¡Cristo está hoy en la cruz y
nosotros celebramos fiesta! ¡Para que conozcas que la Cruz es fiesta y
solemnidad espiritual! Anteriormente la cruz era cosa de condenación; pero
ahora, en cambio, ha venido a ser cosa de honra. Anteriormente era señal de
condenación; actualmente lo es de salvación. Ella nos ha sido causadora de
innumerables bienes. Ella nos libró del error; ella nos iluminó cuando
estábamos sentados en las tinieblas; ella nos reconcilió con Dios cuando ya
estábamos vencidos, y de enemigos nos hizo sus domésticos, y de alejados nos
hizo vecinos de Dios. Ella es destrucción de la enemistad, guardiana de la paz,
tesoro de bienes infinitos.
Por ella no vagamos ya en los desiertos, porque hemos conocido el camino verdadero; ya no vivimos fuera del palacio, pues hemos encontrado la puerta; no tememos los dardos encendidos del diablo, porque hemos encontrado la fuente. Por la cruz ya no estamos en viudedad, pues hemos recibido al Esposo; no tememos al lobo, pues hemos encontrado al Pastor. Por la cruz no tememos ya al tirano, pues estamos al lado del Rey.
Y por esto, al celebrar la memoria de la Cruz, hacemos fiesta por la Cruz: «¡Celebrémosla, dice Pablo, no con la vieja levadura, sino con ázimos de pureza y de verdad.» (1Co 5,8) Y luego, añadiendo la causa, prosigue así: «¡Porque nuestra Pascua, Cristo, ya ha sido inmolado!» (1Co 5,7).
Fuente: San Juan Crisóstomo, obispo
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