Tener como deseo únicamente la
voluntad de Dios
Con el texto de Isaías “Darás
gloria a Dios siguiendo tus caminos” (cf. Is 51,7), Gertrudis comprendió que el
que reflexiona con anterioridad sobre lo que va a hacer o decir, y viendo que
no es de ninguna utilidad refrena su ímpetu, tendrá una triple ventaja. Primero,
(…) le es dado encontrar en Dios las más suaves delicias. Segundo, los
pensamientos malvados tendrán menos fuerza sobre él. Tercero, en la vida eterna
el Hijo de Dios le acordará una más abundante participación a los frutos de
esta eminente santidad de vida, que le hace hacer frente con imponente nobleza
a la tentación y a triunfar gloriosamente. (…)
Con el texto “He aquí, ya tiene
su recompensa con él” (cf. Is 40,10), Gertrudis comprendió que, en su amor, el
Señor es él mismo la recompensa de sus elegidos. Prodigándose con tanta dulzura
que el alma que lo ama puede decir de verdad que, por efecto de la extrema
bondad del Señor, es recompensada mucho más allá de todo mérito. “Y su obra
está ante él”, significa que habiéndose remitido enteramente a la divina
Providencia, en toda acción tiene el único deseo que la voluntad de Dios le
acuerde ser como perfecta ante él. (…) Ella comprendió que el que haga
sinceramente penitencia de todo lo que haya cometido u omitido y se disponga a
obedecer los preceptos de Dios, será verdaderamente santificado ante Dios.
(…)
Con el texto “Canten al Señor un
cántico nuevo” (cf. Is 42,10), comprendió que cuando canta al Señor un cántico
nuevo, pone en su canto el impulso de un don interior. Esa gracia del impulso
le viene de Dios, por eso, el acto nuevo que resulta será agradable a Dios.
Fuente: Santa Gertrudis de Helfta
(1256-1301), monja benedictina