viernes, 9 de enero de 2026

Comentario lectura evengelio 10/01/26

El espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido

Lleno del Espíritu Santo, después de haber superado la tentación que el maligno le había preparado en el desierto, Jesús va a la ciudad donde se había criado. La fama de Jesús se había extendido por Galilea. Ahora, en la sinagoga de Nazaret, viene a manifestar el cumplimiento de la profecía de Isaías. Lo que anhela el Pueblo de Israel se pone de manifiesto delante de los ojos de la asamblea. El Mesías de Dios que trae consigo el proyecto de liberación total de la persona.

Seguramente que en la sinagoga todos se quedasen un tanto admirados al escuchar a Jesús expresar estas palabras. Es decir, que ante su pueblo toma la actitud de Maestro de la Ley, se sienta en la cátedra, toma el rollo de la ley, pronuncia la palabra y sobre ella, lanza el mensaje.

De este modo, se da a conocer quién es Jesús y las acciones que avalan su persona. El Reino de Dios se está haciendo presente gracias que, a los humildes, a los pobres, se les predica la palabra, se les predica la liberación total de la persona humana, que tiene muchas esclavitudes debido a lo compleja que puede ser a veces la vida.

Solo el que está oprimido y escucha una palabra de aliento es capaz de comprender lo que significa liberarte del peso que llevas cargando toda tu vida, desde la culpa, desde la ignorancia, desde el miedo. Siempre hay cosas que hemos hecho mal, pero la compasión de Jesús, el amor hacia la persona, hace posible liberarte.

El año de gracia del Señor, que tiene tintes recogidos del profeta Isaías después de la restauración que el Señor hace con su pueblo tras la deportación en Babilonia. Recoge también la idea del año jubilar que aparece en Levítico 25, la liberación de la tierra y de todos los habitantes.

Tiempo de perdón, de sanación de las heridas sufridas, tiempo de reconciliación, tiempo de oportunidades y horizontes nuevos. Nuestro tiempo en el que se ve iluminada nuestra existencia por la gracia de Dios que lo restaura todo y nos da la esperanza y la confianza de una relación nueva con todo.
El proyecto de liberación y salvación que inicia el profeta de Nazaret en la vida de aquel que se encuentra con Él en los caminos de la vida. Acoger la vida y el amor que nos ofrece Jesús para transformar la pobreza de nuestra realidad en plenitud.

Fuente: Fray Juan Manuel Martínez Corral O.P., Convento de Santo Domingo (Caleruega)

jueves, 8 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 09/01/26

Jesús estaba solo

La revelación esencial del Evangelio es la presencia fundamental y profunda de Dios. Es un llamado a encontrar a Dios, y Dios se encuentra en la soledad. Puede parecer que esta soledad es rechazada a los que viven entre los hombres. Eso sería creer que precedemos a Dios en la soledad, pero es Dios el que nos espera. Encontrarlo es encontrar la verdadera soledad. Porque la verdadera soledad es espíritu y todas nuestras soledades humanas son camino hacia la perfecta soledad que da la fe.

La verdadera soledad no es la ausencia de hombres sino la presencia de Dios. Poner la vida en faz de Dios, librar la vida a la inspiración de Dios, es saltar a una región en la que somos hechos solitarios. Es la altura la que hace la soledad de las montañas y no el lugar en la base, en la que estamos parados. Si la efusión de la presencia de Dios en nosotros es escuchada en el silencio y la soledad, esa presencia nos deja pacificados, radicalmente unidos a todos los hombres que están hechos con la misma tierra que nosotros.

Feliz el que recibe la Palabra de Dios y la guarda” (Lc 11,28). No hay soledad sin silencio. El silencio, que puede ser a veces callar, es siempre escuchar. Una abstención de ruido que estuviera carente de nuestra atención a la Palabra de Dios, no sería silencio. Una jornada llena de ruidos y plena de voces, puede convertirse en una jornada de silencio…, si para nosotros el ruido deviene un eco de la presencia de Dios.

Fuente: Venerable Madeleine Delbrêl (1904-1964), laica, misionera en la ciudad.

miércoles, 7 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 08/01/26

La multiplicación de los panes

Observemos el abandono confiado de los discípulos a la providencia de Dios en las necesidades más grandes de la vida y su desprecio hacia una existencia lujosa: eran doce y tenían sólo cinco panes y dos peces. No se preocupaban de las cosas del cuerpo; se dedicaban con celo a las cosas del alma. Es más, no guardaron para ellos estas provisiones: se las dieron en seguida al Salvador cuando se las pidió. Aprendamos de este ejemplo, a compartir lo que nosotros tenemos con los que están necesitados, aunque tengamos poco. Cuando Jesús les pide los cinco panes, no dicen: "¿qué nos quedará para más tarde? ¿De dónde sacaremos lo que nos hace falta a nosotros?" Obedecen en seguida...

