lunes, 6 de julio de 2026

Comentario lectura evangelio 07/07/26

Después de haber dado de un modo maravilloso la vista a los ciegos, dio la palabra a un mudo y la salud al que estaba poseído del demonio: en cuyo hecho se muestra Jesús como Señor de todo poder y autor de todos los medios divinos. Ya lo dijo Isaías: «Entonces verán los ciegos, oirán los sordos y hablarán los mudos» ( Is 35,5). Por eso se dice: «Salían ellos todavía, cuando le presentaron un mudo endemoniado.»

En los que presentaron al Señor al mudo a fin de que le sanara, están representados los Apóstoles y los predicadores, porque pusieron delante de los ojos misericordiosos de Dios, al pueblo gentil con el objeto de que le salve.

«… le presentaron un mudo endemoniado.» Mudo estaba todo el pueblo gentil, porque no podía abrir su boca para confesar la verdadera fe, ni para alabar a su Creador y porque adorando a los ídolos mudos, se hizo semejante a ellos: estaba poseído del demonio porque quedó muerto por su infidelidad y sujeto al imperio del demonio.

«Pero los fariseos decían: «Por el Príncipe de los demonios expulsa a los demonios.»» Los escribas y fariseos negaban, siempre que podían, los milagros del Señor, e interpretaban de maliciosa manera los que no podían negar, según aquello: «A causa de tu gran fuerza, te mentirán tus enemigos» ( Sal 65,3).

«… proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando todo enfermedad y toda dolencia.» Debe entenderse [del Reino] de Dios; porque aunque habla de las promesas temporales, esto no constituye el Evangelio. De aquí es, que a la ley no se la llama Evangelio; porque no prometía bienes celestiales sino temporales, a los que la observaban.

«… sanando todo enfermedad y toda dolencia.» Debe tenerse presente, que a los que curaba exteriormente en el cuerpo, los curaba también interiormente en el alma: cosa que no podía hacer nadie por su propio poder, sino por consentimiento de Dios.

«Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella…» Se mostró en esto el Señor como un buen pastor y no como un pastor contratado. Esta es la razón que tenía para compadecerse de ellos: «… porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor.» Eran maltratados por los demonios y por las diversas enfermedades y abatimientos que los consumían.

Desde el momento en que el Hijo de Dios miró desde el Cielo a la tierra, a fin de escuchar los lamentos de los que estaban encadenados ( Sal 101), comenzó a tomar incremento la mucha mies que había; porque si no hubiera puesto sus ojos en la tierra el autor de la salvación de los hombres, no se hubieran acercado éstos a la fe, por eso dijo a sus discípulos: «»La mies es mucha y los obreros pocos.»»

Pequeño era el número de los Apóstoles en comparación de mies tan extensa. Y el Salvador por esta razón exhorta a sus predicadores (esto es, a los Apóstoles y a sus discípulos), a que todos los días pidan se aumente su número, por eso añade: «»Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.»»

El Señor, dueño de la mies, aumentó los obreros de la mies cuando designó otros setenta y dos, o cuando el Espíritu Santo descendió sobre los creyentes y formó multitud de predicadores.

Fuente: Remigio

domingo, 5 de julio de 2026

Comentario lectura evangelio 06/07/26

No abandono jamás a quien me busca

[Dice el Señor a Hildegarde en una visión:] Soy una columna estable y segura, y no abandono jamás a quien me busca. El que me toma y se estrecha contra mí, con confianza, no caerá nunca en la perdición. El que me relega en el olvido de su alma y se eleva con soberbia sobre mí, tiene más confianza en sí mismo que en mí. Por eso no le importa confiar en mí, porque la gracia de Dios no cuenta para él. Soy para él como un viento en torbellino, me desprecia, se ríe con orgullosa soberbia.

