viernes, 9 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 10/10/26

“Bienaventurado el vientre que te llevó”

¡Qué arrebato, qué alegría muestra el grito de la mujer al escuchar las palabras de Jesús! Le sale del alma, de lo más profundo al sentirse liberada, que, de repente, puede volar porque Alguien le ha abierto las alas y le ha mostrado que es amada por un Padre que no hace acepción de personas y que está por encima de las leyes de una religión misógina -muchas veces como la cristiana- clasista y opresora.

Sin poder seguir la reflexión, enseguida me surge una pregunta ¿provoca en nosotros este entusiasmo escuchar al Cristo que nos ama, que nos libera, que nos ofrece un camino eternamente nuevo, eternamente ilusionante y que da sentido a la existencia? Ahí queda.

Nombrar a la madre de Jesús, a la íntima de Jesús, a la ternura de Jesús, seguro que provocó en Él una vuelta a los abrazos, palabras y sonrisas de su madre, pero también una mirada a la vida de los que le rodeaban: no, no consiste ene elogiar al Profete, consiste en saber escuchar y hacer realidad en la vida lo escuchado, en contemplar el mundo y la realidad y, lo contemplado, convertirlo en vida en oración («Contemplari et contemplata aliis tradere»)

Ya desde los documentos de Puebla hasta los de Aparecida, se nos urge a no separar la fe de la vida, no convertir en una ideología, por hermosa que sea, todo  lo que Jesús nos transmitió, porque ahí reside una de las razones más importantes de la deserción de tantos y tantas de la comunidad de los seguidores de Jesús, la “hipocresía religiosa” de proclamar una cosa y luego hacer otra, apoyar esa extrema derecha que desprecia la vida de los niños y niñas porque son de otro sitio o apoya un genocidio porque no merecen vivir…

¡Qué escándalo oír a supuestos cristianos apoyar esa xenofobia asesina que justifica el desprecio a otros seres humanos! La fe no es una serie de ritos, ni de dogmas, es una vida que surge del seguimiento consciente, de una opción radical lejos del sentimentalismo y fortalecida por el Espíritu que robustece en nosotros el Evangelio de la Alegría.

Revestidos de Cristo, no podemos olvidar que ese encuentro con el Cristo vivo, nos envía a cambiar nuestro mundo y trabajar para que sea lo más parecido posible al que Dios soñó para nosotros. Separar fe y vida, “El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época” (Gs,43)

Qué hermosas las palabras de la mujer, pero que esclarecedoras las Palabras de Jesús: con ellas nos permite entender el proyecto de la Bienaventuranzas, de la parábola del Juicio Final… nos permite trabajar con los que creen en un mundo de hermanos, de justicia, de paz…. Un mundo alejado completamente de la ideología que está dominando cada vez más en una sociedad inhumana, en una sociedad que está olvidando que el Logos se hizo carne y que, sin encarnación, no hay salvación.

Fuente: Fray Antoni Miró Gallego O.P., Convento de Santo Domingo Ra`ykuéra (Asunción. Paraguay)

jueves, 8 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 09/10/26

“Si yo expulso los demonios con el dedo de Dios es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros”

Encontramos a Jesús, en el relato del evangelio que hoy escuchamos en la eucaristía, enfrentado de nuevo a algunos miembros de su pueblo, a propósito de un signo que realiza: la expulsión de un demonio, que libera a la persona de la mudez que padecía.

Vemos, por un lado, que la mayor parte de la multitud se admiró. Pero hay algunas personas que no pueden aceptar la actuación de Jesús, que una y otra vez se manifiesta curando, levantando, liberando, salvando…

Y es que Jesús desborda todas sus previsiones y sus “conocimientos” sobre Dios, y les hace perder el control, el dominio y el poder religioso que ostentan sobre el pueblo. Su incapacidad de abrirse a la irrupción del misterio de Dios en la persona de Jesús, les lleva a proponer razones absolutamente incoherentes para intentar explicar de dónde viene el poder con el que Jesús actúa. Razones que Jesús desmonta de un simple plumazo…

Porque aquí hay alguien que es más fuerte que todos los “demonios”, que se ha acercado al ser humano para liberarle de todos ellos, para ofrecerle una vida plena de sentido desde el Amor que nos constituye.
Esa es la dinámica que Pablo nos está presentando en la carta a los Gálatas. La fe en Jesús supone que Él se va convirtiendo en el centro de nuestra vida, que queremos vivir en él, desde Él, con Él… buscando hacer realidad la expresión de Pablo “ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.

En esa dinámica sólo hay un protagonista, que es Jesús, a quien queremos seguir. Pero puede ocurrirnos que viviendo alguna experiencia de liberación de nuestros “demonios”, no demos el paso de acoger esa presencia vivificadora de Jesús en nuestra vida y nos quedemos, en definitiva, como estábamos o mucho peor. Sobre eso nos advierte también Jesús en el evangelio que escuchamos. Es la imagen de la casa arreglada, pero vacía, en la que Jesús no ha sido acogido para habitar en ella. Con Él no hay demonios que valgan, sin Él habremos elegido seguir dando vueltas a nuestros propios demonios.