Tomando pues los panes, el Señor los partió y les confió a los discípulos el honor de distribuirlos. No quería solo honrarlos con este santo servicio, sino que quería que participaran en el milagro, para que fueran testigos bien convencidos y no olvidaran lo que habían visto con sus ojos... Por ellos hace sentar a la gente y distribuye el pan, con el fin de que cada uno de ellos pueda dar testimonio del milagro que se realizó entre sus manos...

Todo en este acontecimiento - el lugar desierto, la tierra desnuda, poco pan y pescado, la distribución de las cosas sin preferencia, cada uno que tiene tanto como su vecino - todo esto nos enseña la humildad, la frugalidad, y la caridad fraterna. También amarnos unos otros, tenerlo todo en común entre los que sirven al mismo Dios, es lo que nos enseña nuestro Salvador aquí.

Fuente: San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia

martes, 6 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 07/01/26

"El pueblo que habitaba en tinieblas, vio una luz grande"

También hoy estas palabras del profeta Isaías llegan a nosotros, pero lo hacen con más fuerza, con más vida, porque nosotros ya conocemos esta Luz grande.

En un mundo como el nuestro, donde la imagen invade el ser y la superficialidad desplaza la autenticidad, necesitamos una Luz grande que ilumine y dé Vida a cuantos nos ponemos de rodillas delante de nuestro Dios.

La Vida era la Luz de los hombres

La Vida era la Luz de los hombres”, dice San Juan; por eso, atentar contra la vida es atentar contra la Luz, cuantas heridas sufre la Vida: pobres abandonados, niños perdidos, jóvenes desorientados, ancianos descartados.

A veces, caminamos en tinieblas, pero hemos visto una Luz grande. Una Luz que invade nuestro interior y rompe la oscuridad de nuestra noche, creando fuentes de Esperanza.

Esperanza que brota porque está cerca el Reino de nuestro Dios, y en ella la Vida cura nuestras enfermedades y dolencias.

"Le traían todos los enfermos y Él los curaba"

Creer en el nombre de Jesús, el Señor, es dejarse llenar de esta Vida que riega los resecos surcos de un mundo sediento de esperanza, y así nos convertimos en verdaderos hijos de la Vida.

Somos de Dios y Dios es Vida y Luz. Esta es nuestra misión como dominicos: favorecer la dignidad de todo ser humano allí donde se encuentre, por encima de razas, color de la piel, idioma… como lo hizo nuestro hermano Raimundo de Peñafort, que encontró la Vida y la Luz entre los textos legislativos.

¡No apaguemos la Luz, no vaciemos la Vida. Seamos artesanos de Luz y Vida!

Fuente: Fr. Benito Medina Carpintero O.P., Convento de Santa Cruz la Real (Granada)

lunes, 5 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 06/01/26

«Cayendo de rodillas, se prosternaron ante de é

La intención de Dios no fue solamente la de bajar a la tierra, sino la de ser conocido en ella; no sólo nacer, sino darse a conocer. De hecho, es en vistas a este conocimiento que nosotros celebramos la Epifanía, este gran día de su manifestación. Hoy, en efecto, los magos vinieron de Oriente buscando al Sol de Justicia en su aurora (Ml 3,20), este Sol de quien leemos: «Aquí tenéis a un hombre que se llama Oriente» (Za 6,12). Hoy han adorado el hecho de haber dado a luz, de manera nueva, la Virgen, siguiendo la dirección que les había marcado una nueva estrella. ¿No encontramos aquí, hermanos un gran motivo de gozo, así como en esta palabra del apóstol Pablo: «Ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre»? (Tt 3,4)...

¿Qué hacéis, magos, qué hacéis? ¿Adoráis a un niño de mama, en una choza vulgar, envuelto en mantillas miserables? ¿Acaso éste será Dios? Pero «el Señor está en su templo santo, el Señor tiene su trono en el cielo» (Sl 10,4), y ¿vosotros lo buscáis en un vulgar establo, recostado en el regazo de una madre? ¿Qué hacéis? ¿Por qué ofrecéis este oro? ¿Éste, será acaso, rey? Pero, ¿dónde está su cortejo real, dónde está su trono, dónde la multitud de sus cortesanos? ¿Un establo es un palacio, un pesebre un trono, María y José miembros de su corte? ¿Cómo es posible que hombres sabios se hayan vuelto locos hasta el punto de adorar a un niño pequeño, despreciable tanto por su edad como por la pobreza de los suyos?

