viernes, 2 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 03/10/26

“Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”

Los discípulos se reúnen con Jesús tras una campaña evangelizadora que ha tenido muchas satisfacciones. Hay alegría en el grupo porque la predicación del evangelio va haciendo la misión de liberar a la persona humana de todo el mal que la aflige: hasta los demonios se someten al nombre de Jesús.

Jesús aprovecha la ocasión para dar exponer los fundamentos del Reino de Dios. Con la resurrección de Cristo se ha vencido el pecado y la fuerza del mal que ejerce satanás. Esa lucha que de alguna manera hay entre el bien y el mal. Y la de aceptar o no el Proyecto de Dios. Por eso, Jesús continúa dando gracias al Padre, ya que hay un grupo pequeño que está abierto a la fe. Son la gente sencilla que es capaz de reconocer su limitación y la grandeza de Dios. Y lleva a los discípulos a que se hagan el planteamiento siguiente: es una alegría que se vean los frutos del Reino de Dios, sin embargo, la dicha está en que vuestros nombres están inscritos en el cielo. El poder gozar de la presencia de Dios es la mayor recompensa que puede recibir el que se desgasta por anunciar la fe en Jesús.

Por ello, Jesús, concluye con una bienaventuranza sobre el discipulado. Felices vosotros porque tenéis una relación interpersonal con el Hijo de Dios. Estáis viendo cara a cara a Dios y lo estáis escuchando. Que es realmente lo que los profetas, reyes, y cualquier fiel quiere llegar a contemplar. El ansía del corazón del creyente desea fundirse con su creador, como expresa san Agustín en el libro de las Confesiones: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Tener la plenitud de la Vida Eterna.

Todo el contraste que se va manifestando en la vida de fe de los creyentes, luchar contra los interrogantes, con las dudas de fe, con las frustraciones que lleva aparejada la evangelización ¿cómo llegar a la gente? Los esfuerzos y las pocas respuestas de participación, el que no puedas hablar abiertamente de tu fe por el miedo al qué dirán… Frente a la alegría que se siente cuando estás totalmente abandonado a la Providencia.

La alegría que se experimenta cuando dejas a Jesús hacer las cosas y te sorprenden detalles pequeños que te tocan el corazón. La alegría de ver que el Espíritu Santo lleva adelante la misión de la Iglesia. Que el amor de la Trinidad se sigue derramando a manos llenas en aquellos que quieren seguir adelante con el Proyecto del Reino de Dios y que el amor tiene mucha más fuerza y engendra más calidad de vida que la oscuridad del pecado y el mal. Que la sentencia de Jesús: tu nombre está inscrito en el cielo da la bienaventuranza más fuerte que el discípulo puede experimentar frente a los momentos de noche oscura ¡Alégrate!

Fuente: Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P., Convento de Santo Domingo (Caleruega)

jueves, 1 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 02/10/26

«Voy a enviarte un ángel  por delante para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado»

 «A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en todos tus caminos» (Sl 90,11) ¡Qué respeto debe suscitar en ti esta palabra, qué fervor debe hacer nacer en ti, y qué confianza te debe inspirar! El respeto a causa de su presencia, el fervor a causa de su benevolencia, la confianza a causa de su vigilancia... Ellos están aquí, a tu lado, y no solamente contigo sino para ti. Están presentes para protegerte, para socorrerte. ¿Cómo pagarás al Señor todo el bien que te ha hecho? (Sl 115, 3) Es a él solo a quien se debe rendir honor por esta ayuda; es él quien ha dado estas órdenes. «Todo don perfecto» (St 1,17) no puede venir más que de él. Pero no podemos dejar de agradecer, respecto a los ángeles, su gran caridad con la que obedecen y la gran necesidad que tenemos de su ayuda.

Seamos, pues, respetuosos y agradecidos  por la vigilancia que nos ofrecen; amémoslos agradecidos y honrémoslos tanto como podamos, pues tanto les debemos... En Dios amemos a sus ángeles, sabiendo que un día ellos serán coherederos con nosotros y que ya desde ahora el Padre dispone y ordena que nos hagan de guías y educadores. Porque ya «desde ahora somos hijos de Dios» aunque esto no aparezca ahora con claridad (1Jn 3,2), puesto que somos hijos todavía sometidos a intendentes y educadores, y de momento, en nada diferimos de los siervos.

