En el texto evangélico el ángel pide a María que se alegre porque el “Señor está contigo”. Ella será habitada por Dios: por el Espíritu santo que la fecunda, y por quien será llamado hijo de Dios que concebirá en su seno. Lo que la Iglesia ha visto, pues, en el texto de Zacarías es el anuncio profético de lo que sucedería con María, descrito en el texto evangélico de esta fiesta. María ha de tener esa fuerza de atracción por haber sido habitada por Dios.
María es el medio elegido por Dios para hacerse presente en la historia humana en la persona de su Hijo. Por eso mirar a María es descubrir a Dios con nosotros. María es el símbolo de que la alegría de la persona humana ha de fundarse en sentirse llena de Dios, “llena de gracia”.
Ese es el fundamento de la piedad mariana. Y de un modo especial del Rosario. El Rosario es rezo a María mientras recorremos la vida de ella y de quien de ella nació, Jesús de Nazaret. El rezo del Rosario ha sido a lo largo de la historia un signo de identidad cristiana. Muchas comunidades que, a causa de la persecución hasta la muerte, han mantenido su fe y su sentido de Iglesia en torno al rezo del Rosario.
La fiesta de Nuestra Señora del Rosario, es la fiesta de una devoción, la devoción mariana más extendida y también de más contenido evangélico. El éxito, el fruto y el criterio de nuestra espiritualidad mariana es que nos lleva a Jesús. El Rosario, que implica mientras rezamos a María repasar los misterios de Jesús, su propia historia, es la expresión más perfecta y sincera de la auténtica espiritualidad mariana y cristiana.
Fuente nocetnam: Fray Juan José de León Lastra
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