El Evangelio de hoy es una catequesis sobre la oración que Jesús da a sus discípulos.
La constancia y la perseverancia en la oración, que Jesús nos la muestra con la parábola del amigo inoportuno en la que se revela la necesidad de orar con insistencia y perseverancia sin desfallecer. A veces parece que nuestra oración no es escuchada, pero no debemos desanimarnos porque a fuerza de insistir el amigo inoportuno consigue los panes que necesita. Por eso Cristo nos dice: “pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”.
Si oramos con fe y confianza a Dios tengamos la certeza de que Él escuchará nuestras súplicas. Y si muchas veces no obtenemos lo que pedimos es porque no oramos con suficiente fe, no somos perseverantes o no pedimos como debemos, es decir, que se cumpla por encima de todo la voluntad de Dios en nuestra vida.
Mantengamos la paz en el corazón sabiendo que Dios nos concederá siempre lo que más nos conviene, que es sobre todo, su Espíritu Santo, el cual nos ayudará a afrontar y aceptar los acontecimientos de nuestra vida.
No dudemos nunca de que Dios nos escucha siempre y siempre responde, aunque tal vez sea de una manera distinta a la que esperamos.
Termino con esta breve historia. En una ocasión, un niño muy pequeño hacía grandes esfuerzos por levantar un objeto muy pesado. Su papá, al ver la lucha tan desigual que sostenía su hijo, le preguntó:
“¿Estás usando todas tus fuerzas?”
“¡Claro que sí!”-contestó malhumorado el pequeño.
“No es cierto- le respondió el padre- no me has pedido que te ayude”
Pidamos con fe, con confianza y con perseverancia, sobre todo el Espíritu Santo. ¡La oración es omnipotente!
(Fuente nocetnam: Monasterio de Santa Ana, Murcia)
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