Después de haber dado de un modo
maravilloso la vista a los ciegos, dio la palabra a un mudo y la salud al que
estaba poseído del demonio: en cuyo hecho se muestra Jesús como Señor de todo
poder y autor de todos los medios divinos. Ya lo dijo Isaías: «Entonces verán
los ciegos, oirán los sordos y hablarán los mudos» ( Is 35,5). Por eso se dice:
«Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado.»
En los que presentaron al Señor al mudo a fin de que le sanara, están representados los Apóstoles y los predicadores, porque pusieron delante de los ojos misericordiosos de Dios, al pueblo gentil con el objeto de que le salve.
«… le presentaron un mudo endemoniado.» Mudo estaba todo el pueblo gentil, porque no podía abrir su boca para confesar la verdadera fe, ni para alabar a su Creador y porque adorando a los ídolos mudos, se hizo semejante a ellos: estaba poseído del demonio porque quedó muerto por su infidelidad y sujeto al imperio del demonio.
«Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»» Los escribas y fariseos negaban, siempre que podían, los milagros del Señor, e interpretaban de maliciosa manera los que no podían negar, según aquello: «A causa de tu gran fuerza, te mentirán tus enemigos» ( Sal 65,3).
«… proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.» Debe entenderse [del Reino] de Dios; porque aunque habla de las promesas temporales, esto no constituye el Evangelio. De aquí es, que a la ley no se la llama Evangelio; porque no prometía bienes celestiales sino temporales, a los que la observaban.
«… sanando todo enfermedad y toda dolencia.» Debe tenerse presente, que a los que curaba exteriormente en el cuerpo, los curaba también interiormente en el alma: cosa que no podía hacer nadie por su propio poder, sino por consentimiento de Dios.
«Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella…» Se mostró en esto el Señor como un buen pastor y no como un pastor contratado. Esta es la razón que tenía para compadecerse de ellos: «… porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.» Eran maltratados por los demonios y por las diversas enfermedades y abatimientos que los consumían.
Desde el momento en que el Hijo de Dios miró desde el Cielo a la tierra, a fin de escuchar los lamentos de los que estaban encadenados ( Sal 101), comenzó a tomar incremento la mucha mies que había; porque si no hubiera puesto sus ojos en la tierra el autor de la salvación de los hombres, no se hubieran acercado éstos a la fe, por eso dijo a sus discípulos: «»La mies es mucha y los obreros pocos.»»
Pequeño era el número de los Apóstoles en comparación de mies tan extensa. Y el Salvador por esta razón exhorta a sus predicadores (esto es, a los Apóstoles y a sus discípulos), a que todos los días pidan se aumente su número, por eso añade: «»Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»»
El Señor, dueño de la mies, aumentó los obreros de la mies cuando designó otros setenta y dos, o cuando el Espíritu Santo descendió sobre los creyentes y formó multitud de predicadores.
Fuente: Remigio
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