sábado, 26 de septiembre de 2020

Comentario lectura evangelio 27/09/20

Hoy con el evangelio en la mano nos damos cuenta de que nuestro “si” no siempre es sincero ni creíble. Muchas veces está condicionado por el quedar bien con alguien o por algo, por salir airosos de algunas situaciones. 

Dios nos hace libres, y desde esa libertad, estamos llamados a cooperar con El. Conoce de antemano los sentimientos más profundos de nuestros corazones. Sabe, perfectamente, cuando nuestros labios emiten sonidos que en nada reflejan nuestro pensamiento. Pero, Dios, ahí está: aguarda, espera, confía una y otra vez en el ser humano.  

-Cuántas familias dicen un “si” al Bautismo; se comprometen ante Dios y ante la Iglesia a educar en cristiano a sus hijos; luego no van en esa dirección adecuada y resulta ser un “no” olvidando cultivar la viña de la fe.

-Cuántos matrimonios, delante del altar, prometen fidelidad en lo bueno y en lo malo. Llegan las dificultades y el egoísmo o la presión del ambiente convierten todo eso en un “no”. Dejan de cultivar la viña del amor.

-En cuántos momentos, sumergidos en celebraciones musicalmente bellas y en impresionantes templos, decimos amar a Dios sobre todo; nos comprometemos a un cambio de vida…..pero salimos de las cuatro paredes del cenáculo festivo y, nuestra vida cristiana, se diluye en medio del océano del mundo. 
 
No es bueno proclamar aquello que se quiere hacer sin llevarlo a cabo. Hay un primer paso para obrar según la voluntad del Señor: hacer el bien implica no hacer mal. Empecemos por ahí: no haciendo mal las cosas. No comprometiéndonos en aquello que, tal vez, supera nuestra capacidad o nuestras fuerzas. No somos más grandes cuando vamos pregonando lo que podemos construir (si luego se queda en paja) o cuando presumimos de estar en todo, pero dejamos a medio camino aquellas responsabilidades que se nos han encomendado.

Demos gracias a Dios porque nos sigue llamando. Lo importante es ser conscientes de que, ciertos caminos que elegimos, nos apartan de Él, de su amor, de su presencia, de su viña y del sendero que nos conduce a la salvación, a la felicidad o la gracia.

No podemos decir “si” al Señor y, luego, marcharnos por otros derroteros totalmente distintos Evangelio.

(Fuente nocetnam: Padre Javier Leoz.)

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