Hoy, de nuevo nos maravillamos del ingenio y sabiduría de Cristo. Él, con su magistral respuesta, señala directamente la justa autonomía de las realidades terrenas: «Lo del César, devolvédselo al César» (Mc 12,17).
Pero la Palabra de hoy es algo
más que saber salir de un apuro; es una cuestión que tiene actualidad en todos
los momentos de nuestra vida: ¿qué le estoy dando a Dios?; ¿es realmente lo más
importante en mi vida? ¿Dónde he puesto el corazón? Porque... «donde esté
vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Lc 12,34).
En efecto, según san Jerónimo,
«tenéis que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen;
pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está
en nosotros su imagen y no la del César». A lo largo de su vida, Jesucristo
plantea constantemente la cuestión de la elección. Somos nosotros los que
estamos llamados a elegir, y las opciones son claras: vivir desde los valores
de este mundo, o vivir desde los valores del Evangelio.
Siempre es tiempo de elección,
tiempo de conversión, tiempo para volver a “resituar” nuestra vida en la
dinámica de Dios. Será la oración, y especialmente la realizada con la Palabra
de Dios, la que nos vaya descubriendo lo que Dios quiere de nosotros. El que
sabe elegir a Dios se convierte en morada de Dios, pues «si alguno me ama,
guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en
él» (Jn 14,23). Es la oración la que se convierte en la auténtica escuela
donde, como afirma Tertuliano, «Cristo nos va enseñando cuál era el designio
del Padre que Él realizaba en el mundo, y cual la conducta del hombre para que
sea conforme a este mismo designio». ¡Sepamos, por tanto, elegir lo que nos
conviene!
Fuente: Rev. D. Manuel SÁNCHEZ
Sánchez, (Sevilla, España)
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