Jesús utiliza expresiones fuertes y palabras duras para despertar la fe del pueblo, pero todo es en vano. El orgullo ha cerrado sus ojos, sus oídos y su corazón. El texto pone también de manifiesto la incoherencia de la fe de los judíos que confían más en ellos mismos que en Dios.
Esto que ocurría en tiempos de Jesús ocurre igualmente en nuestros días. Son muchos los que por no salir de su comodidad o por creerse poseedores de la verdad, cierran su corazón al Evangelio. Viviendo una vida chata, pensando sólo en ellos mismos. Dicen creer en Dios pero luego la vida va por el camino opuesto.
Pidamos al Señor que esta Cuaresma avancemos en coherencia y autenticidad. Que demos testimonio de Jesús con nuestras obras para que el mundo crea.
(Fuente nocetnam: Monasterio de Sta. Ana, Murcia)
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