A San José le conocemos también como un hombre justo y compasivo. Ante la evidencia de que María, su esposa, estaba embarazada, antes de que hubiera convivido con él, San José, que era justo, decidió abandonarla en secreto. Legalmente podía haberla denunciado y María seguramente habría sido lapidada en público hasta morir, tal como estaba mandado en la ley judía. Pero José, precisamente porque era justo y sabía, porque se lo decía su corazón, que María era inocente, no quiso hacer uso de la justicia legal. Él sabía que la verdadera justicia, la justicia bíblica que aplicaba Yahveh, el Dios de la justicia, era siempre una justicia moral, es decir, una justicia misericordiosa y compasiva. Su hijo, Jesús, sería después el modelo y predicador de esta justicia misericordiosa. La justicia legal, aplicada sin amor y misericordia, se convierte muchas veces en cruel injusticia. También en esto San José debe ser para nosotros, los cristianos, un modelo imitable. Debemos buscar siempre la justicia que salva y construye, no la que condena y destruye. La justicia de Dios es siempre una justicia de Padre, antes que una justicia de juez. Así debe ser nuestra justicia, así fue, en este caso, la justicia que inspiró el comportamiento generoso de José.
(Fuente nocetnam)
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