jueves, 15 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 16/01/26

"Tus pecados te son perdonados"

Después de la expedición misionera por Galilea, Jesús vuelve a Cafarnaúm, y al enterarse la gente, acude una gran multitud. Jesús les propone la Palabra, y aunque el evangelista no especifica su contenido, el posible que continúe anunciando que el Reino está cerca y es necesario convertirse y creer en el evangelio (Mc 1,14-15).

En esas circunstancias, cuatro hombres traen a un paralítico en una camilla. Dada la imposibilidad de acceder a Jesús por el gentío, optan por levantar la techumbre, abrir un boquete y descolgar al paralítico hasta los pies de Jesús.

A diferencia de otras ocasiones en que el enfermo hace una petición a Jesús, el paralítico no dice nada. Sin embargo, Jesús al ver la fe de los amigos, requisito previo siempre a la curación, se dirige al paralítico y antes de curarlo le dice: “Hijo, tus pecados son perdonados”. Con ello Jesús está mostrando dos aspectos de la mentalidad judía: que la enfermedad es consecuencia del pecado, y que sólo Dios puede perdonar los pecados.

Esto provoca una enorme polémica con los escribas que piensan que es un blasfemo porque se atribuye un poder que solo es de Dios, aunque no lo expresan. Sin embargo, Jesús, adivinando su pensamiento, plantea una alternativa entre dos opciones: ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, ¿coge la camilla y echa a andar”? Y, ahora sí, dirigiéndose al paralítico le dice: “levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”.

El texto señala que el paralitico se levanta, coge la camilla y sale, subrayando así que queda curado. Los presentes quedan atónitos y desconcertados, y dan gloria a Dios.

Jesús tiene el poder de curar y tiene el poder de perdonar pecados, ambos son signos del Reino.  Él tiene en sus manos la posibilidad de dar la liberación y la salvación total al ser humano, tanto de dentro, como de fuera, del cuerpo y del espíritu.  Y es que, como dice el Papa Francisco:  El encuentro con Jesús llena el corazón y la vida entera de la alegría del evangelio. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento (E.G.)

Es buen momento para hacerme algunas preguntas: ¿Qué parálisis me impiden caminar por los caminos del Señor?  ¿En qué momentos acudo a Jesús para que me libere de ellas? ¿Qué camillas he de tomar?

Fuente: Hna. Mariela Martínez Higueras, Congregación de Santo Domingo

miércoles, 14 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 15/01/26

Si quieres puedes limpiarme; quiero, queda limpio

Hoy nos presenta la Iglesia la historia de un leproso, que había sido expulsado de la ciudad, rechazado por la comunidad y arrancado del lado de los suyos por el hecho de padecer la lepra. Este leproso vive en un sufrimiento terrible, condenado a vivir solo hasta encontrar la muerte, como víctima de esta enfermedad.

Hay dos cosas muy importantes que nos enseña hoy la actitud de este leproso, una es su humildad y la otra es su gran fe. Es él el que se acerca a Jesús, con la confianza de que Jesús puede sanarlo. El leproso no se siente rechazado por Cristo ni defraudado, sino todo lo contrario, se siente acogido y se va muy feliz, siente una felicidad que no sólo la manifiesta por su curación física, sino también por la curación de su alma, ha experimentado el amor y la gran misericordia de Dios

Por otra parte, el leproso nos muestra cómo hay que pedir al Señor: con una gran humildad, algo que se ve no sólo con el gesto: se arrodilla ante Jesús para pedirle, sino también poniendo por delante de su deseo y voluntad la voluntad de Dios. El leproso le dice a Jesús: “Si quieres puedes limpiarme”, es decir, pide que le sane sólo si es su voluntad. Su fe le lleva  a ver que sólo viviendo en la voluntad de Dios se es feliz, él no quiere vivir fuera de la voluntad de Dios, seguramente ya lo había experimentado.
Ojalá que nosotros podamos vivir con la actitud que nos muestra hoy el leproso del evangelio: ser humildes a la hora de pedir a Dios, sabiendo que no merecemos nada, sino que todo lo que recibimos es por pura gracia y misericordia de Dios, y, por otro lado, también deseemos tener esta gran fe, que le lleva a vivir con la confianza de que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, sea la que sea, aunque, a veces, no entendamos sus designios.

