Parece que es una constante humana el pretender la grandeza identificándola con el poder y la riqueza. Hablamos de amor, hablamos de los pobres, hablamos de humildad, hablamos de servicio, pero seguimos ansiando el poder. Preferimos estar sentados y que nos laven los pies, a ceñirnos la toalla, arrodillarnos y lavárselos nosotros a los demás hombres.
Nos da miedo perder poder. Pensamos que estando en el poder podremos hacer las cosas buenas que la sociedad necesita para ser feliz y vivir en paz y nos engañamos y fracasamos, porque lo verdaderamente necesario es hacernos como un niño: sin poder, sin derecho a la palabra, pero siempre dispuesto a servir al prójimo.
(Fuente nocetnam)
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