martes, 20 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 21/01/26

«Observaban a Jesús... para acusarlo»

A la hora de la oración, ponte en presencia de la paz y del amor: ¡Oh paz de Dios que sobrepasas todo sentimiento! (Fl 4,7), paciente y agradable, dulce y preferible a todo, por donde penetras, reina una seguridad imperturbable. Sólo tú, tienes el poder de frenar la cólera del soberano; adornas el trono del rey con clemencia; iluminas el reino de la gloria con piedad y misericordia.

Por favor, encárgate de mi causa, yo, el culpable y el indigente... Que el acreedor está ya a la puerta... no es prudente hablarle, ya que no tengo con qué pagar mi deuda. ¿Dulce Jesús, mi paz, cuánto tiempo estarás en silencio?... Por favor, ahora, por lo menos, habla por mí, diciendo esta palabra caritativa: " Yo, la rescataré". Tú, tu eres ciertamente el refugio de todos los pobres. No pasas cerca de nadie sin salvarlo. Tú, jamás dejaste irse al que se había refugiado cerca de tuyo, sin que fuera reconciliado...

Por favor, mi amor, mi Jesús, a esta hora del día, fuiste flagelado por mí, coronado de espinas, abrevado lamentablemente por sufrimientos. Eres mi verdadero rey, fuera de ti no conozco otro. Te hiciste el oprobio de los hombres, despreciado y rechazado como un leproso (Is 53,3), hasta en Judea se niegan a reconocerte como su rey (Jn 19,14-15). ¡Por tu gracia, que yo, por lo menos, te reconozca como mi rey! Dios mío, dame esta inocencia, tan tiernamente deseada, mi Jesús, que "pagaste" tan plenamente por mí, «lo que no habías robado " (Sal. 68,5); dámelo para que sea el apoyo de mi alma. Qué la reciba en mi corazón; qué por la amargura de sus dolores y de su Pasión reconforte mi espíritu...

Y tú, paz de Dios, eres el amado lazo que me encadena para siempre a Jesús. Eres el apoyo de mi fuerza..., a fin de que sea "un solo corazón y una sola alma" con Jesús (Hch. 4,32)... Por ti, permaneceré atado para siempre a mi Jesús.

Fuente: Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301), monja benedictina

lunes, 19 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 20/01/26

Porque el Hijo del hombre es Señor del sábado

El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado… A los principios la ley del sábado era útil en muchas y graves cosas. Así, por ejemplo, hacía que los hombres fueran mansos y humanos con sus parientes, les enseñaba la providencia de Dios, la creación… Si cuando puso Dios la ley del sábado les hubiera dicho: haced obras buenas el sábado y no obréis la maldad, el pueblo no habría guardado esa ley. Por tal motivo, lo vedó todo y dijo: Nada haréis. Y ni aun así se mantuvieron en el orden.

Cuando Dios puso la ley del sábado, oscuramente dio a entender que su deseo era solamente que se abstuvieran de lo malo. Dijo: No haréis obra alguna fuera de lo tocante a aderezar lo que cada cual haya de comer? En cambio, en el templo se hacían todas las obras con mayor empeño y doble trabajo. De este modo, mediante la sombra les iba descubriendo la verdad (cf Col 2,17).

Preguntarás: entonces ¿toda aquella ganancia la suprimió Cristo? De ninguna manera. Por el contrario, en gran manera la aumentó…  no convenía tampoco ya por ese medio conocer que Dios es el creador de todas las cosas; ni ser así educados para la mansedumbre los que eran llamados a imitar la benignidad de Dios. Pues dijo Cristo: Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial. Ni convenía que celebraran sólo un día festivo aquellos a quienes se ordenaba tener como festivos todos los días de la vida. Porque dice: Celebremos, pues, la festividad, no con la levadura vieja, no con la levadura de la malicia y la maldad, sino con los ázimos de la pureza y la verdad. No les conviene ya acercarse al arca y al altar de oro a quienes tienen habitando consigo al Señor de todos; al que para todo le hablan y le consultan por medio de la oración, el sacrificio, las Escrituras, las limosnas; al que llevan dentro de sí.

