Al leer este Evangelio, a simple vista nos podría parecer que Jesús rechaza a su madre y a sus hermanos, es decir, a sus parientes, pero si profundizamos más nos daremos cuenta de que es todo lo contrario, más bien es una alabanza a su madre, pues anteriormente Lucas nos apuntaba que María guardaba y meditaba la Palabra en su corazón. Así que, María más bien es modelo y un referente para nosotros, pues ella es la que escucha y pone por obra la Palabra de Dios: “He aquí la esclava del Señor”. María está totalmente abierta a la Palabra con una total fidelidad a ella, que no es otra cosa que aceptar y hacer la voluntad de Dios.
Jesús quiere dejar muy claro que su verdadera familia son los que acogen el Reino de Dios, los vínculos de la sangre ya no cuentan, sino que son los vínculos de la fe los que nos hacen estar en comunión con Jesucristo y con Dios. Para estar en comunión con Jesús y entrar en el proyecto de Dios hacen falta dos cosas: la primera escuchar la Palabra, es decir, abrirse a la gracia y la segunda cumplir esa Palabra haciéndola parte de nuestra existencia, mostrando nuestras buenas obras.
¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen! Señor, que siempre haga lo que Tú quieres y quiera lo que Tú haces.
(Fuente nocetnam: Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
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