sábado, 25 de agosto de 2018

Comentario lectura evangelio 27/08/18

No hay más ciego que el que no quiere ver, nos mueve muchas veces el sentimiento, otras el interés, alguna vez nos mueve sacar el mejor partido de algo, pero así sólo vemos lo que queremos ver y no la realidad, que no queremos ser sino parecer.

Dios nos pone delante muchas oportunidades para descubrir su presencia y a veces nos empeñamos en dejar esas oportunidades a un lado y seguir el camino fácil de la comodidad y de lo que no nos compromete, porque de esa manera no debemos esforzarnos y hay términos que hoy en día han dejado de tener vigencia en el vocabulario habitual, como son el esfuerzo, el sacrificio, la entrega la generosidad.

Muchos aparecen para salir en la foto que puede mostrar un acto solidario pero no entienden ésta como una actitud de vida y se convierten en ejemplos falsos a seguir.

Ser testigos y dar testimonio supone actuar de forma coherente y hacer lo posible para que las palabras y los hechos sigan el mismo camino.

¿Somos capaces de reconocer las oportunidades que se nos presentan cada día? ¿Cómo es el testimonio?

(Fuente: Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia)

viernes, 24 de agosto de 2018

Santo del Dia: San Bartolome

Bartolomé es uno de los 12 Apóstoles (Mt 10,3).
El apóstol Felipe lo llevó a Jesús. Bartolomé es la misma persona que Natanael, mencionado en el Evangelio de San Juan, donde nos dice que era de Caná. (Jn 21,2)
Los Hechos de los Apóstoles mencionan también su presencia en Pentecostés (1,13).
Según la tradición, después de la ascensión del Señor, predicó el Evangelio en la India, donde recibió la corona del martirio. 
Felipe dice a Natanael que han encontrado al Mesías esperado. Natanael al principio duda al saber que Jesús es de Nazaret. Felipe insistió: «Ven y lo verás.» (v.46). Es entonces que ocurre el encuentro entre Jesús y Natanael.
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» -Le dice Natanael: « ¿De qué me conoces?» -Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» -Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» -Jesús le contestó: « ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» (Jn 1:47-51)

Según la Martiriología Romana, Bartolomé predicó en la India y en Armenia, donde murió mártir. Todavía con vida le arrancaron la piel y fue decapitado por el Rey Astyages en Derbend. Según la tradición este martirio ocurrió en Abanopolis, en la costa occidental del Mar Caspio, después de haber predicado también en Mesopotamia, Persia y Egipto.

Según Eusebius, Pantenus de Alejandría (Siglo II) encontró en la India un Evangelio de San Mateo atribuido a Bartolomé y escrito en hebreo. Dicho evangelio es apócrifo y fue condenado en el decreto de Pseudo-Gelasius.
Las reliquias de San Bartolomé, según una tradición, fueron enterradas en la isla de Lipara y eventualmente fueron trasladadas a Benevento, Italia y después a Roma donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la "Isola San Bartolomeo" del río Tiber. Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canute entregó uno de sus brazos a Canterbury en el siglo XI.
En la iconografía se le representa con barba, un libro y un cuchillo (utilizado en su martirio).

San Bartolomé es patrón de los carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros, sastres, mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros. Se le invoca contra desórdenes nerviosos.

martes, 21 de agosto de 2018

Comentario lectura evangelio 22/08/18

Todos somos iguales ante Dios

Cuántas veces le enmendamos la plana a Dios, cuántas veces, en nuestra pequeñez, pensamos que se ha equivocado con nosotros, que merecemos mucha mejor suerte que éste o aquél. Y es que no entendemos sus acciones, las vemos con los ojos del mundo. Todos somos semejantes ante Él, da igual cómo y cuándo le hayamos conocido, cuándo nos hayamos unido a su pueblo. Él es Padre, y para un padre todos los hijos son iguales. Hermosa parábola en labios de Cristo. Siempre que la leo termino sonriendo al comprobar lo equivocado que estoy, por mucho que crea que lo sé todo de Dios, de mi vida, de mis destinos…

Hay una frase que me parece clave: “¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” La envidia ensucia el alma, la vuelve turbia, la embota. Siempre andamos comparándonos con los demás, valorando la suerte ajena, lamentándonos de la nuestra y no nos damos cuenta de que tenemos un tesoro entre las manos y no lo disfrutamos: ¡Somos hijos de Dios! ¡Todos por igual! Cristo vino a salvarnos a todos sin excepción, nos abrió las puertas de la Gloria de par en par ¡a todos! Al final este pasaje del Evangelio lo podemos resumir en una cosa: la afición que tenemos de juzgar según nuestro criterio, sin pensar en que ha podido llevar a alguien a actuar de una determinada manera. Y con nuestro Padre Dios nos equivocamos, sencillamente no podemos llegar a entender sus planes; pero podemos estar completamente seguros de que son los mejores para nosotros.