Fuente: San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

domingo, 18 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 19/01/26

El Esposo está con ellos

Llega el Esposo, salid a su encuentro” (Mt 25,6)... Este esposo es Cristo y la esposa es la naturaleza humana, creada por Dios “a su imagen y semejanza”, (Gn 1,26) colocada por él, desde el principio en el lugar más digno, más bello, más rico y más fértil de la tierra, en el paraíso. Dios sometió todas las criaturas a la naturaleza humana, la colmó de gracias y le dio un mandamiento para que, guardándolo esté segura para siempre de la unión estable con su esposo, libre de todo sufrimiento, de toda pena y de toda falta.

Pero, he aquí que vino el maligno, el enemigo infernal que, lleno de envidia hacia la esposa, tomó forma de serpiente astuta y engañó a la mujer. Luego, los dos engañaron al hombre y así a toda la naturaleza humana. De este modo, el enemigo, por sus falsos consejos, sedujo a esta naturaleza humana, a la Esposa de Dios, que fue exiliada a una tierra extranjera, pobre y miserable, cautiva y oprimida...

Con todo, cuando Dios vio que el tiempo había llegado y cuando los sufrimientos de su esposa le llenaron de compasión, envió a su Hijo único.

Fuente: Beato Juan van Ruysbroeck (1293-1381), canónigo regular

sábado, 17 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 18/01/26

He aquí el Cordero de Dios

Y en verdad, un solo cordero murió por todos, preservando así toda la grey de los hombres para Dios Padre: uno por todos, para someternos todos a Dios; uno por todos, para ganarlos a todos; en fin, para que todos no vivan ya para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos…

Estando efectivamente implicados en multitud de pecados y siendo, en consecuencia, esclavos de la muerte y de la corrupción, el Padre entregó a su Hijo en rescate por nosotros, uno por todos, porque todos subsisten en Él y Él es mejor que todos. Uno ha muerto por todos, para que todos vivamos en Él.
La muerte que absorbió al Cordero degollado por nosotros, también en Él y con Él, se vio precisada a devolvernos a todos la vida. Todos nosotros estábamos en Cristo, que por nosotros y para nosotros murió y resucitó.

Abolido, en efecto, el pecado, ¿quién podía impedir que fuera asimismo abolida por Él la muerte, consecuencia del pecado? Muerta la raíz, ¿cómo puede salvarse el tallo? Muerto el pecado, ¿qué justificación le queda a la muerte? Por tanto, exultantes de legítima alegría por la muerte del Cordero de Dios, lancemos el reto: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, infierno, tu aguijón?

Como en cierto lugar cantó el salmista: A la maldad se le tapa la boca, y en adelante no podrá ya seguir acusando a los que pecan por fragilidad, porque “Dios es el que justifica. Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito”, para que nosotros nos veamos libres de la maldición del pecado.

Fuente: San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia

viernes, 16 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 17/01/26

"No necesitan médico los sanos, sino los enfermos"

Dice el apóstol Pablo:"Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo" (Col 3, 9-10)... Ésta ha sido la obra que Cristo llevó a cabo llamando a Leví; le ha devuelto su verdadero rostro y ha hecho de él un hombre nuevo. Es también por este título de hombre nuevo que el antiguo publicano ofrece a Cristo un banquete, porque Cristo se complace en él y merece tener su parte de felicidad estando con Cristo... Desde aquel momento le siguió feliz, alegre, desbordante de gozo.

"Ya no me comporto como un publicano, decía; ya no soy el viejo Leví; me he despojado de Leví revistiéndome de Cristo. Huyó de mi vida primera; sólo quiero seguirte a ti, Señor Jesús, que curas mis heridas. ¿Quién me separará del amor de Dios que hay en ti? ¿la tribulación? ¿la angustia? ¿el hambre? (Rm 8,35). Estoy unido a ti por la fe como si fuera con clavos, me has sujetado con las buenas trabas del amor. Todos tus mandatos serán como un cauterio que llevaré aplicado sobre mi herida; el remedio muerde, pero quita la infección de la úlcera. Corta, Señor, con tu espada poderosa la podredumbre de mis pecados; ven pronto a cortar las pasiones escondidas, secretas, variadas. Purifica cualquier infección con el baño nuevo."

"Escuchadme, hombres pegados a la tierra, los que tenéis el pensamiento embotado por vuestros pecados. También yo, Leví, estaba herido por pasiones semejantes. Pero he encontrado a un médico que habita en el cielo y que derrama sus remedios sobre la tierra. Sólo él puede curar mis heridas porque él no tiene esas heridas; sólo él puede quitar al corazón su dolor y al alma su languidez, porque conoce todo lo que está escondido."