En su desesperación, no a causa de la gravedad de los pecados que cometió, sino a causa de su orgullo, se ríe de mí diciendo: “¿Qué es la gracia de Dios?” Yo lo apartaré, no quiero elevarlo con mi elección, perece para la felicidad eterna. Los hombres que no creen firmemente que se pueden levantar de las pesadas faltas de sus pecados, y que así rechazan al Dios todopoderoso y su gracia, están en una inmensa tristeza y se desesperan. Piensan que no pueden escapar a la enormidad de sus crímenes, abatidos y rechazados, se precipitan con obstinación hacia la muerte.

Pero mis hijos bienamados, que me reciben con un espíritu abierto, la buena voluntad de sus almas, una inteligencia despierta, y me conmueven con sus gemidos y lágrimas, abrasándome con alegría, ellos son como flores. En cuanto sienten que estoy, en seguida se alegran en mí, y yo en ellos… Quiero perfeccionarlos y purificarlos sin cesar, hasta que estén situados con honor y gloria en la Jerusalén celeste… A veces creen que los abandono, pero es para que en ellos el hombre exterior no se llene de orgullo, … de esta manera su fe pasa por un rudo examen.

Fuente: Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179), abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

sábado, 4 de julio de 2026

Comentario lectura evangelio 05/07/26

¡Dios desea tanto la amistad de los hombres!

¡Oh profundidad e inmensidad de la Sabiduría de Dios!”, exclama san Pablo (cf. Rom 11,33). ¿Quién será el ángel tan iluminado y el hombre tan temerario para empezar a explicarnos correctamente el origen de la Sabiduría? (…) La idea sustancial y eterna de la divina belleza fue mostrada a Juan evangelista, en el admirable éxtasis que le llegó en la isla de Patmos, cuando exclamó: “Al comienzo era el Verbo y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios” (Jn 1,1). El Hijo de Dios, Sabiduría eterna. (…)

Esta belleza eterna y soberanamente amable tiene tanto deseo de la amistad de los hombres, que ha hecho un libro con el fin de ganarla, descubriéndole sus excelencias y el deseo que tiene de ella. Este libro es como la carta de una amante a su amante, para ganar su afecto. El deseo que ella testimonia del corazón del hombre es tan profundo, la búsqueda de su amistad tan tierna, su llamado y deseo tan pleno de amor… Al escucharla hablar se diría que no es la Soberana del cielo y de la tierra, que necesita al hombre para ser feliz. (…)

¿Cuántas veces, mientras vivía en la tierra, ella exclamó: “¡Vengan a mí vengan todos a mí, soy yo, no teman! ¿Por qué temen? ¿Porque son pecadores? ¡Es a ellos que yo busco! ¿Es porque ustedes se han alejado del rebaño por su falta? ¡Yo soy el Buen Pastor! ¿Es porque está cargados de pecados, cubiertos de desechos, acabados de tristeza? ¡Es justamente por eso que deben venir a mí, yo los aliviaré y los consolaré!

Fuente: San Luis María Grignion de Monfort (1673-1716) predicador, fundador de comunidades religiosas

Horarios de la parroquia desde 01 de Julio 2026

A partir del próximo 01 de Julio los horarios de la Parroquia serán:

 

APERTURA del 01 de Julio al 08 de septiembre)


El templo de lunes a viernes: 

     - 19:30 a 21:15 h.


Domingo y festividades religiosas:

     - 11:00 a 12:30 h
     - 19:30 a 21:15 h

MISAS

Domingos y festividades religiosas:

     - 11:30 h

     - 20:30 h

Lunes a Viernes:

      - 20:30 h


Sábados y Vísperas de festivos:

     - 20:30 h

DESPACHO del 01 de julio al 08 de septiembre)

Martes a viernes en C/Santo Rey, 23 (Junto al templo):

     - 18:00 a 19:30 h  (Martes a Viernes)

 

