Nuestra vida es una continua búsqueda, y muchas veces nos encontramos junto a un sepulcro (problema o situación que para nosotros no tiene solución y nos causa un gran dolor, una gran pérdida). Anhelamos muchas cosas, pero nos topamos con la muerte, con la fría y desnuda roca. Todos somos Magdalena, que seguimos a Jesús hasta el sepulcro; allí llevamos todo lo que somos y todo lo que late en nuestro interior. Pero Cristo no está entre los muertos, nuestra vida no es una vida muertos, sino de plenitud. En la debilidad más terrible es donde Dios se hace presente y viene a resucitarnos, a llamarnos por nuestro nombre, “María”, para que sintamos su cercanía para con nosotros en nuestro sufrir y en nuestras alegrías.
(Fuente nocetnam: Monasterio Sta. María la Real - MM. Dominicas Bormujos ,Sevilla)
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