Fuente: San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia

jueves, 15 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 16/01/26

"Tus pecados te son perdonados"

Después de la expedición misionera por Galilea, Jesús vuelve a Cafarnaúm, y al enterarse la gente, acude una gran multitud. Jesús les propone la Palabra, y aunque el evangelista no especifica su contenido, el posible que continúe anunciando que el Reino está cerca y es necesario convertirse y creer en el evangelio (Mc 1,14-15).

En esas circunstancias, cuatro hombres traen a un paralítico en una camilla. Dada la imposibilidad de acceder a Jesús por el gentío, optan por levantar la techumbre, abrir un boquete y descolgar al paralítico hasta los pies de Jesús.

A diferencia de otras ocasiones en que el enfermo hace una petición a Jesús, el paralítico no dice nada. Sin embargo, Jesús al ver la fe de los amigos, requisito previo siempre a la curación, se dirige al paralítico y antes de curarlo le dice: “Hijo, tus pecados son perdonados”. Con ello Jesús está mostrando dos aspectos de la mentalidad judía: que la enfermedad es consecuencia del pecado, y que sólo Dios puede perdonar los pecados.

Esto provoca una enorme polémica con los escribas que piensan que es un blasfemo porque se atribuye un poder que solo es de Dios, aunque no lo expresan. Sin embargo, Jesús, adivinando su pensamiento, plantea una alternativa entre dos opciones: ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, ¿coge la camilla y echa a andar”? Y, ahora sí, dirigiéndose al paralítico le dice: “levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”.

El texto señala que el paralitico se levanta, coge la camilla y sale, subrayando así que queda curado. Los presentes quedan atónitos y desconcertados, y dan gloria a Dios.

Jesús tiene el poder de curar y tiene el poder de perdonar pecados, ambos son signos del Reino.  Él tiene en sus manos la posibilidad de dar la liberación y la salvación total al ser humano, tanto de dentro, como de fuera, del cuerpo y del espíritu.  Y es que, como dice el Papa Francisco:  El encuentro con Jesús llena el corazón y la vida entera de la alegría del evangelio. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento (E.G.)

Es buen momento para hacerme algunas preguntas: ¿Qué parálisis me impiden caminar por los caminos del Señor?  ¿En qué momentos acudo a Jesús para que me libere de ellas? ¿Qué camillas he de tomar?

Fuente: Hna. Mariela Martínez Higueras, Congregación de Santo Domingo

miércoles, 14 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 15/01/26

Si quieres puedes limpiarme; quiero, queda limpio

Hoy nos presenta la Iglesia la historia de un leproso, que había sido expulsado de la ciudad, rechazado por la comunidad y arrancado del lado de los suyos por el hecho de padecer la lepra. Este leproso vive en un sufrimiento terrible, condenado a vivir solo hasta encontrar la muerte, como víctima de esta enfermedad.

Hay dos cosas muy importantes que nos enseña hoy la actitud de este leproso, una es su humildad y la otra es su gran fe. Es él el que se acerca a Jesús, con la confianza de que Jesús puede sanarlo. El leproso no se siente rechazado por Cristo ni defraudado, sino todo lo contrario, se siente acogido y se va muy feliz, siente una felicidad que no sólo la manifiesta por su curación física, sino también por la curación de su alma, ha experimentado el amor y la gran misericordia de Dios

Por otra parte, el leproso nos muestra cómo hay que pedir al Señor: con una gran humildad, algo que se ve no sólo con el gesto: se arrodilla ante Jesús para pedirle, sino también poniendo por delante de su deseo y voluntad la voluntad de Dios. El leproso le dice a Jesús: “Si quieres puedes limpiarme”, es decir, pide que le sane sólo si es su voluntad. Su fe le lleva  a ver que sólo viviendo en la voluntad de Dios se es feliz, él no quiere vivir fuera de la voluntad de Dios, seguramente ya lo había experimentado.
Ojalá que nosotros podamos vivir con la actitud que nos muestra hoy el leproso del evangelio: ser humildes a la hora de pedir a Dios, sabiendo que no merecemos nada, sino que todo lo que recibimos es por pura gracia y misericordia de Dios, y, por otro lado, también deseemos tener esta gran fe, que le lleva a vivir con la confianza de que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, sea la que sea, aunque, a veces, no entendamos sus designios.

Fuente: Sor Mª Belén Marín López, O.P., Monasterio de Santa Ana (Murcia)