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 04/09/26

...y llegarán a ser una sola carne. Gran misterio éste, que yo relaciono con la unión de Cristo y de la Iglesia.” (Ef 5,31)

Una unión extraña y extraordinaria se realizó cuando “el Verbo se hizo carne” en el seno de la Virgen y “habitó entre nosotros” (Jn 1,14). Así como todos los elegidos son resucitados en Cristo cuando él resucitó, así en él se han celebrado unas bodas: La Iglesia ha sido unida a un Esposo por los lazos del matrimonio cuando el Hombre-Dios recibió en plenitud los dones del Espíritu Santo y cuando toda la divinidad ha venido a habitar en un cuerpo semejante al nuestro... Cristo se hizo hombre por el Espíritu Santo y, “como un esposo que sale de su alcoba” (Sal 18,6) sale del seno de la Virgen que hizo de alcoba nupcial. Pero la Iglesia, renaciendo del agua y del Espíritu se convierte en un solo cuerpo en Cristo, de manera que “son una sola carne” (Mt 19,5), lo que, relacionado con Cristo y la Iglesia “es un gran misterio” (cf Ef, 5,31)

Este matrimonio dura desde la encarnación de Cristo hasta el momento en que Cristo volverá y que todos los ritos de la unión nupcial se habrán cumplido. Entonces, los que están preparados y habrán cumplido las condiciones de esta unión tan sublime, entrarán con él, llenos de reverencia, en la sala de las bodas eternas (Mt 25,10. En espera, la Esposa prometida a Cristo camino hacia su Esposo, guardando fielmente la alianza con él en la fe y la ternura hasta que él vuelva.

Fuente: San Pascasio Radbert (¿- c. 849), monje benedictino

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 03/09/26

No temas, desde ahora serás pescador de hombres

¡Qué grande es la bondad de Cristo! Pedro ha sido pescador, y ahora un orador merece un gran elogio si es capaz de comprender a este pescador. Ved por qué el apóstol Pablo dirigiéndose a los primeros cristianos, dice: “Hermanos, fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios... Ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta” (1Co 1,26-28).

Porque si Cristo hubiese escogido en primer lugar a un orador, el orador hubiera podido decir: “Me ha escogido por mi elocuencia”. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi rango”. Si, en fin, hubiera escogido a un emperador, el emperador hubiera podido decir: “Me ha escogido a causa de mi poder. Que se calle toda esa gente, que esperen un poco y estén tranquilos. No serán olvidados ni rechazados; que esperen un poco, porque podrían gloriarse de lo que son en sí mismos.

Dame, dice Cristo, este pescador, dame ese hombre simple y sin instrucción, dame ese hombre con el cual el senador no se digna hablar, ni tan sólo cuando le compra un pescado. Sí, dame ese hombre. Cuando lo habré llenado, se verá claramente que soy únicamente yo quien actúa. Ciertamente, llevaré a cabo mi obra en el senador, en el orador, en el emperador..., pero mi acción será más evidente en el pescador. El senador, el orador y el emperador pueden gloriarse de lo que ellos son: el pescador, únicamente de Cristo. Que el pescador venga a enseñarles la humildad que procura la salvación. Que el pescador pase primero.”

Fuente: San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

martes, 1 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 02/09/26

El sale y se retira a un lugar desierto”.

Oh tú, que eres mi refugio y mi fuerza, condúceme, como hiciste antiguamente con tu siervo Moisés, al corazón de tu desierto, a la llama que arde sin consumirse (cf. Ex 3), allí donde el alma, invadida por el fuego del Espíritu, se vuelve ardiente, sin consumirse, se purifica.

Allí no se puede residir y no se avanza más hasta tener desatados los vínculos de las trabas carnales, allí el que está, sin duda no se deja ver tal cual es, pero sin embargo se le entiende decir: “¡Yo soy el que soy!”Allí él hace bien al cubrirse el rostro para no mirar al Señor cara a cara (2R 19, 23), pero debe ejercer de sacerdote y escuchar, en la humildad de la obediencia, para distinguir lo que dice Dios al interior del corazón.

Mientras tanto, Señor, escóndeme en lo escondido de tu morada (Ps 27,5) durante el día adverso; escóndeme en lo escondido de tu rostro, lejos de las intrigas de las lenguas (Ps 31,2); pues tu yugo es suave y ligera tu carga(Mt 11,30), tú me las has impuesto. Y cuando tu me hagas sentir la distancia de  tu servicio con el  del siglo, con una voz tierna y dulce me pedirás sí es más agradable servirte a ti el Dios vivo, que a los dioses extranjeros. Entonces, yo adoro esta mano que pesa sobre mí  te digo: “¡Ellos, los otros maestros, me han dominado, más que tú bastante tiempo! ¡Yo quiero pertenecerte a ti sólo, pues tu brazo me sostiene!

Fuente: Guillermo de San Teodorico (c. 1085-1148), monje benedictino y después cisterciense