martes, 27 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 28/01/26

La cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno

Hermanos, hay dos clases de campos: uno es el campo de Dios, el otro el del hombre. Tú tienes tu propio dominio; también Dios tiene el suyo. Tu dominio es la tierra; el dominio de Dios es tu alma. ¿Es justo que cultives tu dominio y dejes sin cultivar el de Dios? Si tú cultivas tu tierra y no cultivas tu alma, ¿es porqué quieres poner en orden tu propiedad y dejar sin cultivar la de Dios? ¿Esto es justo? ¿Acaso merece Dios que seamos negligentes con nuestra alma a la que Dios tanto ama? Te alegras viendo tu dominio bien cultivado, ¿por qué no lloras viendo tu alma sin cultivar? Nuestros campos nos darán para vivir en este mundo un cierto número de días; el cuidado de nuestra alma nos hará vivir sin fin en el cielo…

Dios se ha dignado confiarnos su dominio, que es nuestra alma; con su ayuda pongámonos a trabajar con todas nuestras fuerzas, para que en el momento en que él vendrá a visitar su dominio lo encuentre bien cultivado y en perfecto orden. Que encuentre en él una cosecha y no zarzas; vino y no vinagre; más trigo que cizaña. Si en él encuentra todo lo que le complace, nos dará a cambio las recompensas eternas, y las zarzas serán consumidas por el fuego.

Fuente: San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo

lunes, 26 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 27/01/26

¡Hacer la voluntad de Dios cada instante de nuestra vida!

No nos inquietemos nunca por el avenir. Cada instante de nuestra vida hagamos lo más perfecto, lo que es la voluntad de Dios en el momento presente. Hecho esto, no nos inquietemos por el avenir, tal como si tuviéramos que morir una hora después… Pensemos sólo en el avenir para demandar a Dios de hacer su voluntad, cada instante de nuestra existencia, y glorificarlo tanto como podamos… No nos ocupemos del avenir - como si la vida fuere a finalizar para nosotros- y seamos totalmente en el presente.

Si como ocupación del momento presente, la voluntad de Dios nos indica prepararnos para el avenir, ya sea materialmente (trabajo manual, reposo, alimentación, cuidado de la salud, etc. ….), ya sea espiritualmente (estudio, meditación, etc. …), ocupémonos de esa preparación. Pero ocupémonos no en vista de nosotros para prepararnos para el avenir, sino en vista de Dios, para realizar lo que él nos demanda. (…)

Es la vida de fe. No vivimos más en vista de nosotros mismos sino en vista sólo de Dios. No vivimos para nosotros, según nuestra voluntad, sino que vivimos para Dios, según la voluntad de Dios. No vivimos contando sobre nosotros ni sobre otra criatura, sino abandonándonos enteramente a Dios y esperando todo de él… Dios nos otorgará a toda hora lo necesario para cumplir la misión que nos da… (…) Sólo tenemos que obedecer cada instante, haciendo cada instante lo que él nos pide, en el instante presente. 

Fuente: San Carlos de Foucauld (1858-1916), ermitaño y misionero en el Sahara

Comentario lectura evangelio 26/01/26

Timoteo y Tito, dos colaboradores de Pablo

Tres de las cartas tradicionalmente atribuidas a Pablo están dirigidas a dos de sus colaboradores más inmediatos: Timoteo y Tito. Timotes es un nombre griego que significa: «el que honra a Dios». Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, le nombra seis veces; Pablo, en sus cartas hace referencia a él diecisiete veces (y además, en la Carta a los Hebreos, se encuentra su nombre una vez). De ello se deduce que gozaba de gran consideración a los ojos de Pablo...

En cuanto a la figura de Tito, cuyo nombre es de origen latino, sabemos que era griego de nacimiento, es decir, pagano (cf Ga 2,3). Pablo lo lleva a Jerusalén para lo que llamamos el Concilio apostólico (Hch 15; Gal 2), en el curso del cual fue solemnemente aceptada la predicación del Evangelio a los paganos... Después que Timoteo hubo marchado de Corintio, Pablo envió allí a Tito con el encargo de reconducir a la obediencia a esta comunidad indócil.