Fuente: Sor Mª Belén Marín López, O.P., Monasterio de Santa Ana (Murcia)

martes, 13 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 14/01/26

"Jesús se fue a un lugar desierto, y allí oraba"

Cuando el Hijo de Dios levantó la mirada al cielo y dijo: «Padre, glorifica a tu Hijo" (Jn 17,1), nos enseñó con esta acción que debemos elevar muy alto todos nuestros sentidos, nuestras manos, nuestras facultades, nuestra alma, y rezar en él, con él y por él. He aquí la obra más amable y más santa que el Hijo de Dios ha hecho aquí abajo: adorar a su Padre muy amado. Pero esto sobrepasa en mucho todo raciocinio, y no podemos de ningún modo alcanzarlo y comprenderlo, si no es en el Espíritu Santo. San Agustín y san Anselmo nos dicen sobre la oración que es "una elevación del alma hacia Dios "....

Sólo te digo esto: libérate, de verdad, de tí mismo y de todas las cosas creadas, y levanta tu alma a Dios por encima de todas las criaturas, en el abismo profundo. Allí, sumerge tu espíritu en el Espíritu de Dios, en un verdadero abandono..., en una unión verdadera con Dios... Allí, pide a Dios todo lo que quiere que se le pida, lo que deseas y lo que los hombres desean de ti. Y ten esto por cierto: lo que es una insignificante moneda frente a cien mil monedas de oro, lo es toda oración exterior frente a esta oración que es unión verdadera con Dios, este derroche y esta fusión del espíritu creado en el Espíritu increado de Dios...

Si se te pide una oración, es bueno que la hagas de modo exterior como se te ha pedido y como lo prometiste. Pero, haciendo esto, conduce tu alma hacia las alturas y a tu desierto interior, empuja allí todo tu rebaño como Moisés (Ex 3,1)... "Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad " (Jn 4,23). En esta oración interior se unifican todas las prácticas, todas fórmulas y todos los tipos de oración que desde Adán hasta hoy se han ofrecido y que serán todavía ofrecidos hasta el último día. Llevamos todo esto a su perfección en un instante, a través de este recogimiento verdadero y esencial.

Fuente: Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo

lunes, 12 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 13/01/26

« ¡Este enseñar con autoridad es nuevo! »

No es posible llegar a la certeza de la fe revelada si no es a través de la venida de Cristo a nuestro espíritu. Viene después en la carne como palabra que confirma toda palabra profética. Por eso se dice en la carta a los Hebreos: «En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros Padres por los profetas: Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo» (1,1-2). Que Cristo sea, efectivamente, Palabra del Padre llena de poder, lo leemos: «ya que la palabra regia es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces?» (Eccl 8,4). Es también una palabra llena de verdad, más aún, es la misma verdad, tal como lo dice san Juan: «Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad» (17,17)...

Así pues, porque la autoridad pertenece a la palabra poderosa y verídica, y Cristo es el Verbo del Padre, y por eso mismo Poder y Sabiduría, en él está el fundamento y la consumación de toda la autoridad. Por eso toda doctrina auténtica y los predicadores de esta doctrina ser refieren a Cristo, venido en la carne, como fundamento de toda la fe cristiana: «Conforme al don que Dios me ha dado, yo como hábil arquitecto coloqué el cimiento... Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo» (1Co 3,10-11). En efecto, solo él es el cimiento de toda doctrina auténtica, ya sea apostólica, ya sea profética, según una u otra Ley: la nueva y la antigua. Por eso se dice también a los Efesios: «Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular» (2,20). Queda, pues, claro que Cristo es el maestro del conocimiento según la fe; es el Camino, según su doble venida, en el espíritu y en la carne.

Fuente: San Buenaventura (1221-1274), franciscano, doctor de la Iglesia

domingo, 11 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 12/01/26

"Venid y seguidme. Os haré pescadores de hombres"

Eran pescadores cuando se acercaron a Él y se volvieron pescadores de hombres, conforme a la Escritura: "He aquí que yo envío muchos pescadores y los pescarán y después enviaré muchos cazadores y los cazarán por todo monte y por toda colina" (Jr 16,16). Si hubiera mandado unos sabios, hubieran podido decir que habían persuadido al pueblo para ganarse su confianza o que lo habían engañado para tenerlo sometido. Si hubiera mandado unos ricos, hubieran podido decir que habían atraído al pueblo dándole de comer o que lo habían corrompido con dinero para así dominarlo. Y si hubiera mandado unos potentes, hubieran podido decir que los habían seducido o forzado con violencia.

Pero muy diferentes eran los apóstolos. El Señor lo deja ver con el caso de Simón Pedro. A él le faltaba ánimo y le asustaron las palabras de una sirvienta; era pobre ya que ni siquiera tenía dinero para pagar su parte del impuesto (Mt 17,24 s). "No tengo oro, dijo, ni tengo dinero" (He 3,6). Por fin no era culto, pues cuando renegó del Señor, no se le ocurrió nada para salirse del apuro.

