La santidad de los hijos, a
imagen del Hijo
El Padre celestial nos ha dado un ideal de santidad… Nos ha predestinado a devenir semejantes, no a cualquier criatura ni a un ángel, sino a su Hijo (…). San Pablo nos revela este pensamiento del Padre cuando dijo que nos ”ha predestinado a reproducir la imagen de su Hijo” (Rom 8,29). Dios nos asigna un modelo divino de perfección. Desea encontrar en nosotros los rasgos de su Hijo encarnado y así ver nuestra alma resplandecer con su reflejo de santidad. (…)
Dios, océano de perfección, incomprensible para toda inteligencia creada, comprende inmediatamente, en su infinitud, la plenitud de sus grandezas. Expresa su conocimiento en un pensamiento, en una palabra única: su Verbo. Comunica al Verbo toda du vida divina, toda su luz, todo lo que es. Esta generación en el seno del Padre, siendo la vida misma de Dios, no tiene comienzo ni fin. En este momento que les hablo, en una exultación infinita dice a su Hijo “Tu eres mi Hijo. Hoy-en un presente eterno- yo te engendro” (cf. Sal 2,7). El Padre nos ha dado al Hijo como modelo y fuente de santidad. “En él residen todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia de Dios” (Col 2,3). Una eternidad de contemplación no alcanzará para agotar el conocimiento de este misterio y para agradecer a Dios por su benevolencia. (…)
“La filiación natural y eterna del Verbo en el seno del Padre es el ejemplar sublime de nuestra filiación adoptiva”, escribe santo Tomás de Aquino (Sermón XXXI). Entonces, la santidad propia a la humanidad del verdadero Hijo único de Dios, debe también ser el modelo de la santidad de los hijos de adopción.
Fuente: Beato Columba Marmion (1858-1923), abad
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