Jesucristo nunca se deja vencer por nuestros pecados, indiferencias, dudas o ingratitudes. Con paciencia infinita se vuelve hacia nosotros, como lo hizo con el discípulo incrédulo, nos muestra su costado abierto, nos toma de la mano en toda circunstancia y nos alienta a confiar. Tomás hizo la experiencia del perdón de Jesús y esta vivencia personal del amor de Dios fue lo que le hizo convertirse en un apóstol. También nosotros cuando tengamos dudas, cuando las dificultades se asomen a la puerta de nuestra vida, cuando nos duela vivir nuestro cristianismo, meditemos en el gran amor que llevó a Jesús hasta la cruz. Nos daremos cuenta de que no podemos sentirnos solos y que no podemos vivir igual.
(Fuente: Regnum Christi)
No hay comentarios:
Publicar un comentario