"Tus pecados te son
perdonados"
Después de la expedición misionera por Galilea, Jesús vuelve a Cafarnaúm, y al enterarse la gente, acude una gran multitud. Jesús les propone la Palabra, y aunque el evangelista no especifica su contenido, el posible que continúe anunciando que el Reino está cerca y es necesario convertirse y creer en el evangelio (Mc 1,14-15).
En esas circunstancias, cuatro hombres traen a un paralítico en una camilla. Dada la imposibilidad de acceder a Jesús por el gentío, optan por levantar la techumbre, abrir un boquete y descolgar al paralítico hasta los pies de Jesús.
A diferencia de otras ocasiones en que el enfermo hace una petición a Jesús, el paralítico no dice nada. Sin embargo, Jesús al ver la fe de los amigos, requisito previo siempre a la curación, se dirige al paralítico y antes de curarlo le dice: “Hijo, tus pecados son perdonados”. Con ello Jesús está mostrando dos aspectos de la mentalidad judía: que la enfermedad es consecuencia del pecado, y que sólo Dios puede perdonar los pecados.
Esto provoca una enorme polémica con los escribas que piensan que es un blasfemo porque se atribuye un poder que solo es de Dios, aunque no lo expresan. Sin embargo, Jesús, adivinando su pensamiento, plantea una alternativa entre dos opciones: ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, ¿coge la camilla y echa a andar”? Y, ahora sí, dirigiéndose al paralítico le dice: “levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”.
El texto señala que el paralitico se levanta, coge la camilla y sale, subrayando así que queda curado. Los presentes quedan atónitos y desconcertados, y dan gloria a Dios.
Jesús tiene el poder de curar y tiene el poder de perdonar pecados, ambos son signos del Reino. Él tiene en sus manos la posibilidad de dar la liberación y la salvación total al ser humano, tanto de dentro, como de fuera, del cuerpo y del espíritu. Y es que, como dice el Papa Francisco: El encuentro con Jesús llena el corazón y la vida entera de la alegría del evangelio. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento (E.G.)
Es buen momento para hacerme algunas preguntas: ¿Qué parálisis me impiden caminar por los caminos del Señor? ¿En qué momentos acudo a Jesús para que me libere de ellas? ¿Qué camillas he de tomar?
Fuente: Hna. Mariela Martínez Higueras, Congregación de Santo Domingo
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