Su fama se había extendido
La fama de Jesús se extendía por
doquier y esto preocupa a los poderosos que temen un nuevo profeta como Juan el
Bautista, el Precursor, un hombre de Dios sin pelos en la lengua para denunciar
las injusticias de los poderosos e incluso la infidelidad del propio rey, que
le temía y respetaba.
El relato del martirio de Juan el
Bautista es colocado por San Marcos cuando Jesús acaba de volver a Galilea con
fama de profeta de Dios y es ninguneado o despreciado por sus propios
conciudadanos, aunque también preocupa a las autoridades, incluso al rey
Herodes.
Si nos fijamos bien, la trama nos
recuerda la propia historia de amor-odio, de fidelidad e infidelidad entre Dios
e Israel, los intereses creados que se imponen a la fe y el verdadero culto al
Señor. La muerte del profeta es la que también le espera a Jesús y a cualquiera
que trate de vivir en plenitud el Evangelio, pero como hemos leído en la Carta
a los Hebreos, nada hemos de temer si Dios está con nosotros.
Pero es también nuestra propia
historia de cada día porque como cristianos nos enfrentamos o nos dejamos
enredar en las tramas de una sociedad de apariencias e injusticias donde todo
vale para conseguir un gramo de poder, de prestigio... donde el amor es solo
moneda de cambio para mis intereses inconfesables. Da igual que seamos
Herodías, su hija o el propio Herodes. Lo difícil es ser justo y temeroso del
Dios del Amor, dar la vida por y para conseguir la Vida.
“No todos, dice el Concilio
Vaticano II, tendrán el honor de dar su sangre física, de ser matados por la
fe, pero sí pide Dios a todos los que creen en Él espíritu de martirio, es
decir, todos debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, aunque no nos
conceda el Señor ese honor [...] Porque dar la vida no es solo que lo maten a
uno; dar la vida, tener espíritu de martirio es dar en el deber, en el
silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio
de la vida cotidiana ir dando la vida [...].(Monseñor Oscar Romero, Homilía 15
mayo 1977 por un sacerdote asesinado. Cfr. Roberto Morozzo, “Monseñor Romero”,
Salamanca, 2010, p. 407)
Fuente: D. Carlos José Romero Mensaque, O.P. Fraternidad “Amigos de Dios” de Bormujos (Sevilla)
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