lunes, 9 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 09/03/26

Hoy, en el Evangelio, Jesús nos dice «que ningún profeta es bien recibido en su patria» (Lc 4,24). Jesús, al usar este proverbio, se está presentando como profeta.

Profeta” es el que habla en nombre de otro, el que lleva el mensaje de otro. Entre los hebreos, los profetas eran hombres enviados por Dios para anunciar, ya con palabras, ya con signos, la presencia de Dios, la venida del Mesías, el mensaje de salvación, de paz y de esperanza.

Jesús es el Profeta por excelencia, el Salvador esperado; en Él todas las profecías tienen cumplimiento. Pero, al igual que sucedió en los tiempos de Elías y Eliseo, Jesús no es “bien recibido” entre los suyos, pues son estos quienes llenos de ira «le arrojaron fuera de la ciudad» (Lc 4,29).

Cada uno de nosotros, por razón de su bautismo, también está llamado a ser profeta. Por eso:

1º. Debemos anunciar la Buena Nueva. Para ello, como dijo el Papa Francisco, tenemos que escuchar la Palabra con apertura sincera, dejar que toque nuestra propia vida, que nos reclame, que nos exhorte, que nos movilice, pues si no dedicamos un tiempo para orar con esa Palabra, entonces sí seremos un “falso profeta”, un “estafador” o un “charlatán vacío”.

2º Vivir el Evangelio. De nuevo el Papa Francisco: «No se nos pide que seamos inmaculados, pero sí que estemos siempre en crecimiento, que vivamos el deseo profundo de crecer en el camino del Evangelio, y no bajemos los brazos». Es indispensable tener la seguridad de que Dios nos ama, de que Jesucristo nos ha salvado, de que su amor es para siempre.

3º Como discípulos de Jesús, ser conscientes de que así como Jesús experimentó el rechazo, la ira, el ser arrojado fuera, también esto va a estar presente en el horizonte de nuestra vida cotidiana.

Que María, Reina de los profetas, nos guíe en nuestro camino.

Fuente: Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE, (Cobourg, Ontario, Canadá)

domingo, 8 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 08/03/26

Hoy, como en aquel mediodía en Samaría, Jesús se acerca a nuestra vida, a mitad de nuestro camino cuaresmal, pidiéndonos como a la Samaritana: «Dame de beber» (Jn 4,7). «Su sed material —nos dice san Juan Pablo II— es signo de una realidad mucho más profunda: manifiesta el ardiente deseo de que, tanto la mujer con la que habla como los demás samaritanos, se abran a la fe».

El Prefacio de la celebración eucarística de hoy nos hablará de que este diálogo termina con un trueque salvífico en donde el Señor, «(...) al pedir agua a la Samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino».

Ese deseo salvador de Jesús vuelto “sed” es, hoy día también, “sed” de nuestra fe, de nuestra respuesta de fe ante tantas invitaciones cuaresmales a la conversión, al cambio, a reconciliarnos con Dios y los hermanos, a prepararnos lo mejor posible para recibir una nueva vida de resucitados en la Pascua que se nos acerca.

«Yo soy, el que te está hablando» (Jn 4,26): esta directa y manifiesta confesión de Jesús acerca de su misión, cosa que no había hecho con nadie antes, muestra igualmente el amor de Dios que se hace más búsqueda del pecador y promesa de salvación que saciará abundantemente el deseo humano de la Vida verdadera. Es así que, más adelante en este mismo Evangelio, Jesús proclamará: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: ‘De su seno correrán ríos de agua viva’» (Jn 7,37b-38). Por eso, tu compromiso es hoy salir de ti y decir a los hombres: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho…» (Jn 4,29).

Fuente: P. Julio César RAMOS González SDB, (Mendoza, Argentina)

sábado, 7 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 07/03/26

Volveré a casa de mi padre como el hijo pródigo y seré acogido. Como hizo él, lo haré yo también. ¿No me escuchará? A tu puerta, Padre misericordioso, llamaré. ¡Ábreme, que entre, que no me pierda de nuevo y muera! Tú me has constituido heredero tuyo, y yo he dilapidado mi herencia. ¡Trátame como a uno de tus jornaleros.

Como del publicano ¡ten piedad de mí y viviré! Como a la pecadora ¡perdóname mi pecado, Hijo de Dios! Como a Pedro ¡sácame de las aguas de mi bajeza, que no me hunda! Como a la oveja perdida ¡búscame y me encontrarás y sobre tus hombres, Señor, llévame a la casa del Padre!

