Cuantas veces nos hemos sentido llamados por Jesús, hemos querido ir un poco más allá en nuestro compromiso con Él y al instante hemos puesto mil impedimentos de todo tipo, nos hemos autoconvencido a nosotros mismos de que no puedo: es que mi trabajo… Es que mi familia… Es que no tengo tiempo… Es que… es que… Hay una frase clave en este pasaje que a mí me ha hecho meditar muchas veces: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios” Si queremos ser “vivos”, si queremos que el Espíritu actúe en nosotros, si queremos ser cooperadores de la misión evangelizadora, tenemos que pensar y actuar como hombres nuevos, ser verdaderos bautizados, resucitados por el Espíritu Santo y abandonar los viejos pensamientos que solo conducen a la muerte del alma.
En este empeño en seguir a Cristo aparecerán dificultades, incomodidades, renuncias ¡hasta las zorras viven mejor, tienen madrigueras! Pero Dios no abandona nunca. Vivamos con gozo nuestro encuentro con Cristo y no tengamos miedo a mirar al horizonte. Tenemos que soltar lastre y volar ligeros en las manos de Dios.
(Fuente nocetnam: Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro)
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