Tf. Parroquia: 954 53 13 15- 696 755 131

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viernes, 3 de julio de 2026

Comentario lectura evangelio 04/07/26

«Los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».» Mateo nos refiere las anteriores palabras como si sólo las hubiera dicho para los discípulos de Juan. En el modo en que Marcos ( Mc 2), en cambio, da a entender que las dijo a los unos y a los otros, esto es a los invitados de entre los discípulos de Juan y de entre los fariseos. Concepto más claramente manifestado por San Lucas cuando dice que Jesús dirigió su palabra a los unos y otros. ¿Con qué razón dice San Mateo: «Entonces se aproximaron», etc., sino porque efectivamente todos estaban presentes y todos a porfía, como lo podía hacer cada uno en particular, le hicieron esa objeción? (De consensu evangelistarum, 2,27).

El que ayuna como debe, se humilla en el gemido de las oraciones, o en la mortificación de su cuerpo, o se aleja de los atractivos de la carne con el placer de la sabiduría espiritual. El Señor nos habla aquí de las dos clases de ayuno. El primero es el que humilla el espíritu cuando dice: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos?». El otro es el que se dirige al convite del alma en aquellas palabras: «Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.» Luego nosotros debemos llorar con razón, porque se nos ha arrebatado el Esposo. Lloraremos con tanta mayor razón, cuanto más encendidos estemos en el deseo de poseerle. Alégrense quienes pudieron gozar de su presencia antes de su pasión, preguntarle como querían y escucharle como debían. Nuestros antepasados desearon ver esos días anteriores a su venida y no los vieron; porque estaban dispuestos de manera que ellos anunciasen su venida; no tuvieron la dicha de escucharle: pero en nosotros se cumplió aquello de San Lucas (17,22): «Vendrán días en que desearéis ver uno de esos días y no podréis». ¿Quién no llorará, pues? ¿Quién no dirá: Mis lágrimas han llegado a ser mi pan durante el día y la noche: diciéndome todos los días: «Dónde está tu Dios?» ( Sal 41,4) Con razón, pues, deseaba el Apóstol ser desatado de su cuerpo y estar con Cristo ( Flp 1) (sermones 210, 4-5).

Cuando San Mateo dijo: «estad tristes» y San Marcos y San Lucas: «ayunad», nos indicaron la clase de ayuno de la que habló el Señor, que no es otro más que el que se refiere a la humillación del corazón atribulado. Con comparaciones posteriores simbolizó aquel otro ayuno que está en relación a la alegría del corazón que se eleva en las cosas espirituales. Estas comparaciones nos hacen ver cómo para aquellos hombres que se ocupan sólo de las cosas del cuerpo y que de esta manera perseveran en su antiguo error, es imposible practicar esta clase de ayuno (de consensu evangelistarum, 2, 27).

Fuente: San Agustín

jueves, 2 de julio de 2026

Comentario lectura evangelio 03/07/26

La primera cuestión que nos plantea la lectura de este texto evangélico es ésta: ¿cómo puede ser real el cuerpo del Señor después de la resurrección, si pudo entrar en la casa estando las puertas cerradas? Pero hemos de tener en cuenta que las obras de Dios no serían admirables, si fueran comprensibles para nuestra inteligencia; y que la fe no tiene mérito alguno, si la razón humana le aporta las pruebas.

Pero estas mismas obras de nuestro Redentor que en sí mismas son incomprensibles, debemos considerarlas a la luz de otras situaciones suyas, para que las gestas más maravillosas hagan creíbles las cosas sencillamente admirables. En efecto, aquel cuerpo del Señor que, cerradas las puertas, entró adonde estaban los discípulos, es exactamente el mismo cuerpo que, en el momento de su nacimiento, salió a los ojos de los hombres del seno sellado de la Virgen. ¿Qué tiene, pues, de extraño el que después de su resurrección, ya eternamente triunfante, entrara a través de las puertas cerradas el que, viniendo para morir, salió del seno sellado de la Virgen? Mas como quiera que ante aquel cuerpo visible dudaba la fe de quienes lo contemplaban, enseguida les enseñó las manos y el costado; se prestó a que palparan aquella carne, que había introducido a través de las puertas cerradas.