Como al ciego, ¡ábreme los ojos, que vea la luz! Como al sordo ¡ábreme los oídos y escucharé tu voz! Como al paralítico ¡cura mi enfermedad y alabaré tu nombre! Como al leproso ¡con tu hisopo purifícame de mis inmundicias! (Sal 50,9) Como a la niña, hija de Jairo, ¡dame la vida, oh Señor! Como a la suegra de Pedro, ¡cúrame porque estoy enfermo! Como al joven ¡hijo de la viuda, levántame! Como a Lázaro, ¡llámame por tu voz y desata mis vendas! Ya que estoy muerto por el pecado, como por una enfermedad. ¡Levántame de mi desastre para que alabe tu nombre! Te lo pido, Señor de tierra y cielo, ¡ven en mi auxilio y muéstrame el camino para que llegue hasta ti! ¡Llévame hasta ti, Hijo del Sumo Bien y colma tu misericordia! Iré hacia ti y me saciaré de tu alegría.

Fuente: Santiago de Sarug

jueves, 5 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 06/03/26

Dar fruto

El Señor no cesa de comparar las almas humanas a las viñas: «Mi amigo tenía una viña en un fértil otero» (Is 5,1); «Planté una viña y la rodeé de una cerca» (Mt 21:33). Evidentemente que Jesús llama su viña a las almas humanas, que las ha cercado, como con una clausura, con la seguridad que dan sus mandamientos y la protección que les proporcionan sus ángeles, porque «el ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege» (Sl 33:8). Seguidamente plantó alrededor nuestro como una valla  poniendo en la Iglesia «en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los que están encargados de enseñar» (1C 12:28). Además, por los ejemplos de los santos hombres de otros tiempos, hace elevar nuestro pensamiento sin dejarlos caer en tierra donde serían pisoteados. Quiere que los ardores de la caridad, como los sarmientos de una vid, nos aten a nuestro prójimo y nos hagan descansar en él. Así, manteniendo constantemente nuestro impulso hacia el cielo, nos elevemos como viñas que trepan hasta las más altas cimas.

Nos pide también que consintamos en ser escardados. Un alma escardada aleja de ella las preocupaciones del mundo que no son más que una carga para nuestros corazones. Así, el que aleja de sí mismo el amor de este mundo y su apego a las riquezas o que tiene por detestable y menospreciable la pasión por esta miserable y falsa vanagloria irrisoria ha sido, por así decirlo, escardado, y respira de nuevo, librado ya de la carga inútil de las preocupaciones de este mundo.

Pero, para mantenernos en la misma línea de la parábola, es preciso que no produzcamos únicamente madera, es decir, que vivamos con ostentación, ni que busquemos ansiosamente la alabanza de los de fuera. Es necesario que demos fruto reservando nuestras obras para ser mostradas tan sólo al verdadero propietario de la viña.

Fuente: San Basilio (c. 330-379), monje y obispo de Cesárea en Capadocia, doctor de la Iglesia

miércoles, 4 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 05/03/26

¡Almas santas, ofrézcanme agua fresca!

Soporta tu exilio ya que Dios lo quiere. ¡Gran cosa para ti! Viviré en esta vida, mi Jesús, y la esperanza y el silencio serán mi fuerza, mientras dure esta miserable vida. Mi Creador y mi Dios, en la espera, haga arder en mi corazón la bella llama de su amor… Oh único centro de toda mi felicidad, Dios mío, ¿cuánto tengo que esperar todavía?... Vea Señor que mi mal no tiene remedio… Oh Señor, ¿cuándo? ¿Cuándo? ¿Hasta cuándo?

¡Oh almas santas que libres de todo tormento son ya felices en el Cielo en el manantial de soberanas bondades, cuánto quisiera también esa felicidad! Por piedad, ya que están tan cerca de la fuente de la vida, ya que me ven morir de sed en este mundo de abajo, ofrézcanme un poco de esta agua tan fresca.