Si consideramos conjuntamente las dos figuras de Timoteo y Tito, nos damos cuenta de algunos datos muy importantes. El más importante es que Pablo recurrió a colaboradores en el desarrollo de sus misiones. Es innegable que es el Apóstol por excelencia, fundador y pastor de numerosas Iglesias. Sin embargo es cierto que él no hacia nada solo sino que se apoyaba en personas de confianza con quien compartía trabajos y responsabilidades. Otra observación es la disponibilidad de sus colaboradores. Las fuentes que se refieren a Timoteo y a Tito expresan claramente su prontitud en asumir tareas muy variadas que, a menudo, consistían en representar a Pablo incluso en ocasiones nada fáciles. En una palabra, nos enseñan a estar al servicio del Evangelio con generosidad, sabiendo que ello comporta también un servicio a la Iglesia misma... Para nuestro compromiso concreto, debemos y podemos... ser también nosotros ricos en obras buenas y así abrir las puertas del mundo a Cristo, nuestro Salvador.

Fuente: Benedicto XVI, papa 2005-2013

domingo, 25 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 25/01/26

Cristo Dios busca al hombre y lo renueva

Yo soy la fuerza de la divinidad desde antes de los tiempos, no tengo comienzo. Soy la fuerza con que Dios hizo todo, discerniendo y poniendo a prueba. Soy el espejo de la Providencia de todos y he resonado con fuerza inmensa, ya que soy la palabra que resuena -“Hágase”- con la que todo comenzó…

Vine como el fuego y reposé en el seno ardiente de la Virgen y en su carne inmaculada. Me encarné y así he devenido un coloso, con un valor que sobrepasa al de todo hombre… Salido del seno de la Virgen, inmerso en el agua, busqué al hombre y lo purifiqué…

He recorrido el círculo de mi vida renovando a los otros hombres. Tocando la figura del hombre que me ha tocado, establecí la justa relación. Con mi humanidad, até y destruí la fuerza del diablo, pero sólo me conocerá plenamente cuando yo ocupe mi trono para juzgar. Entonces, él estará totalmente confundido.

Fuente: Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

sábado, 24 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 24/01/26

Entregado a los hombres y a su Padre, Cristo nos alimenta con la Palabra y con el Pan de vida

Tú, Dios mío, me eres testigo de que ninguna cosa me puede consolar, ni criatura alguna dar descanso sino Tú, Dios mío, a quien deseo contemplar eternamente. Mas esto no es posible mientras vivo en carne mortal... Entre tanto tendré los libros santos para consolación y espejo de la vida; y sobre todo esto, el cuerpo santísimo tuyo por singular remedio y refugio.

Conozco que tengo necesidad de dos cosas, sin las cuales no podría soportar esta vida miserable. Detenido en la cárcel de este cuerpo, confieso serme necesarias dos cosas, que son mantenimiento y luz. Dísteme, pues, como a enfermo tu sagrado cuerpo para alimento del alma y del cuerpo, y además me comunicaste tu divina palabra  para que sirviese de luz a mis pasos (Sl 118, 105). Sin estas dos cosas yo no podría vivir bien; porque la palabra de Dios es la luz de mi alma, y tu sacramento es el pan que le da vida.

Éstas se pueden llamar dos mesas colocadas a uno y otro lado en el tesoro de la santa Iglesia. Una es la mesa del sagrado altar, donde está el pan santificado, esto es, el precioso cuerpo de Cristo; otra es la mesa de la Ley divina que contiene la doctrina sagrada, enseña la verdadera fe, y nos conduce con seguridad hasta el lugar del descanso de Dios.

Gracias te doy, Creador y Redentor de los hombres, de que, para manifestar a todo el mundo tu caridad, dispusiste una gran cena, en la cual diste a comer, no el cordero figurativo, sino tu santísimo Cuerpo y Sangre, alegrando a todos los fieles y embriagándolos con el cáliz saludable de este sagrado banquete donde están todas las delicias del paraíso.

Fuente: Imitación de Cristo, tratado espiritual del siglo XV

viernes, 23 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 23/01/26

«Llamó a los que quiso»

Este santo Concilio, siguiendo las huellas del Vaticano I, enseña y declara a una con él que Jesucristo, eterno Pastor, edificó la santa Iglesia enviando a sus Apóstoles como El mismo había sido enviado por el Padre (cf. Jn., 20,21), y quiso que los sucesores de éstos, los Obispos, hasta la consumación de los siglos, fuesen los pastores en su Iglesia. Pero para que el episcopado mismo fuese uno solo e indiviso, estableció al frente de los demás apóstoles al bienaventurado Pedro, y puso en él el principio visible y perpetuo fundamento de la unidad de la fe y de comunión...