De un modo maravilloso e inestimable nuestro Redentor, después de su resurrección, exhibió un cuerpo a la vez incorruptible y palpable, a fin de que mostrándolo incorruptible invitara al premio, y presentándolo palpable afianzara la fe. Se mostró, pues, incorruptible y palpable, para dejar fuera de dudas que su cuerpo, después de la resurrección, era de la misma naturaleza, pero de distinta gloria.

Y les dijo: Paz a vosotros. Como mi Padre me ha enviado, así también os envío yo. Esto es: como el Padre, que es Dios, me ha enviado a mí que soy Dios, así también yo, que soy hombre, os envío a vosotros, que sois hombres. El Padre envió al Hijo y determinó que se encarnara para la redención del género humano. Quiso ciertamente que viniera al mundo a padecer, y sin embargo amó al Hijo a quien mandó a la pasión. Asimismo a los apóstoles, que él eligió, el Señor los envió al mundo no a gozar, sino —como él mismo fue enviado— a padecer. Y así como el Hijo es amado por el Padre y no obstante es enviado a padecer, de igual modo los discípulos son amados por el Señor y, sin embargo, son enviados al mundo a padecer. Por eso dice: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; esto es, cuando yo os envío al torbellino de las persecuciones, os estoy amando con el mismo amor con que el Padre me ama, quien no obstante, me hizo venir a soportar los tormentos.

La palabra «enviar» puede entenderse también de su naturaleza divina. En efecto, se dice que el Hijo es enviado por el Padre, en cuanto que es engendrado por el Padre. En el mismo orden de cosas, el mismo Hijo nos habla de enviarnos el Espíritu Santo que, siendo igual al Padre y al Hijo, sin embargo no se encarnó. Dice en efecto: Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre. Si, pues, debiéramos interpretar la palabra «enviar» únicamente en el sentido de «encarnarse», en modo alguno podría decirse del Espíritu Santo que sería «enviado», ya que nunca se encarnó. Su misión se identifica con la procesión, por la que procede del Padre y del Hijo. Por tanto, así como se dice del Espíritu que será enviado porque procede, así también se dice correctamente del Hijo que es enviado, en el sentido de que es engendrado.

Fuente: San Gregorio Magno, papa

miércoles, 1 de julio de 2026

Comentario lectura evangelio 02/07/26

«¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios?» (Mc 2,7)

Hay dos cosas que son exclusivas de Dios: la honra de recibir la confesión y el poder de perdonar. Hemos de confesarnos a él y esperar de él el perdón. Solamente Dios puede perdonar los pecados; es, pues a él sólo a quien debemos confesarlos. Pero el Todopoderoso, el Altísimo, habiendo tomado una esposa débil e insignificante, ha hecho de esta sierva, una reina. La que estaba recostada a sus pies, la ha colocado a su lado; porque es de su costado que ella ha salido y se ha desposado con ella (Gn 2,22; Jn 19,34).Y, del mismo modo que todo lo que es del Padre es del Hijo, y todo lo que es del Hijo es del Padre por su unidad de naturaleza (Jn 17,10), igualmente el Esposo ha dado todos sus bienes a la esposa y se apropió todo lo que es de la esposa a la que ha unido a sí mismo y al Padre…

Por eso el Esposo que es uno con el Padre y uno con la esposa, hizo desaparecer de su esposa todo lo que en ella halló de impropio, lo clavó en la cruz y en ella expió todos los pecados de la esposa. Todo lo borró por el madero. Tomó sobre sí lo que era propio de la naturaleza de la esposa, y la esposa dio todo lo suyo al Esposo… De esta manera participa él en la debilidad y el llanto de su esposa, y todo es común entre el Esposo y la esposa incluso el honor de recibir la confesión y el poder de perdonar los pecados. Por ello dice: «Ve a presentarte al sacerdote» (Mc 1,44).

Fuente: Isaac de la Stella, monje