jueves, 27 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 28/08/26

«Nuestras lámparas se apagan»

«Las cinco vírgenes insensatas, al coger sus lámparas, habían olvidado llevarse con ellas el aceite; por el contrario, las sensatas junto con sus lámparas traían aceite en jarros.» Aquí el aceite quiere significar el resplandor de la gloria; los jarros, son los corazones dentro de los cuales llevamos todos nuestros pensamientos. Las vírgenes prudentes llevan aceite en sus jarros, porque guardan dentro de su conciencia todo el resplandor de su gloria, tal como lo dice san Pablo: «Nuestra gloria es el testimonio de nuestra conciencia» (2Co 1,12). Las vírgenes insensatas, por el contrario, no llevan el aceite con ellas porque no llevan su gloria en lo secreto de su corazón, es decir, ellas piden  su gloria a las alabanzas de otros.

«Pero a medianoche, se oye un grito: ‘¡Mirad que llega el Esposo, salid a su encuentro!’». Y todas las vírgenes se levantan. Pero las lámparas de las vírgenes insensatas se apagan porque sus obras, que a los ojos de los hombres y de lejos parecían resplandecientes, por dentro, a la llegada del Juez, no son más que tiniebla; no reciben de Dios ninguna recompensa, puesto que han recibido ya de los hombres las alabanzas que querían.

Fuente: San Gregorio Magno (c. 540-604),papa y doctor de la Iglesia

miércoles, 26 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 27/08/26

¡Feliz el servidor que se encuentra velando!

Queridísimo y bien amado Hermano en Cristo Jesús: Yo, Catalina, sierva y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo un señor justo en el ejercicio del poder que le es confiado. (…)

Debemos ser justos y guardar con justicia la ciudad de nuestra alma, viviendo en el verdadero y santo temor de Dios. Tenemos que amar la virtud y detestar el vicio y de esta forma, apreciaremos la Sangre de Jesús crucificado. La verdadera y santa justicia brillará entonces en usted, será un señor justo y bueno para su alma y para su prójimo. Por eso le he dicho que deseaba verlo como un señor justo, para que mantenga el derecho y la justicia en el cargo que tiene, viviendo con justicia.

Queridísimo Hermano, no siga durmiendo, sacúdase del sueño con celo. Retornemos hacia nosotros, no esperemos otro tiempo ya que el tiempo no espera más: el tiempo va más rápido de lo que imaginamos. Quisiera que saliéramos de nuestra posición y rompiéramos los lazos que nos atan, ya que lo que está atado no puede avanzar. Es necesario que avancemos en el camino de la virtud, siguiendo la doctrina de Jesús crucificado, que es el Camino, la Verdad y la Vida. El que lo sigue no marcha en las tinieblas sino en la luz. Tenemos entonces que caminar en este camino, bueno y recto.

Fuente: Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

martes, 25 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 26/08/26

«Oh Dios, crea en mí un corazón puro»

«Rasgad vuestros corazones, dice el profeta, y no vuestras vestiduras». ¿Quién de entre vosotros tiene la voluntad particularmente apegada a no ceder, a entestarse? Que rasgue su corazón con la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios. Que lo rasgue y lo reduzca a polvo porque nadie puede convertirse al Señor si no es con un corazón roto... Escucha a un hombre según el corazón de Dios: «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». Está firme tanto para la adversidad como para la prosperidad, se mantiene firme tanto para las cosas humildes como para las más elevadas, está firme y a punto para todo lo que tú ordenarás... «Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme». ¿Quién está a punto, como David, tanto para salir como para entrar y andar según la voluntad del Rey?

Fuente: San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia

lunes, 24 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 25/08/26

Purifica primero el interior de tu alma

La confesión de los pecados (acusación), incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Por la confesión, el hombre se enfrenta a los pecados de que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro. La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la Penitencia... “Cuando los fieles de Cristo se esfuerzan por confesar todos los pecados que recuerdan, no se puede dudar que están presentando ante la misericordia divina para su perdón todos los pecados que han cometido...  Porque si el enfermo se avergüenza de descubrir su llaga al médico, la medicina no cura lo que ignora" (Concilio de Trento: DS 1680; cf San Jerónimo, Commentarius in Ecclesiasten 10, 11).

Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez la año, fielmente sus pecados graves"... Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (cf Concilio de Trento: DS 1680; CIC 988, §2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf Lc 6,36)... “Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras buenas, porque repruebas las tuyas malas...  Practicas la verdad y vienes a la luz” (San Agustín; Jn 12, 13).

Fuente: Catecismo de la Iglesia Católica, § 1455-1458

domingo, 23 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 24/08/26

Ven y verás”: el apóstol Bartolomé – Natanael encuentra al Hijo de Dios

Tradicionalmente, el apóstol Bartolomé se identifica con Natanael. Este Natanael venía de Caná (Jn 21,2) y es pues, probable, que haya sido testigo del gran signo que Jesús hizo en este lugar (Jn 2, 1-11). La identificación de los dos personajes viene, probablemente, motivada por el hecho de que este Natanael, en la escena de la llamada que narra el evangelio de Juan, se encuentra al lado de Felipe, es decir, en el lugar que ocupa Bartolomé en las listas de los apóstoles que nos han dejado los otros evangelios.