La propuesta de Jesús es sólo una. La otra alternativa no procede de Él y por eso resulta complicado que nos pueda llevar a Él.

Y ante este planteamiento radical que Jesús hace, el gran interrogante que supone preocupación y sufrimiento: ¿cómo en la Iglesia siguen surgiendo movimientos que adquieren un cierto auge, en los que la presencia del demonio resulta mucho más familiar que la del Espíritu de Jesús, alentados y promovidos por gurús que manipulan las conciencias, prometen sanaciones, liberaciones y bendiciones abundantes que llegan sólo a través de ellos (por lo que hay que peregrinar a donde sea necesario para encontrarlos), convirtiendo a los hijos de Dios en esclavos inducidos a ver por doquier la presencia de demonios en su vida y en la de los otros?

Que el Señor Jesús nos ayude a ir descubriendo, con gran alegría, el tesoro del Reino, en el que lo único que cuenta es vivir de Amor y hacer presente a los otros ese amor con nuestra vida.

Fuente: Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P., Congregación Romana de Santo Domingo

miércoles, 7 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 08/10/26

«Le dará todo lo que necesite»

No debes desconfiar de Dios ni desesperar de su misericordia... Canta al Señor estas palabras del profeta: «Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores, como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora, así nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia. Misericordia, Señor, misericordia, que estamos saciados de desprecios (Sl 122, 2-3)... Si estamos saturados de desprecio y cubiertos de ultrajes por numerosos pecados, nuestros ojos deben, sin embargo, seguir mirando al Señor nuestro Dios hasta que se apiade de nosotros. En efecto, es propio del alma constante y tenaz no dejarse apartar de la perseverancia en la oración por desesperar de ser escuchada, sino que persiste incansablemente en la oración hasta que Dios le hace misericordia.

Y para que no se te ocurra pensar que ofendes al Señor por seguir importunándole con tus oraciones cuando no mereces ser oído, recuerda la parábola del Evangelio; en ella descubrirás que los que oran a Dios con importuna perseverancia le son agradables, pues dice: «Si no se levanta a dárselo por ser su amigo, al menos se levantará por su importunidad, y le dará cuanto necesite» (Lc 11,8). Comprende, pues, que el diablo es quien nos sugiere desesperar de ser escuchados, a fin de que se nos retire esta esperanza en la bondad de Dios, que es el ancla de nuestra salvación, el fundamento de nuestra vida, el guía del camino que conduce al cielo. El Apóstol dice: «En esperanza fuimos salvados» (Rm 8, 24).

Fuente: Rabano Mauro (c. 784-856), abad benedictino, obispo

martes, 6 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 07/10/26

Hoy vemos cómo uno de los discípulos le dice a Jesús: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos» (Lc 11,1). La respuesta de Jesús: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación» (Lc 11,2-4), puede ser resumida con una frase: la correcta disposición para la oración cristiana es la disposición de un niño delante de su padre.

Vemos enseguida que la oración, según Jesús, es un trato del tipo “padre-hijo”. Es decir, es un asunto familiar basado en una relación de familiaridad y amor. La imagen de Dios como padre nos habla de una relación basada en el afecto y en la intimidad, y no de poder y autoridad.

Rezar como cristianos supone ponernos en una situación donde vemos a Dios como padre y le hablamos como sus hijos: «Me has escrito: ‘Orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?’. —¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: ¡tratarse!’» (San Josemaría).

Cuando los hijos hablan con sus padres se fijan en una cosa: transmitir en palabras y lenguaje corporal lo que sienten en el corazón. Llegamos a ser mejores mujeres y hombres de oración cuando nuestro trato con Dios se hace más íntimo, como el de un padre con su hijo. De eso nos dejó ejemplo Jesús mismo. Él es el camino.

Y, si acudes a la Virgen, maestra de oración, ¡qué fácil te será! De hecho, «la contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial (...). Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo» (Juan Pablo II).

Fuente: Fr. Austin Chukwuemeka IHEKWEME, (Ikenanzizi, Nigeria)

lunes, 5 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 06/10/26

“Contemplar, predicar”

El conocido pasaje de la visita de Jesús a casa de Marta y María ha sido interpretado de muchas maneras. Yo quiero recalcar el afán de Marta por tenerlo todo preparado para el Maestro frente a la contemplación de María por la Palabra: vida activa y vida contemplativa que no tienen por qué estar enfrentadas, al contrario: son complementarias, dos vocaciones necesarias para la predicación.

Para los que estamos en el mundo, en las calles, para los misioneros, para las hermanas de vida activa, las oraciones de nuestros hermanos contemplativos, las encomiendas de nuestras hermanas de clausura son fundamentales. Esas oraciones discretas, silenciosas que a veces pasan inadvertidas, son la fuerza espiritual de la Iglesia en todos sus ámbitos.