Sí, se han vuelto locos para llegar a ser sabios; el Espíritu Santo les ha enseñado por anticipado lo que más tarde proclamó el apóstol Pablo: «Destruiré la sabiduría de los sabios, frustraré la sagacidad de los sagaces... Como en la sabiduría de Dios el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los creyentes» (1C 1,21)...Se prosternaron, pues, ante este pobre niño, rindiéndole homenaje como a rey, adorándole como a Dios. El que por fuera les guió a través de una estrella, derramó su luz en el secreto de sus corazones.

Fuente: San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia

domingo, 4 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 05/01/26

Yo te vi, cuando estabas debajo de la higuera

Natanael estaba bajo el árbol del higo, como bajo sombra de muerte. Lo vio el Señor, de quien está dicho: “Para quienes se sentaban bajo sombra de muerte salió una luz.” (Is 9,2) ¿Qué se ha dicho, pues, a Natanael? “¿Me dices, oh Natanael, de qué me conoces? Ahora hablas conmigo, porque te llamó Felipe”. Quien mediante un apóstol ha llamado, ha visto que pertenecía ya a su Iglesia. ¡Oh tú, Iglesia; oh tú, Israel, (…), ya en este instante has conocido a Cristo mediante los apóstoles, como Natanael conoció a Cristo mediante Felipe. Pero su misericordia te vio antes que tú le conocieses, cuando yacías bajo el pecado!

En efecto, ¿acaso hemos buscado primero nosotros a Cristo, y no nos ha buscado él antes? ¿Acaso nosotros hemos venido, enfermos, al Médico, y no el Médico a los enfermos? ¿No había perecido aquella oveja y, dejadas las noventa y nueve, el pastor buscó y halló a la que volvió a traer, alegre, en los hombros? (Lc 15,4) ¿No había perecido aquella dracma y la mujer encendió una lámpara y buscó por toda su casa hasta hallarla? (Lc 15,8)... Nuestro pastor halló la oveja, pero buscó a la oveja; la mujer halló la dracma, pero buscó la dracma. … Hemos sido, pues, buscados para ser hallados; hallados hablamos. Porque antes de ser hallados habíamos perecido si no fuésemos buscados, no nos ensoberbezcamos.

Fuente: San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

sábado, 3 de enero de 2026

Comentario lectura evangelio 04/01/26

La Palabra era la luz verdadera

Venga también ahora la Palabra del Señor a quienes la esperamos en silencio. Un silencio sereno lo envolvía todo, y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa descendió desde el trono real de los cielos.” (Sb 18, 14-15) Este texto de la Escritura se refiere a aquel sacratísimo tiempo en que la Palabra todopoderosa de Dios vino a nosotros para anunciarnos la salvación, descendiendo del seno y del corazón del Padre a las entrañas de una madre. (…)
 
Así pues, todo estaba en el más profundo silencio: callaban en efecto los profetas que lo habían anunciado, callaban los apóstoles que habían de anunciarlo. En medio de este silencio que hacía de intermediario entre ambas predicaciones, se percibía el clamor de los que ya lo habían predicado y el de aquellos que muy pronto habían de predicarlo. (…) Con expresión feliz se nos dice que en medio del silencio vino el mediador entre Dios y los hombres: hombre a los hombres, mortal a los mortales, para salvar con su muerte a los muertos.

Y ésta es mi oración: que venga también ahora la Palabra del Señor a quienes le esperamos en silencio; que escuchemos lo que el Señor Dios nos dice en nuestro interior. Callen las pasiones carnales y el estrépito inoportuno; callen también las fantasías de la loca imaginación, para poder escuchar atentamente lo que nos dice el Espíritu, para escuchar la voz que nos viene de lo alto. Pues nos habla continuamente con el Espíritu de vida y se hace voz sobre el firmamento que se cierne sobre el ápice de nuestro espíritu; pero nosotros, que tenemos la atención fija en otra parte, no escuchamos al Espíritu que nos habla.

Fuente: Julián de Vézelay (c. 1080-c. 1160), monje benedictino