Almas afortunadas, lo confieso: he malgastado mi parte, he guardado mal la piedra tan preciosa. Pero ¡viva Dios! ¡Siento que hay un remedio para esta falta! Almas bienaventuradas, háganme el favor de ayudarme. Como no pude encontrar en el reposo y en la noche lo que mi alma necesitaba, me levantaré como la esposa del Cantar de los Cantares y buscaré al que mi alma ama “Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma” (Ct 3,2). Lo buscaré siempre, lo buscaré en todo, y no me detendré hasta haberlo encontrado en el linde de su Reino…

Fuente: San [Padre] Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino

martes, 3 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 04/03/26

«El que se enaltece será humillado; el que se humilla será enaltecido» (Lc 18,14)

«Es en vano que madruguéis» (Salmo (126,2)... Así eran los hijos de Zebedeo quienes, antes de haber sufrido la humillación en  conformidad con la Pasión del Señor, ya habían escogido su sitio, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Querían «levantarse antes de la Aurora»... También Pedro se había levantado antes de la Aurora, cuando dio al Señor el consejo de que no sufriera por nosotros. Efectivamente, el Señor había hablado de su Pasión que debía salvarnos y de sus humillaciones, y Pedro, que poco antes había confesado que Jesús era el Hijo de Dios, se estremeció ante la idea de su muerte y le dijo: ¡No lo permita Dios, Señor! Sálvate a ti mismo. Eso no puede pasarte.» (cf Mt 16,22). Quería ser más que la Luz, dar un consejo al que es la Luz. Pero, ¿qué hace el Señor? Ha hecho que se ponga detrás de la Luz diciéndole: «¡Quítate de mi vista»... «Ponte detrás de mí para que yo camine delante de ti y tú me sigas. Pasa por el mismo camino que yo, en lugar de querer enseñarme el camino por el que tú quieres andar»...

¿Por qué, pues, hijos del Zebedeo, queréis pasar antes que el Día? Esta es la pregunta que es preciso ponerles; no se van a enfadar porque estas cosas están ya escritas para ellos con el fin de que nosotros sepamos preservarnos del orgullo al cual ellos han caído. ¿Por qué querer pasar antes que el Día? Es en vano. ¿Queréis veros enaltecidos antes de ser humillados? El mismo Señor vuestro, el que es vuestra luz, se humilló para ser enaltecido. Escuchad lo que dice Pablo: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo... Actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo (Flp 2,6s)

Fuente: San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

lunes, 2 de marzo de 2026

Comentario lectura evangelio 03/03/26

Hoy, con mayor razón, debemos trabajar por nuestra salvación personal y comunitaria, como dice san Pablo, con respeto y seriedad, pues «ahora es el día de la salvación» (2Cor 6,2). El tiempo cuaresmal es una oportunidad sagrada dada por nuestro Padre para que, en una actitud de profunda conversión, revitalicemos nuestros valores personales, reconozcamos nuestros errores y nos arrepintamos de nuestros pecados, de modo que nuestra vida se vaya transformando —por la acción del Espíritu Santo— en una vida más plena y madura.

Para adecuar nuestra conducta a la del Señor Jesús es fundamental un gesto de humildad, como dice el Papa Benedicto: «Que [yo] me reconozca como lo que soy, una creatura frágil, hecha de tierra, destinada a la tierra, pero además hecha a imagen de Dios y destinada a Él».

En la época de Jesús había muchos "modelos" que oraban y actuaban para ser vistos, para ser reverenciados: pura fantasía, personajes de cartón, que no podían estimular el crecimiento y la madurez de sus vecinos. Sus actitudes y conductas no mostraban el camino que conduce a Dios: «No imitéis su conducta, porque dicen y no hacen» (Mt 23,3).

La sociedad actual también nos presenta una infinidad de modelos de conducta que abocan a una existencia vertiginosa, alocada, debilitando el sentido de trascendencia. No dejemos que esos falsos referentes nos hagan perder de vista al verdadero maestro: «Uno solo es vuestro Maestro; (…) uno solo es vuestro Padre; (…) uno solo es vuestro Doctor: Cristo» (Mt 23,8.9.10).

Aprovechemos la cuaresma para fortalecer nuestras convicciones como discípulos de Jesucristo. Tratemos de tener momentos sagrados de "desierto" donde nos reencontremos con nosotros mismos y con el verdadero modelo y maestro. Y frente a las situaciones concretas en las que muchas veces no sabemos cómo reaccionar podríamos preguntarnos: ¿qué diría Jesús?, ¿cómo actuaría Jesús?

Fuente: Pbro. Gerardo GÓMEZ, (Merlo, Buenos Aires, Argentina)