Pero ambas vocaciones pueden ser compatibles y no dejar de escuchar la Palabra por estar demasiado ocupados en las cosas del día a día. “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por muchas cosas”. Es como si Jesús le quisiera decir que hay tiempo para todo, bien es verdad que María se ha llevado la mejor parte, pero nosotros también podemos participar de ella. Muchas veces lo he dicho: un rato de oración, un rato de lectura de las Escrituras, un rato de meditación al día nos darán la fuerza suficiente para afrontar nuestras tareas con la alegría evangélica de los cristianos, nos darán esa “sal de la tierra” que tanta falta le hace a nuestro mundo.

Marta y María, dos caras de la misma moneda que se necesitan y se complementan. Tomemos ejemplo de ellas para nuestra vida y con ellas vayamos tras los pasos de Jesús teniendo siempre nuestra casa abierta para Él.

Fuente: D. Luis Maldonado Fernández de Tejada O.P., Fraternidad de Laicos Dominicos de Santo Domingo (Almagro)

domingo, 4 de octubre de 2026

Comentario lectura evangelio 05/10/26

Hoy, el mensaje evangélico señala el camino de la vida: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, (…) y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc 10,27). Y porque Dios nos ha amado primero, nos lleva a la unión con Él. Santa Teresa de Calcuta dice: «Nosotros necesitamos esta unión íntima con Dios en nuestra vida cotidiana. ¿Y cómo podemos conseguirla? A través de la oración». Estando en unión con Dios empezamos a experimentar que todo es posible con Él, incluso el amar al prójimo.

Alguien decía que el cristiano entra en la iglesia para amar a Dios y sale para amar al prójimo. El Papa Benedicto subraya que el programa del cristiano —el programa del buen samaritano, el programa de Jesús— es «un corazón que ve». ¡Ver y parar! En la parábola, dos personas ven al necesitado, pero no paran. Por esto Cristo reprochaba a los fariseos diciendo: «Tenéis ojos y no veis» (Mc 8,18). Al contrario, el samaritano ve y para, tiene compasión y así salva la vida al necesitado y a sí mismo.

Cuando el famoso arquitecto Antonio Gaudí fue atropellado por un tranvía, algunas personas que estaban de paso no pararon para ayudar a aquel anciano herido. No llevaba documento alguno y por su aspecto parecía un mendigo. Si la gente hubiese sabido quién era aquel prójimo, seguramente hubiese hecho cola para auxiliarlo.

Cuando practicamos el bien, pensamos que lo hacemos por el prójimo, pero realmente también lo hacemos por Cristo: «Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mi lo hicisteis» (Mt 25,40). Y mi prójimo, dice Benedicto XVI, es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Si cada uno, al ver al prójimo en necesidad, se detuviera y se compadeciera de él una vez al día o a la semana, la crisis disminuiría y el mundo devendría mejor. «Nada nos asemeja tanto a Dios como las obras buenas» (San Gregorio de Nisa).

Fuente: Rev. P. Ivan LEVYTSKYY CSsR, (Lviv, Ucrania)

Comentario lectura evangelio 04/10/26

Hoy contemplamos el misterio del rechazo de Dios en general, y de Cristo en particular. Sorprende la reiterada resistencia de los hombres ante el amor de Dios.

Pero la parábola hoy se refiere más específicamente al rechazo que los judíos tuvieron con Cristo: «Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron» (Mt 21,37-39). No es fácil entender esto: es porque Cristo vino a redimir al mundo entero, y los judíos esperan a su “mesías” particular que les dé a ellos el dominio de todo el mundo…

Cuando estuve en Tierra Santa me dieron un prospecto turístico de Israel donde están los judíos más famosos de la historia: desde Moisés, Gedeón y Josué hasta Ben Gurión, que fue el realizador del Estado de Israel. Sin embargo, en ese prospecto no está Jesucristo. Y Jesús ha sido el judío más conocido de la historia: hoy se le conoce en el mundo entero, y ya hace dos mil años que murió…

A los grandes personajes, al cabo del tiempo, se les admira, pero no se les ama. Hoy nadie ama a Cervantes o a Miguel Ángel. Sin embargo, Jesús es el más amado de la historia. Hombres y mujeres dan la vida por amor a Él. Unos de golpe en el martirio, y otros “gota a gota”, viviendo sólo para Él. Son miles y miles en el mundo entero.

Y Jesús es el que más ha influido en la historia. Valores hoy aceptados en todas partes, son de origen cristiano. No sólo eso, sino que además se constata que hoy hay un acercamiento a Jesucristo, también entre judíos (“nuestros hermanos mayores en la fe”, como dijera San Juan Pablo II). Pidamos a Dios particularmente por la conversión de los judíos, pues este pueblo, de grandes valores, convertido al catolicismo, puede ser un gran beneficio para la humanidad entera.

Fuente: P. Jorge LORING SJ, (Cádiz, España)