Sin embargo, por pequeños que seamos y por largo y peligroso que sea el camino que nos falta recorrer, ¿qué podemos temer con tan buena guardia?... Los ángeles son fieles, son prudentes, son poderosos; ¿qué podemos temer? Tan sólo sigámosles, estemos unidos a ellos, y permaneceremos bajo la protección del Dios del cielo.

Fuente: San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia

miércoles, 30 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 01/10/26

"¡Poneos en camino!”

Inauguramos el mes de las misiones, el mes de octubre, con la celebración de santa Teresita de Lisieux, patrona de las Misiones. Su testimonio de vida es un recordatorio y un aliciente a vivir el Evangelio, con todas sus invitaciones, en el estado de vida y en la vocación concreta en la que Dios nos llama. No existen pasajes evangélicos específicos y exclusivos para los casados, otros para los religiosos, o para los misioneros, como este de hoy. El Evangelio es Cristo, uno y completo en cada Palabra que la liturgia nos ofrece; uno, completo y concreto para cada uno de nosotros hoy.

Esto lo entendió santa Teresita. Vivió de la Palabra y acogió el envío. Todo lo hizo Dios en ella. De su parte solo estuvo el incluirse en el grupo de los 72, como hoy estamos llamados a incluirnos cada uno de nosotros. Y salir de nuestro territorio existencial. No para colonizar mentalidades ni imponer formas de pensar. Salir de nuestro mundo conocido −del que nos hemos adueñado porque ya dominamos−, con una seguridad: que nos encontraremos con Cristo que va por delante. Esa es la primera misión: convertirnos personalmente. Y dejar a Dios ser Dios. Dejar que nos sorprenda. Predicar que el Reino de Dios está cerca, sí. Pero antes, incluso, descubrir que el Reino de Dios está cerca, incluso cuando no nos acogen, nos rechazan, nos desprecian.

Y a esto estamos invitados todos: casados, religiosos, clérigos, enfermos, monjas de clausura, niños y adolescentes, pecadores todos. Esta es nuestra misión: convertirnos para descubrir en cada acontecimiento, cada persona y en nosotros mismos cómo está Dios presente y predicar esta buena noticia: que no estamos solos. No hay condición que nos excluya, ni requisitos previos que nos puedan excusar.

Fuente: Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P., Monasterio de Santo Domingo (Caleruega)

lunes, 28 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 29/09/26

El Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios (1 Cor 2,10)

Grande, poderoso en sus dones, admirable, es el Espíritu Santo. (…) Has visto el poder que ejerce en el mundo entero. Que no te quedes a ras del suelo, sino elévate hacia el cielo. Sube en tus pensamientos al primer cielo y contempla las miríadas de ángeles que allí están. Si puedes, sube con tus pensamientos a mayor altura. Contempla los arcángeles, contempla a los espíritus, mira las Virtudes, (…) las Dominaciones. Dios ha dado al Paráclito como Señor y santificador de todos ellos.

Necesitan de él Elías, Eliseo e Isaías entre los hombres. Entre los ángeles, Miguel y Gabriel. Ninguna de las cosas creadas le iguala en honor. Todas las clases de ángeles y todos los ejércitos juntos no tienen comparación con el Espíritu Santo. A todos ellos eclipsa la potencia sumamente buena del Paráclito. Si alguno de ellos es enviado a realizar un ministerio (Cf. Heb 1, 14), escruta las profundidades de Dios, como dice el Apóstol “El Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios. En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Cor 2,10-11).

Fuente: San Cirilo de Jerusalén (313-350), obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

domingo, 27 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 28/09/26

«El más pequeño entre todos ustedes, ése es realmente grande»

«Vengan, dice Cristo a sus discípulos, y aprendan de mí»,  ciertamente que no a expulsar demonios por el poder del cielo, ni a curar leprosos, ni a devolver la vista a los ciegos, ni a resucitar muertos...; sino, dice él: «Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11:28-29). En efecto, esto es lo que todos podemos aprender y practicar. Hacer signos y milagros no siempre es necesario, ni tan sólo ventajoso para todos, ni tampoco se concede a todos.

