“El que es de la tierra es de la
tierra y habla de la tierra”
Si en la primera lectura encontramos la llamada interior que nos lleva a dar testimonio, incluso cuando nos pueda acarrear persecución, el Evangelio nos ofrece el ejemplo concreto de Juan el Bautista que, como sabemos asumió la muerte por predicar la Verdad y se sometió a Dios antes que a los poderes de este mundo.
«El que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra» pero nosotros, al haber sido insertado en Cristo, hemos sido hechos criaturas nuevas, y estamos llamados a hablar con nuestra existencia del Cielo: ¡hemos resucitado con Cristo! Nuestras vidas deben hablar de Cielo.
«De lo que ha visto y oído da testimonio». No nos lo han contado, no es un discurso aprendido que debamos repetir. Nos urge dar testimonio de aquellas maravillas que hemos visto a Dios hacer en nuestras vidas. Creemos en el Hijo y, por tanto, poseemos la Vida Eterna y, al mismo tiempo, somos testimonio para el mundo.
Hemos sido enviados a hablar las palabras de Dios, somos una Palabra de Dios para nuestra generación y tampoco a nosotros nos ha dado Dios el Espíritu con medida. ¡No seamos nosotros quienes acotemos al Espíritu!
En plena celebración de la
Pascua, se nos invita, una vez más, a vivir como hijos resucitados. La
experiencia Pascual tiene consecuencias directas y concretas en cada uno de
nosotros. No es un recuerdo de algo que en nada afecta a nuestras vidas, sino
que, verdaderamente, lo cambia todo, nos cambia del todo: hemos pasado de la
muerte a la vida. ¿Se nota?
Sor Teresa de Jesús Cadarso O.P., Monasterio de Santo Domingo (Caleruega)