Hoy celebramos a La Virgen María Reina ¿Acaso crees que ella entendió del todo lo que Dios le proponía? Y sin embargo no se cuestionó nada y ahí la tenemos: Reina y Madre de toda la humanidad. Pues sigamos su ejemplo y dejémonos llevar por lo que Dios quiere para nosotros.

(Fuente: Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro)

sábado, 18 de agosto de 2018

Santo del Dia: San Bernardo

Nace en Borgoña (Francia) en el año 1090. Formó parte de una familia de siete hijos (una de ellas chica) y todos ellos se hicieron religiosos. 

Bernardo tenía una personalidad impactante y atrayente, por ello, durante algún tiempo se enfrió su fervor y empezó a inclinarse hacia lo mundano. Pero una visión cambió su rumbo y se consagró a la religión y al apostolado. Entró al convento de monjes benedictinos llamado Cister y arrastró a sus hermanos.

Durante su vida fundó más de 300 conventos e hizo llegar a gran santidad a muchos de sus discípulos. Fundó el Convento de Claraval. Lo llamaban "El Doctor boca de miel" porque sus palabras en la predicación eran una verdadera golosina para los que la escuchaban. 

Recorrió Europa poniendo la paz, deteniendo las herejías, corrigiendo errores y reuniendo ejércitos para defender la santa Religión Católica.

viernes, 17 de agosto de 2018

Comentario lectura evangelio 19/08/18

En estos dos próximos domingos, la Iglesia, nos hace reflexionar sobre el tema eucarístico. Entre otras cosas, porque la Iglesia, sabe que bebe y se alimenta de este sacramento que, por lo que sea, algunos de nuestros hermanos o conocidos dejaron de frecuentar.

La Eucaristía, además de ser testamento del mismo Cristo, es alimento para todo creyente. Es un punto en el que convergen Dios y el hombre. Un lugar en el que, la debilidad, se transforma en fuerza invencible. Un momento, que cuando se vive apasionadamente, se entra en comunión perfecta con Dios y se cae en la cuenta de que estamos llamados a ser instrumentos de su amor en medio del mundo.

Si con la Eucaristía, ya nos resulta a algunos mantener encendida la llama de la fe, ¡cuánto más difícil sería sin ella ser fieles a la verdad o en el seguimiento a Jesús!

Hoy nos escandaliza los suicidios que, muchas personas, buscan como única salida para su vida. También, en la vida cristiana, existe la muerte espiritual: cuando dejamos de participar en la asamblea dominical; cuando, hostigados por tanto enemigo, dejamos de apetecer el pan de la vida y el vino de la salvación que es el Cuerpo y la Sangre de Cristo; cuando preferimos tener una fe individual y sin más referencia al evangelio que nuestra forma de ver las cosas, y al mismo Dios, a nuestra manera y con nuestro propio criterio.

Cada vez que comulgamos, además de llenarnos de Dios, nos sentimos llamados a ser sus heraldos. Los pregoneros de su amor y de su poder. De su gracia y de su ternura. Por el contrario, cuando no lo comulgamos, cuando nos dejamos empalagar por el manjar del mundo, corremos el riesgo de quedarnos vacíos, traídos y llevados por el zigzag de los caprichos.

Pidamos al Señor que sea la vida de nuestra vida. La sangre que corra por nuestras venas. El horizonte de nuestra existencia.
(Fuente: Padre Javier Leoz)

martes, 14 de agosto de 2018

Comentario lectura evangelio 16/08/18

¿Cuántas veces tengo que perdonar?

La verdad es que la respuesta de Jesús a la pregunta de Pedro de cuántas veces hay que perdonar al hermano si nos ofende, es clara y rotunda, no siete veces, sino setenta veces siete, es decir, siempre.

Por propia experiencia, sabemos que a veces, resulta difícil perdonar. Hay algunos que afirman que hay acciones que son imperdonables. Jesús no es de la misma opinión. No hay nada, por fuerte que sea, que no sea perdonable y que no debamos perdonar. Jesús, lo deja claro en la parábola de hoy. 

Si Dios nos perdona, y siempre tiene la mano levantada para perdonarnos, nosotros debemos imitarle y perdonar a los hermanos. De lo contrario, con qué cara íbamos a presentarnos a Dios a pedirle que nos perdonase.

Hay una segunda razón para perdonar siempre. Quien no perdona, quien acumula resentimiento, odio… en su corazón contra alguien, es el que sale más perjudicado. El rencor, el odio, el no perdón es algo que no nos deja ser felices, es algo que nos hace daño, que nos aprisiona en sus dañinas redes, convirtiéndonos en sus esclavos, robándonos nuestra libertad.
 
Lo de siempre. Lo mejor es seguir a Jesús. También en lo del perdón es el mejor camino para estar a gusto en la vida. 

