«Expulsa a los demonios»
Reconoce: «en ti ha surgido un
nuevo rey, un rey de Egipto». Es él quien te requisa para sus trabajos, te
obliga a fabricar ladrillos y mortero. Es él quien te impone capataces y
vigilantes, el que te empuja a través del látigo y de la vara a trabajos de
tierra, te fuerza a construirle ciudades. Es él el quien te incita a recorrer
el mundo, a remover tierras y mares para satisfacer tus codicias...
Este rey de Egipto sabe que la
guerra es inminente. Presiente la venida de «aquel que puede despojar sus
principados y potestades, triunfar sobre ellas con audacia y clavarlas en el
madero de la cruz»...; siente ya próxima la hora de la destrucción de su
pueblo. Por eso declara: «¡El pueblo de Israel es más fuerte que nosotros!»
¡Que pueda decir lo mismo refiriéndose a nosotros y nos sintamos más poderosos
que él! ¿Cómo lo sentirá? Si no acojo los malos pensamientos y los deseos
perversos que él me inspira; si rechazo «sus flechas incendiarias con la
armadura de la fe»; si cada vez que hace alguna insinuación a mi alma,
acordándome de Cristo mi Señor, le digo: «Vete, Satanás, porque está escrito:
'Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo servirás'»...
Porque el Señor Jesús viene...,
para someter a los «principados, dominaciones y potestades», para sustraer a
los hijos de Israel a las violencias de sus enemigos..., para enseñarnos de
nuevo a ver a Dios en espíritu, a abandonar los trabajos del Faraón, a salir de
la tierra de Egipto, a renunciar a las bárbaras costumbres de los egipcios, «a
abandonar al hombre viejo corrompido por deseo de placer y a revestirnos del
hombre nuevo creado según Dios», «a renovar nuestro interior día a día» según
la imagen del que nos ha creado, Jesucristo nuestro Señor, a quien sean dadas
la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén
Fuente: Orígenes (c. 185-253) presbítero y teólogo
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