A este Natanael, Felipe le había contado cómo habían encontrado “a aquél de quien hablan la ley de Moisés y los profetas: a Jesús, hijo de José, de Nazaret”. Como sabemos, Natanel le opone un prejuicio muy rápido: “¡De Nazaret! ¿Puede salir de allí algo bueno?” Esta especie de respuesta es, a su manera, importante para nosotros. En efecto, nos hace ver como, según las esperanzas judías, el Mesías no podía venir de un pueblo tan poco importante como Nazaret (cf  Jn 7, 42). Pero al mismo tiempo, pone en evidencia la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas  haciendo que le encontremos, precisamente, allí donde de ninguna manera le esperamos. Por otro lado, sabemos que Jesús no era, en realidad, exclusivamente “de Nazaret” sino que había nacido en Belén y que, al fin y al cabo, venía del cielo, del Padre que está en los cielos.

La historia de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús no debemos contentarnos tan solo con palabras. En su respuesta, Felipe dirige a Natanael una invitación importante: “¡Ven y verás!”. Nuestro conocimiento de Jesús tiene necesidad, sobre todo, de una experiencia viva. Ciertamente es importante el testimonio de otro, pero, normalmente, toda nuestra vida cristiana comienza por el anuncio que nos llega gracias a uno o varios testimonios, más, enseguida, somos nosotros mismos quienes debemos estar personalmente implicados en una relación íntima y profunda con Jesús.

Fuente: Benedicto XVI, papa 2005-2013

sábado, 22 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 23/08/26

Construir el edificio de nuestra alma

Queridísimo y bien amado padre en Cristo Jesús: Yo, Catalina, sierva y esclava de servidores de Jesucristo, le escribo en su preciosa Sangre, con el deseo de verlo una piedra firme, fundada sobre el buen Jesús, la piedra inquebrantable.

Querido padre, ¿existe algo mejor y más bueno que construir el edificio de nuestra alma? Sí, es algo muy bueno haber encontrado la piedra, el arquitecto y el obrero que se necesitan para este edificio. ¡Oh, el buen arquitecto que es el Padre eterno, en el que reposan sabiduría, ciencia y bondad infinitas! Nuestro Dios es el que Es, todo lo que es se recibe de Él. Es un Señor que realiza todo lo que es útil y sólo quiere nuestra santificación. Todo lo que da o permite, es por nuestro bien, para purificarnos de nuestros pecados o para aumentar en nosotros la gracia y la perfección. Es un buen señor que sabe bien edificar y nos da todo lo que necesitamos. (…)

Hemos perdido la gracia por el pecado cometido y él vino a unirse e injertarse en nuestra naturaleza, se dio completamente a nosotros, ya que su virtud está en su Hijo. Lo ha hecho artista también, dándole su poder, lo ha hecho piedra como escribe san Pablo “Nuestra piedra es Cristo” (1 Cor 10,4). Lo hizo servidor y obrero del edificio, ya que la caridad, el amor inefable con el que ofreció su vida y su sangre, ha preparado el cimiento y nada nos falta ahora.

Regocijémonos estremeciéndonos de alegría, porque tenemos un buen arquitecto, una piedra excelente y un obrero que nos ha cimentado con su sangre. Su obra es tan sólida que, si nosotros consentimos, ni el demonio, ni las criaturas, ni el granizo, ni la tempestad, ni el viento, podrán nunca destruir el edificio.

Fuente: Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

viernes, 21 de agosto de 2026

Comentario lectura evangelio 22/08/26

«El mayor entre vosotros será vuestro servidor» (Mt 23,11)
Tercera, 1-3: PG 34, 467-470

Los hermanos, hagan lo que hagan, deben mostrarse caritativos y gozosos los unos para con los otros. El que trabaja hablará así del que ora: «El tesoro que posee mi hermano, es también mío, puesto que todo nos es común». Por su parte, el que ora dirá del que lee: «El beneficio que saca de su lectura me enriquece a mí también». Y también el que trabaja dirá: «Es por interés hacia la comunidad que cumplo este servicio».

Los múltiples miembros del cuerpo no forman más que un solo cuerpo y mutuamente se sostienen cumpliendo cada uno su tarea. El ojo ve para todo el cuerpo; la mano trabaja para los demás miembros; el pie, al andar, los lleva a todos con él; un miembro sufre cuando otro miembro sufre. Es así tal como los hermanos se deben comportar los unos con los otros (cf Rm 12, 4-5). El que ora no juzgará al que trabaja pensando que no ora... El que sirve, no juzgará a los demás. Por el contrario, cada uno, haga lo que haga, lo hace para la gloria de Dios (cf 1C 10,31; 2C 4,15).

Así una gran concordia y una serena armonía formarán «el vínculo de la paz» (Ef 4,3), que les unirá entre sí y les hará vivir con transparencia y simplicidad bajo la mirada amorosa de Dios. Evidentemente que lo esencial es perseverar en la oración. Por otra parte sólo se requiere una cosa: cada uno debe poseer en su corazón este tesoro que es la presencia vivificante y espiritual del Señor. Tanto si trabaja, como si ora o lee, cada uno debe poder decir que posee este bien imperecedero que es el Espíritu Santo.

Fuente: San Macario