“Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”
Jesús al ser increpado por los
fariseos, porque sus discípulos no guardaban los preceptos de lavarse las manos
antes de comer, y otras similares, les recrimina por fijarse más en las
apariencias externas que respetar los fundamentos de la ley, que había sido
desvirtuada al asociar a la misma una enorme cantidad de preceptos humanos.
Es verdad que muchos de estos
preceptos tenían como fin el prevenir frente a enfermedades contagiosas, aunque
la gran mayoría lo ignoraban, pero a los fariseos poco les importaba las
distintas situaciones humanas, su objetivo último era el cumplimiento de la ley
y, fundamentalmente, si la interpretación de la misma redundaba a favor suyo.
Jesús les pone un ejemplo
incontestable, y es que los preceptos eximen de la ayuda a los padres ancianos,
si los bienes con los que iban a ayudarles los declaraban como “corbán”, es
decir, ofrenda al templo, con lo que el mandamiento de honrar a los padres,
quedaba eximido por la donación al templo.
Desgraciadamente, no se tratan de
problemas ancestrales, hoy en día se sigue dando más importancia a la forma
externa que al núcleo de nuestra fe, y sobre todo si con esto se mantienen los
privilegios de unos pocos.
Jesús nos está animando continuamente
a mantenernos firmes en lo realmente importante, el amor a Dios y al prójimo, y
olvidarnos un poco de todo lo accesorio.
¿Nos mantenemos firmes en nuestra
fe, o tenemos una fe de quita y pon? ¿Le damos más importancia a la forma
externa, o lo que nos importa realmente es el fondo de nuestras convicciones?
Fuente: D. José Vicente Vila
Castellar O.P., Fraternidad de Laicos Dominicos de Torrente (Valencia)
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