(Fuente: Fray Manuel Santos Sánchez)

sábado, 11 de agosto de 2018

Santo del Dia: San Francisco de Asis


(Giovanni di Pietro Bernardone; Asís, actual Italia, 1182 - id., 1226) Religioso y místico italiano, fundador de la orden franciscana. Casi sin proponérselo lideró San Francisco un movimiento de renovación cristiana que, centrado en el amor a Dios, la pobreza y la alegre fraternidad, tuvo un inmenso eco entre las clases populares e hizo de él una veneradísima personalidad en la Edad Media. La sencillez y humildad del pobrecito de Asís, sin embargo, acabó trascendiendo su época para erigirse en un modelo atemporal, y su figura es valorada, más allá incluso de las propias creencias, como una de las más altas manifestaciones de la espiritualidad cristiana.
Hijo de un rico mercader llamado Pietro di Bernardone, Francisco de Asís era un joven mundano de cierto renombre en su ciudad. Había ayudado desde jovencito a su padre en el comercio de paños y puso de manifiesto sus dotes sustanciales de inteligencia y su afición a la elegancia y a la caballería. En 1202 fue encarcelado a causa de su participación en un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia. Tras este lance, en la soledad del cautiverio y luego durante la convalecencia de la enfermedad que sufrió una vez vuelto a su tierra, sintió hondamente la insatisfacción respecto al tipo de vida que llevaba y se inició su maduración espiritual.
Del lujo a la pobreza
Poco después, en la primavera de 1206, tuvo San Francisco su primera visión. En el pequeño templo de San Damián, medio abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Jesucristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación: "Ve, Francisco, repara mi iglesia. Ya lo ves: está hecha una ruina". El joven Francisco no vaciló: corrió a su casa paterna, tomó unos cuantos rollos de paño del almacén y fue a venderlos a Feligno; luego entregó el dinero así obtenido al sacerdote de San Damián para la restauración del templo.
Esta acción desató la ira de su padre, por ello llevó a su hijo ante el obispo de Asís a fin de que renunciara formalmente a cualquier herencia. La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal.
A los veinticinco años, sin más bienes que su pobreza, abandonó su ciudad natal y se dirigió a Gubbio, donde trabajó abnegadamente en un hospital de leprosos; luego regresó a Asís y se dedicó a restaurar con sus propios brazos, pidiendo materiales y ayuda a los transeúntes, las iglesias de San Damián, San Pietro In Merullo y Santa María de los Ángeles en la Porciúncula. Pese a esta actividad, aquellos años fueron de soledad y oración; sólo aparecía ante el mundo para mendigar con los pobres y compartir su mesa.  
La llamada a la predicación
El 24 de febrero de 1209, en la pequeña iglesia de la Porciúncula y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco escuchó una llamada que le indicaba que saliera al mundo a hacer el bien: el eremita se convirtió en apóstol y, descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas. Las primeras (abril de 1209) fueron Bernardo de Quintavalle y Pedro Cattani, a los que se sumó, tocado su corazón por la gracia, el sacerdote Silvestre; poco después llegó Egidio.
San Francisco de Asís predicaba la pobreza como un valor y proponía un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios. Hay que recordar que, en aquella época, otros grupos que propugnaban una vuelta al cristianismo primitivo habían sido declarados heréticos, razón por la que Francisco quiso contar con la autorización pontificia. Hacia 1210, tras recibir a Francisco y a un grupo de once compañeros suyos, el papa Inocencio III aprobó oralmente su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono.
Con el tiempo, el número de sus adeptos fue aumentando y Francisco comenzó a formar una orden religiosa, llamada actualmente franciscana o de los franciscanos, en la que pronto se integraría San Antonio de Padua. Además, con la colaboración de Santa Clara, fundó la rama femenina de la orden, las Damas Pobres, más conocidas como las clarisas. Años después, en 1221, se crearía la orden tercera con el fin de acoger a quienes no podían abandonar sus obligaciones familiares. Hacia 1215, la congregación franciscana se había ya extendido por Italia, Francia y España; ese mismo año el Concilio de Letrán reconoció canónicamente la orden, llamada entonces de los Hermanos Menores.
Últimos años
A petición del papa Honorio III, compiló por escrito la regla franciscana, de la que redactó dos versiones (una en 1221 y otra más esquemática en 1223, aprobada ese mismo año por el papa) y entregó la dirección de la comunidad a Pedro Cattani. La dirección de la orden franciscana no tardó en pasar a los miembros más prácticos, como el cardenal Ugolino (el futuro papa Gregorio IX) y el hermano Elías, y San Francisco pudo dedicarse por entero a la vida contemplativa.
Durante este retiro, San Francisco de Asís recibió los estigmas (las heridas de Cristo en su propio cuerpo); según testimonio del mismo santo, ello ocurrió en septiembre de 1224, tras un largo periodo de ayuno y oración, en un peñasco junto a los ríos Tíber y Arno. Aquejado de ceguera y fuertes padecimientos, pasó sus dos últimos años en Asís, rodeado del fervor de sus seguidores.