Todos somos pecadores, todos
hemos pecado. Llamando a Mateo, Jesús muestra a los pecadores que no mira su
pasado, la condición social, las convenciones exteriores, sino que más bien les
abre un futuro nuevo. Una vez escuché un dicho bonito: «No hay santo sin pasado
ni pecador sin futuro». Esto es lo que hace Jesús. La Iglesia no es una
comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor
porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón. Jesús no excluye a
ningún pecador —¡ningún pecador es excluido!—. Llamando a los pecadores a su mesa,
Él los cura restableciéndolos en aquella vocación que ellos creían perdida y
que los fariseos han olvidado: la de invitados al banquete de Dios. Si los
fariseos ven en los invitados sólo pecadores y rechazan sentarse con ellos,
Jesús por el contrario les recuerda que también ellos son comensales de Dios.
(Audiencia general del 13 de abril de 2016)
Fuente: Papa Francisco
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