“Quien pide, recibe”
En este pasaje del evangelio,
Jesús nos enseña la necesidad de la oración, concretamente la oración de
petición, que es la que más utilizamos pues estamos muy necesitados de Dios.
Nos revela cómo es el corazón de
Dios –un Padre bueno que da cosas buenas a quien se lo pide-. Y concluye con
una enseñanza magistral:Tratad a los demás como queréis que ellos os traten,
porque en esto consiste la ley y los profetas.
Esta enseñanza recuerda un dicho
rabínico: “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo. En esto está
toda la ley, el resto es sólo una explicación”. Jesús aplica esta ley en forma
positiva, pues no vino a abolir sino a dar plenitud. No se trata de “no hacer”,
sino de estar siempre atentos por el bien de los demás. Esto es lo que nos
lleva a una verdadera conversión, descentrándonos de nosotros mismos para que
nuestro centro sea Dios y en Él, todos los demás.
Hace poco nos visitó una señora
muy buena y que ha sufrido mucho en la vida. En medio de la conversación nos
dijo que ella creía en Dios pero no tenía necesidad de ir a misa. A
continuación nos dijo que lo único que deseaba era que sus hijos la visitasen,
aunque sólo fuese una vez al mes, y sentarlos a su mesa y compartir una comida
en la que les contasen todas sus cosas. Yo le dije: - Pues eso mismo quiere
Dios, tu Padre, de ti: que vengas a su encuentro, cada domingo, te sientes a su
mesa y Él te alimente con el Pan de su Palabra y el Pan de su Eucaristía; que
le cuentes tus cosas, aunque Él ya las sabe pero quiere escucharte…
Y es que, en ese “tratad a los
demás”, también entra Dios.
Oración
Señor Dios mío, Tú que nos
dijiste: “Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá”,
te pido que me envíes tu Santo Espíritu. Que Él venga en ayuda de mi debilidad
y me inunde de sus Dones para que mi vida de sus frutos: amor, alegría, paz,
comprensión, servicialidad, bondad, dulzura, dominio de sí. Que en todo busque
hacer y vivir según tu voluntad y no la mía. Que llame a la puerta de tu
Corazón para que, acogida y abrazada por tu misericordia, aprenda a ser
misericordiosa como Tú. AMÉN
Fuente: Sor Mª Montserrat Román
Sánchez O.P., Monasterio Santa María la Real (Bormujos, Sevilla)