“El que no nazca de agua y de
Espíritu no puede entrar en el reino de Dios”
Con el diálogo de Jesús y Nicodemo, la liturgia invita a profundizar en la novedad pascual del Bautismo cristiano. Y la figura de Nicodemo (presentado tres veces en el evangelio de Juan, como recorriendo un camino discipular: Jn 3,1-12; 7,45-52; 19,38-42) actúa de testimonio pedagógico.
Él, un fariseo, maestro de Israel, parece representar a algunos de su grupo que, lejos de sentirse amenazados con la predicación de Jesús, se sienten llamados y atraídos. Así pues, al peregrinar en la noche hasta encontrar a Jesús, Nicodemo refleja, por una parte, una insatisfacción con su modo de vivir la relación con Dios y lo religioso y, por otra ,una sed, una búsqueda de novedad y hasta una intuición de que en Jesús puede residir esa respuesta anhelada: «los signos que tú realizas…» solo pueden venir de Dios…
Como al joven rico invitado al seguimiento, Jesús invita a Nicodemo a un nuevo nacimiento. Como diciéndole que no se trata solo de “saber sobre Él” sino de “vivir de Él”, se trata de otro modo de vivir, por eso es necesario otro nacimiento.
Cuando Nicodemo pide más explicaciones, Jesús le nombra al Espíritu… confirmando que este nuevo nacimiento no es algo que el interesado realice por sí mismo sino que es algo que se realiza en él. En realidad, nacer es un verbo que esconde su pasividad, pues, propiamente, “somos nacidos”: debemos nuestro nacimiento a nuestra madre, que realiza el trabajo del parto y nos hace nacer.
Y este nuevo nacimiento se lo debemos al Espíritu Santo, que nos va disponiendo a otro modo de vida, un modo de vivir en la libertad que Dios soñó originalmente para nosotros.
¿Cómo nos podremos disponer para que el Espíritu Santo “nos nazca” de lo alto, siempre de nuevo, siempre más?
La figura de Nicodemo nos puede orientar mediante las siguientes interrogantes: ¿cómo reconocer las insatisfacciones, las búsquedas, las intuiciones que nos ponen en camino, aunque sea un poco a tientas? ¿Qué signos reconocemos a nuestro alrededor que indican que Dios está allí, aunque se encuentren en ámbitos novedosos? ¿Qué pasos dar, aún en la noche, para encontrarnos con ese Jesús que nos desafía siempre a un nuevo nacimiento?
Sin duda que los discípulos, al encontrarse con el Resucitado, nacieron de nuevo…por eso fueron transformados y comenzaron a transformar el mundo en Reino de Dios… ¿Nos animamos a seguir su ejemplo?
Fuente: Fray Germán Pravia O.P., Real Convento de Predicadores (Valencia)