El Señor Jesús, después de haber hecho oración al Padre, llamando a sí a los que El quiso, eligió a los doce para que viviesen con El y enviarlos a predicar el Reino de Dios (cf. Mc., 3,13-19; Mt., 10,1-42): a estos, Apóstoles (cf. Lc., 6,13) los fundó a modo de colegio, es decir, de grupo estable, y puso al frente de ellos, sacándolo de en medio de los mismos, a Pedro (cf. Jn., 21,15-17). A éstos envió Cristo, primero a los hijos de Israel, luego a todas las gentes (cf. Rom., 1,16), para que con la potestad que les entregaba, hiciesen discípulos suyos a todos los pueblos, los santificasen y gobernasen (cf. Mt., 28,16-20; Mc., 16,15; Lc., 24,45-48; Jn., 20,21-23) y así dilatasen la Iglesia y la apacenta¬sen, sirviéndola, bajo la dirección del Señor, todos los días hasta la consumación de los siglos (cf. Mt., 28,20). En esta misión fueron confirmados plenamente el día de Pentecostés (cf. Act., 2,1-26), según la promesa del Señor: "Recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que vendrá sobre voso¬tros, y seréis mis testigos así en Jerusalén como en toda la Judea y Samaría y hasta el último confín de la tierra" (Act., 1,8).

Los Apóstoles, pues, predicando en todas partes el Evangelio (cf. Mc., 16,20), que los oyentes recibían por influjo del Espí¬ritu Santo, reúnen la Iglesia universal que el Señor fundó sobre los Apóstoles y edificó sobre el bienaventurado Pedro su cabeza, siendo la piedra angular del edificio Cristo Jesús (cf. Ap., 21,14; Mt., 16,18; Ef., 2,20). Esta divina misión confiada por Cristo a los Apóstoles ha de durar hasta el fin de los siglos (cf. Mt., 28,20), puesto que el Evangelio que ellos deben transmitir en todo tiempo es el princi¬pio de la vida para la Iglesia.

Fuente: Concilio Vaticano II

jueves, 22 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 22/01/26

Muchos seguían acudiendo a él de todas partes.” (cfr Mc 1,45)

¡Oh misericordias, enviadas y derramadas sobre todos los hombres! Vienen de ti, Señor, tú que en tu compasión por todos los hombres has salido a su encuentro. Por tu muerte les has abierto los tesoros de tu misericordia... Tu ser profundo queda escondido a la mirada de los hombres, pero es anunciado en los movimientos más insignificantes. Tus obras nos dan las pistas para conocer al autor y las criaturas nos hablan de su creador (Sb 13,1; Rm 1,20), para que podamos tocar a aquel que se sustrae a la búsqueda intelectual, pero que se da a conocer en sus dones. Es difícil llegar a estar delante de él cara a cara, pero es fácil acercarse a él.

Nuestro agradecimiento es insuficiente, pero te adoramos en todas las cosas por tu amor hacia todos los hombres. Tú nos distingues a cada uno de nosotros por el fondo de nuestro ser invisible, nosotros, que estamos todos unidos fundamentalmente por la única naturaleza de Adán... Te adoramos, tú que nos has puesto en este mundo a cada uno de nosotros, que nos has confiado todo lo que hay en él y nos sacarás de él en el momento que ignoramos. Te adoramos, tú que has puesto tu palabra en nuestros labios para que pudiéramos presentarte nuestras peticiones. Adán te aclama, él que descansa en la paz, y nosotros, su posteridad, con él, ya que todos somos beneficiarios de tu gracia. Los vientos te alaban,... la tierra te canta..., los mares te bendicen..., los árboles te aclaman, las plantas y las flores te enaltecen.. Que todo lo que existe se una  en una voz para alabarte, darte gracias por todas las bondades y te bendiga en la paz.

A nosotros nos conviene enaltecerte en todo momento, con toda nuestra voluntad y tú derramas sobre nosotros algo de tu plenitud, para que tu verdad nos convierta y que así desaparezca nuestra debilidad que, sin tu gracia, no puede llegar hasta ti, tú el Dador de todo don.

Fuente: San Efrén (c. 306-373), Diácono en Siria, doctor de la Iglesia