«El Reino de los cielos se parece
a un propietario…» (Mt 20,1).
El Reino de los cielos se compara
a un padre de familia que contrata trabajadores para cultivar su viña. Sin
embargo ¿quién puede ser más justamente comparado con este padre de familia que
nuestro Creador, que gobierna lo que ha creado, y ejerce en este mundo el
derecho de propiedad sobre sus elegidos como un maestro sobre los servidores
que tiene en su casa? Posee una viña, la Iglesia universal, que ha tenido siempre,
por así decirlo, sarmientos que han producido santos, desde Abel, el justo,
hasta el último elegido que nacerá al final del mundo.
Este Padre de familia contrata
trabajadores para cultivar su viña, desde el amanecer, a la hora tercera, a la
sexta, en la novena y a la 11ª hora, ya que no ha cesado, del comienzo del
mundo hasta el final, de reunir predicadores para instruir a la multitud de
fieles. El amanecer del día, para el mundo, era desde Adán a Noé; la tercera
hora, de Noé a Abraham; la sexta, de Abraham a Moisés; la novena, de Moisés
hasta la llegada del Señor; y la 11ª hora, de la venida del Señor hasta el
final del mundo. Los santos apóstoles han sido enviados para anunciar en esta
última hora, y aunque han llegado tarde, han recibido un salario completo.
El Señor no deja en ningún
momento de enviar obreros para cultivar su viña, es decir para enseñar a su
pueblo. Porque mientras hacía fructificar las buenas costumbres de su pueblo
por los patriarcas, y luego por los doctores de la ley y los profetas, y, por
último, los apóstoles, trabajaba, en cierto modo, cultivando su viña por medio
de sus trabajadores. Todos aquellos que, a una fe recta, han unido las buenas
obras, han sido los obreros de esta viña.
Los trabajadores del principio
del día, de la tercera, de la sexta y de la novena hora representan, pues, el
antiguo pueblo hebreo, que, se aplica… desde el comienzo del mundo, a dar culto
a Dios con una fe recta, y por tanto, no ha cesado, por así decirlo, de
trabajar en el cultivo de la vid. Pero a la 11ª hora, son llamados los paganos,
y es a ellos a quienes se destinan estas palabras: «¿por qué habéis estado
allí, toda la jornada, sin hacer nada? » pues a lo largo de mucho tiempo, los
paganos se habían descuidado de trabajar para la vida eterna, y estaban ahí, en
cierta forma, toda la jornada, sin hacer nada. Pero observad, hermanos, lo que
responden a la pregunta que se les ha planteado: «porque nadie nos ha
contratado». En efecto, ningún patriarca, ni ningún profeta habían llegado a
ellos. Y ¿qué quiere decir: «nadie nos ha contratado para trabajar» sino:
«nadie nos ha predicado el camino de la vida»?
Pero nosotros, ¿qué excusa
pondremos, si no hacemos buenas obras? Recordemos que hemos recibido la fe, al
salir del seno de nuestra madre, escuchado las palabras de vida desde nuestra
cuna, y fueron las ubres de la santa Iglesia el alimento de la doctrina
celestial al mismo tiempo que la leche materna.
Podemos repartir estas diversas
horas del día entre los años de vida del hombre. El amanecer, es la infancia de
nuestra inteligencia. La tercera hora puede aplicarse a la adolescencia, porque
el sol deslumbra ya, por decirlo así, desde la altura, en los ardores de la
juventud que empiezan a calentarse. La sexta hora, es la edad de la madurez: el
sol se establece allí como su punto de equilibrio, ya que el hombre está en la
plenitud de su fuerza. La novena hora designa la vejez, dónde el sol desciende,
en cierto modo, desde lo alto del cielo, para que los ardores de la edad madura
se refresquen. En fin, la undécima hora es la edad que se nombra como vejez
avanzada…
Unos son conducidos a una vida
honrada desde la infancia, otros durante la adolescencia, otros en la edad
madura, otros en la vejez y otros por fin en edad muy avanzada, es como si
fueran llamados a la vid, a diferentes horas del día. Examinad pues vuestro
modo de vivir, hermanos, y ved si vosotros actuáis como obreros de Dios.
Reflexionad bien, y considerad si trabajáis en la vid del Señor… El que se
descuidó de vivir para Dios hasta su última edad, es como el obrero que ha
estado sin hacer nada hasta la undécima hora… «¿Por qué habéis estado todo el
día sin hacer nada?» Es como si dijéramos claramente: «Si no habéis querido
vivir para Dios durante vuestra juventud y edad madura, arrepentíos, por lo
menos, en vuestra última edad… Venid, a pesar de todo, hacia los caminos de la
vida»… ¿No fue a la undécima hora cuando el ladrón regresó? (Lc 23,39s) No fue
por su edad avanzada, sino por el suplicio con que se encontró al llegar a la
tarde de su vida. Confesó a Dios sobre la cruz, y expiró casi en el momento en
el que el Señor le daba su sentencia. Y el Dueño de todo, admitiendo al ladrón
antes que a Pedro en el descanso del paraíso, distribuyó bien el salario
comenzando por el último.
Fuente: San Gregorio Magno, papa
y doctor de la Iglesia