Se fueron, pues, aquellos pescadores y triunfaron sobre los potentes, los ricos y los sabios. Fue un milagro, A pesar de ser débiles, convencieron sin violencia a los potentes; a pesar de ser pobres enseñaron a los ricos; a pesar de ser ignorantes, hicieron que los sabios y los prudentes se convirtieran en discípulos. La sabiduría del mundo cedió el sitio a aquella sabiduría que es, de por sí, la sabiduría de las sabidurías.

Fuente: San Efrén (c. 306-373), Diácono en Siria, doctor de la Iglesia

sábado, 10 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 11/01/26

La santidad de los hijos, a imagen del Hijo

El Padre celestial nos ha dado un ideal de santidad… Nos ha predestinado a devenir semejantes, no a cualquier criatura ni a un ángel, sino a su Hijo  (…). San Pablo nos revela este pensamiento del Padre cuando dijo que nos ”ha predestinado a reproducir la imagen de su Hijo” (Rom 8,29). Dios nos asigna un modelo divino de perfección. Desea encontrar en nosotros los rasgos de su Hijo encarnado y así ver nuestra alma resplandecer con su reflejo de santidad. (…)

Dios, océano de perfección, incomprensible para toda inteligencia creada, comprende inmediatamente, en su infinitud, la plenitud de sus grandezas. Expresa su conocimiento en un pensamiento, en una palabra única: su Verbo. Comunica al Verbo toda du vida divina, toda su luz, todo lo que es. Esta generación en el seno del Padre, siendo la vida misma de Dios, no tiene comienzo ni fin. En este momento que les hablo, en una exultación infinita dice a su Hijo “Tu eres mi Hijo. Hoy-en un presente eterno- yo te engendro” (cf. Sal 2,7). El Padre nos ha dado al Hijo como modelo y fuente de santidad. “En él residen todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia de Dios” (Col 2,3). Una eternidad de contemplación no alcanzará para agotar el conocimiento de este misterio y para agradecer a Dios por su benevolencia. (…)

La filiación natural y eterna del Verbo en el seno del Padre es el ejemplar sublime de nuestra filiación adoptiva”, escribe santo Tomás de Aquino (Sermón XXXI). Entonces, la santidad propia a la humanidad del verdadero Hijo único de Dios, debe también ser el modelo de la santidad de los hijos de adopción.

Fuente: Beato Columba Marmion (1858-1923), abad

viernes, 9 de enero de 2026

Comentario lectura evengelio 10/01/26

El espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido

Lleno del Espíritu Santo, después de haber superado la tentación que el maligno le había preparado en el desierto, Jesús va a la ciudad donde se había criado. La fama de Jesús se había extendido por Galilea. Ahora, en la sinagoga de Nazaret, viene a manifestar el cumplimiento de la profecía de Isaías. Lo que anhela el Pueblo de Israel se pone de manifiesto delante de los ojos de la asamblea. El Mesías de Dios que trae consigo el proyecto de liberación total de la persona.

Seguramente que en la sinagoga todos se quedasen un tanto admirados al escuchar a Jesús expresar estas palabras. Es decir, que ante su pueblo toma la actitud de Maestro de la Ley, se sienta en la cátedra, toma el rollo de la ley, pronuncia la palabra y sobre ella, lanza el mensaje.

De este modo, se da a conocer quién es Jesús y las acciones que avalan su persona. El Reino de Dios se está haciendo presente gracias que, a los humildes, a los pobres, se les predica la palabra, se les predica la liberación total de la persona humana, que tiene muchas esclavitudes debido a lo compleja que puede ser a veces la vida.

Solo el que está oprimido y escucha una palabra de aliento es capaz de comprender lo que significa liberarte del peso que llevas cargando toda tu vida, desde la culpa, desde la ignorancia, desde el miedo. Siempre hay cosas que hemos hecho mal, pero la compasión de Jesús, el amor hacia la persona, hace posible liberarte.

El año de gracia del Señor, que tiene tintes recogidos del profeta Isaías después de la restauración que el Señor hace con su pueblo tras la deportación en Babilonia. Recoge también la idea del año jubilar que aparece en Levítico 25, la liberación de la tierra y de todos los habitantes.

Tiempo de perdón, de sanación de las heridas sufridas, tiempo de reconciliación, tiempo de oportunidades y horizontes nuevos. Nuestro tiempo en el que se ve iluminada nuestra existencia por la gracia de Dios que lo restaura todo y nos da la esperanza y la confianza de una relación nueva con todo.
El proyecto de liberación y salvación que inicia el profeta de Nazaret en la vida de aquel que se encuentra con Él en los caminos de la vida. Acoger la vida y el amor que nos ofrece Jesús para transformar la pobreza de nuestra realidad en plenitud.

Fuente: Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P., Convento de Santo Domingo (Caleruega)