El divino Corazón atraído por
nuestra miseria
Un día, la meditación lleva a Gertrudis a tomar conciencia de su miseria interior. Esto le causa un gran desprecio de sí misma y ansiosa y turbada se pregunta cómo será posible gustar a Dios, que ve en ella todas las manchas. Dónde ella sólo descubre una mancha, su divina y penetrante mirada puede ver una infinidad.
El consuelo le es dado a Gertrudis con esta respuesta divina: “El amor rende amable al amado”. Ella comprende con esto que, sobre la tierra, entre los hombres, el amor tiene tanta fuerza, que la fealdad misma place al amante, gracias al amor que tiene. Hasta hacerle desear a veces, por amor, parecerse al amado. ¿Cómo dudar qué quien es Dios Caridad no pueda, por virtud de su amor, rendir amables a los que ama? (…)
Otra vez, el recuerdo de sus
faltas pasadas la puso en tal confusión, que Gertrudis trató de esconderse para
siempre. He aquí que el Señor se inclinó hacia ella con tanta reverencia, que
toda la corte celestial, admirativa, trató de retenerla. Entonces el Señor
respondió: “No puedo absolutamente dejar de unirme a quien, con las sólidas
cuerdas de la humildad, atrae hacia ella a mi divino Corazón”.
Fuente: Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301), monja benedictina
No hay comentarios:
Publicar un comentario