“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre el rostro de mi Padre celestial”
Al celebrar hoy la fiesta de nuestros ángeles custodios, el evangelio tiene una alusión directa que Cristo hace a los mismos.
Nuestra sociedad clama hoy tantos niños que no llegan a nacer porque, corazones crueles, los matan antes de ver la luz. Cuántos niños, en este mismo momento, están siendo abortados por quienes deberían acogerlos en su regazo y amamantarlos a sus pechos; pensemos que muchas de esas madres son o se llaman cristianas, no obstante cierran sus oídos a la voz de Cristo.
Cuando todos queremos ser más, cuando buscamos nuestra comodidad y los hijos son un estorbo. Cristo, nos dice el evangelio, cogió a un niño y lo puso en medio de todos recordándonos, que los que no son como los niños en sencillez e inocencia, no entrarán en el reino de los cielos. «El que se hace como un niño, ese es el mayor en el reino de los cielos», añadiendo: «el que acoge a un niño como este, me acoge a mí».
Quien rechaza la vida del no nacido está rechazando a Cristo. ¿Puede haber mayor desprecio que desprenderse de un niño que está en el seno materno y tirar el feto a la basura?
Sus ángeles, dice Jesús, están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial.
Oremos por tantos niños que hoy serán privados del derecho de nacer y por tantas madres cuya misión es dar luz y vida a sus hijos y por su egoísmo, los envían a las tinieblas de la muerte.
Sus ángeles, que están en la presencia de Dios, sin duda, clamarán por sus vidas.
También a nosotros nos acompaña nuestro ángel de la guarda y cuida en los peligros, no nos olvidemos de este fiel amigo. Acudamos a él en los peligros.
(Fuente nocetnam: Hna. María Pilar Garrúes.)
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