Hemos escuchado el santo
Evangelio y a Cristo el Señor que habla en él. Sobre lo escuchado, hablaré lo
que él me otorgue. Tal vez, hermanos, me costaría esfuerzo exponeros esta
parábola, pero, como la expuso quien la propuso, me ahorró esa fatiga. El que
leyó el evangelio, lo hizo hasta el pasaje en que el Señor dice: Recoged
primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; y guardad el trigo en el
granero (Mt 13,30). Pero —como está escrito— luego se le acercaron sus
discípulos y le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña (Mt 13,36). Y el
que está en el seno del Padre (Cf Jn 1,18), él mismo la expuso con estas
palabras: El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre, refiriéndose a
sí mismo. El campo es el mundo. La buena semilla son los hijos del reino; la
cizaña, los hijos del maligno. El enemigo que la siembra es el diablo. La siega
es el fin de este mundo; los segadores, los ángeles (Mt 13,37-39). Por tanto,
cuando venga el Hijo del hombre, enviará a sus ángeles y recogerán de su reino
todos los escándalos, y los arrojarán al horno de fuego ardiente; allí será el
llanto y el rechinar de dientes. Entonces refulgirán los justos como el sol en
el reino de su Padre (Mt 13,41-43). He citado palabras de Cristo, el Señor, que
no fueron leídas, pero están así escritas. El Señor, pues, nos expuso lo que
propuso. Ved qué elegimos ser en su campo; considerad cómo nos hallará el día
de la siega. El campo, que es el mundo, es la Iglesia difundida por el mundo.
Quien es trigo persevere hasta la siega; los que son cizaña, conviértanse en
trigo. Porque entre los hombres y las verdaderas espigas y la cizaña real hay esta
diferencia: con referencia a lo que había en el campo, la espiga es espiga y la
cizaña es cizaña. En cambio, en el campo del Señor, esto es, en la Iglesia, a
veces, lo que era trigo se vuelve cizaña y lo que era cizaña se convierte en
trigo; y nadie sabe lo que será en el futuro. Por eso, el padre de familia no
consintió arrancar la cizaña a sus braceros indignados; querían arrancarla,
pero no les permitió separar la cizaña. Hicieron lo que era de su incumbencia y
dejaron la separación a los ángeles. Ellos no querían reservarles la separación
de la cizaña, pero el padre de familia, que conocía a todos y sabía que era
menester dejar para más tarde la separación, les mandó tolerar la cizaña, no
separarla. Habiéndole dicho ellos ¿Quieres que vayamos y la recojamos?,
respondió: No, no sea que, al querer arrancar la cizaña, arranquéis también el
trigo (Mt 13,29). —«Entonces, Señor, ¿estará también la cizaña con nosotros en
el granero?» —«En el momento de la siega diré a los segadores: recoged primero
la cizaña y atadla en gavillas para quemarla (Mt 13,30). Tolerad en el campo lo
que no os acompañará en el granero».
Escuchad, amadísimos granos de Cristo; escuchad, amadísimas espigas de Cristo; escucha, amadísimo trigo de Cristo; miraos a vosotros mismos, retornad a vuestras conciencias, interrogad a vuestra fe, preguntad a Vuestra Caridad, despertad vuestra conciencia; y si reconocéis que sois granos, venga a vuestra mente: Quien persevere hasta el fin, ese se salvará (Mt 10,22). Pero quien, al escudriñar su conciencia, encuentre ser cizaña, no tema cambiar. Todavía no hay orden de cortar, aún no es el momento de la siega; no seas hoy lo que eras ayer, o no seas mañana lo que eres hoy. ¿De qué te sirve decir que alguna vez cambiarás? Dios te ha prometido el perdón una vez que hayas cambiado; no te ha prometido el día de mañana. Tal como seas al salir del cuerpo, así llegarás a la siega. Muere alguien —no sé quién— que era cizaña; ¿acaso tiene entonces la posibilidad de convertirse en trigo? Es aquí, en el campo, donde el trigo puede convertirse en cizaña y la cizaña en trigo; aquí es posible; pero entonces, es decir, después de esta vida, será el momento de recoger lo que se obró, no de hacer lo que no se obró. Mas quien sea como la cizaña y quiera separarse del campo de Cristo, el Señor, no será trigo, pues si lo fuese seguiría siéndolo. ¿Por qué teme el trigo a la cizaña? Dejad que crezcan juntos hasta la siega (Mt 13,30), dice el padre de familia. Crezcan juntos, los segadores no yerran y saben de qué hacer las gavillas y arrojarlas al fuego. Con el trigo no se pueden hacer gavillas y enviarlas al fuego. Las gavillas manifiestan la separación. Arrio tiene allí su gavilla, Eunomio tiene allí su gavilla, Fotino tiene allí su gavilla, Donato tiene allí su gavilla, Manes tiene allí su gavilla, Prisciliano tiene allí su gavilla. Todas estas gavillas serán arrojadas al fuego; esté tranquilo el trigo, en el granero se alegrará sin mezcla de malos.
Pero ¿dónde no ha sembrado cizaña el enemigo? ¿Qué clase, qué campo de trigo halló en que no esparció cizaña? ¿Acaso la sembró entre los laicos y no entre los clérigos, o entre los obispos? ¿O la sembró entre los casados, pero no entre los que profesan castidad? ¿O la sembró entre las casadas y no entre las monjas? ¿O la sembró en las casas de los laicos y no en las comunidades de monjes? Por doquier la esparció, por doquier la sembró. ¿Qué dejó sin mezclar en él la cizaña con el trigo? Pero, demos gracias a Dios, porque quien se dignará separar, no sabe errar. No se oculta a Vuestra Caridad que la cizaña se encuentra también en cualquier mies eminente y encumbrada. La cizaña se halla también entre los que profesan la santidad. Y decís: «Se han hallado malos en tal lugar; también allí, también en tal comunidad». En todas partes se han hallado malos, pero los malos no reinarán con los buenos. ¿Por qué te extrañas de haber descubierto malos en un lugar santo? ¿Ignoras que el primer pecado —de desobediencia— ocurrió en el paraíso y que por esa desobediencia cayó el ángel? ¿Acaso manchó el cielo? Cayó Adán (Cf Gn 3); ¿acaso infeccionó el paraíso? Cayó uno de los hijos de Noé (Cf Gn 9,20-22); ¿acaso contaminó la casa del justo? Cayó Judas (Cf Mt 26,48-50); ¿acaso contaminó al coro de los Apóstoles? A veces, según la estimación humana, se cree que algunos son trigo, pero son cizaña; o se cree que algunos son cizaña, pero realmente son trigo. Con la mente puesta en que ignoramos qué es cada cual, dice el Apóstol: No juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, e ilumine lo que esconden las tinieblas; entonces manifestará los pensamientos del corazón, y entonces cada uno recibirá de Dios su alabanza (1Co 4,5). La alabanza humana es transitoria. A veces un hombre alaba al malo sin saberlo; a veces el hombre acusa al santo sin saberlo. ¡Dios perdone a los que no saben y socorra a los que sufren a causa de esa ignorancia!
Fuente: San Agustín, obispo