Es, pues, la humildad la maestra de todas las virtudes, fundamento inquebrantable de todo el edificio, don magnífico y propio del Señor. El que la posea podrá hacer, sin peligro de enaltecerse, todos los milagros que Cristo obró porque busca imitar al manso Señor, no en la sublimidad de sus prodigios sino en las virtudes de la paciencia y la humildad. Por el contrario, el que está deseoso de mandar a los espíritus impuros, de devolver la salud a los enfermos, de mostrar a las multitudes cualquier signo maravilloso, podrá invocar el nombre de Cristo en medio de toda su ostentación, pero es extraño a Cristo porque su alma orgullosa no sigue al maestro de humildad.

Este es el legado que el Señor hizo a sus discípulos poco antes de volver a su Padre: «Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros; como yo los he amado »; e inmediatamente añade: «En esto conocerán que son mis discípulos: si se aman los unos a los otros» (Jn 13:34-35). Y es cierto que el que no es manso ni humilde no podrá amar así.

Fuente: San Juan Casiano (c. 360-435), fundador de la Abadía de Marsella

Comentario lectura evangelio 27/09/26

La obediencia, ¡base de las obras divinas!

Santa Hildegarda presenta una visión en la que vicio y virtud se responden:

-Desobediencia: “¿Por qué respetar los preceptos de otros? Haciendo eso, desconocemos quienes somos. Somos filósofos creíbles y sabemos más que otros. ¿Cómo no realizaríamos lo que sabemos? Lo que decido en mí-misma, sé cuánto es justo, útil y servicial… Lo que veo, toco, comprendo en mi cabeza, es lo que debo hacer”.

-Obediencia: “Yo, que obedezco, estoy unida a él. Cuando Dios, por su Verbo, ha hecho todo y él dijo “Fiat”, yo era el ojo de la Creación y bajo la orden de Dios, he velado. Así todo fue creado. Pero cuando el primer ángel empezó a vivir, se opuso rápidamente a Dios. Yo dije que sus obras no vivirían porque él quiso ser diferente y hasta trató de atacarme y morderme, pero no le fue posible. Estoy a la base de todas las obras divinas, tanto como el alma para el cuerpo. Ya que la voluntad del hombre cumple lo que él desea, yo soy la voluntad de Dios, terminando lo que Dios empieza… No toco, no quiero, no deseo nada que no sea en Dios… Tú, desobediencia, te asemejas a las hojas muertas, serás barrida como ellas…”

Fuente: Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

viernes, 25 de septiembre de 2026

Comentario lectura evangelio 26/09/26

Recibir y anunciar la pasión de nuestro Redentor

Sin la mínima iniquidad en sí mismo, ya que “no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca” (1 Pe 2,22), el Señor ha sufrido y soportó el sufrimiento de la cruz para nuestra redención. Sólo él, es el único en el mundo que hace subir oraciones puras hacia el Padre. Aún en medio del sufrimiento de su pasión, ha rezado por sus persecutores, diciendo “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen” (Lc 23,24). ¿Qué podemos decir, qué podemos imaginar más alto que acordar la misericordia de la intercesión a los mismos responsables del sufrimiento que soporta? (…)

“Tierra, no cubras mi sangre, que no haya un lugar de descanso para mi clamor” (Jb 16,18) Esta tierra, lo sabemos, no esconde la sangre de nuestro Redentor. Porque recibiendo el valor de su redención, cada pecador lo confiesa, lo alaba y se preocupa de hacerlo conocer a su prójimo. La tierra no se ha cubierto de su sangre porque la Iglesia ya ha predicado el misterio de la Redención en todo el mundo. (…)

Si queremos que el sacramento de la pasión del Señor no permanezca en nosotros en vano, debemos imitar y anunciar a otros el Dios que veneramos. Su grito permanecerá escondido en nosotros si nuestra boca se calla acerca de lo que nuestra alma cree. Para que su grito no permanezca escondido en nosotros, debemos dar a conocer a los que nos rodean, por todos los medios, el misterio de nuestra regeneración.

Fuente: San Gregorio Magno (c. 540-604), papa y doctor de la Iglesia