Es emocionante leer la página del Evangelio. En ella vemos a Jesús motivando a sus apóstoles. Explicándoles la grandeza de la misión. Dándoles a conocer la tarea a la que han sido llamados. Metámonos en la escena. Pongámonos espiritualmente al lado de alguno de los discípulos, tal vez junto a Pedro o a Juan. ¿Qué sentirían esos hombres, que eran gente sencilla, cuando escuchaban de labios del Maestro que su vocación era la de ser sal de la tierra y luz del mundo? Ahora apliquémonos ese mensaje a nosotros. Nuestro cometido como cristianos es también grande y apasionante. Por nuestro bautismo compartimos la misión de los apóstoles a ser testigos de Cristo. Esto debe significar, por un lado, dejar que la verdad del Evangelio impregne nuestro modo de ver, pensar y actuar; y por otra parte, no tener miedo de anunciar a Cristo a las personas de nuestro trabajo, escuela o ambiente. Pero sólo podemos ser testigos de Cristo si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo. ¡Él es el agente de la evangelización! ¿Estamos convencidos de que lo más grande que podemos hacer con nuestras vidas es compartir con los demás el tesoro precioso de la fe?
Fuente nocetnam
No hay comentarios:
Publicar un comentario